Gonzalo Gómez de Espinosa sobre un grabado de su nao Trinidad

El olvidado marino burgalés que demostró que la Tierra es esférica

Mientras Elcano emprendía la ruta occidental que culminaría la vuelta al mundo, Gonzalo Gómez de Espinosa tomó la decisión más arriesgada: intentar el tornaviaje por el Pacífico, confirmando que los océanos eran un sistema continuo

Nacido entre 1479 y 1485 en Espinosa de los Monteros (Burgos), Gonzalo Gómez de Espinosa creció en una tierra de tradición militar y fronteriza que forjó generaciones de hombres de armas. Desde ese enclave de las Merindades partiría uno de los protagonistas decisivos de la mayor hazaña náutica de la historia: la primera circunnavegación del planeta.

Designado por real cédula en 1519 como alguacil mayor de la armada de Magallanes, Espinosa fue responsable del reclutamiento de marineros y de mantener la disciplina en una expedición marcada por tensiones internas, motines y pérdidas humanas. Su papel fue clave desde el inicio, pero alcanzó una dimensión histórica tras la muerte de Fernando de Magallanes en Mactán en 1521.

Tras el asesinato de Magallanes y la posterior traición en Cebú que acabó con Duarte Barbosa, la flota eligió a Gómez de Espinosa como capitán general de la expedición y comandante de la nao Trinidad, la nave capitana. Su liderazgo fue reconocido por los propios supervivientes, que confiaron en él en el momento más crítico del viaje.

Mientras Juan Sebastián Elcano emprendía la ruta occidental que culminaría la vuelta al mundo, Espinosa tomó la decisión más arriesgada: intentar el tornaviaje por el Pacífico, navegando hacia el este para regresar a América. Aquella tentativa, inédita y extremadamente peligrosa, buscaba demostrar que el océano podía cruzarse en ambos sentidos.

El sello conmemorativo que recrea a Gómez de Espinosa junto a un mapa del Pacífico y las Molucas

Durante siete meses de navegación extrema, la Trinidad avanzó por un Pacífico desconocido, enfrentándose a tormentas, escorbuto y averías. La nao tuvo que regresar a Tidore, donde Espinosa y su tripulación fueron capturados por los portugueses. Pasó cuatro años preso, trasladado por India y Lisboa, hasta ser liberado y regresar finalmente a Sevilla.

Aunque Elcano completó la circunnavegación, la aportación de Gómez de Espinosa fue igualmente decisiva ya que sostuvo la expedición cuando estaba al borde del colapso, evitando su desaparición tras la muerte de Magallanes.

De Espinosa demostró, además, la esfericidad del planeta al intentar el tornaviaje por el Pacífico, una prueba complementaria a la ruta occidental de Elcano y aseguró la alianza con los líderes de las Molucas, consolidando el objetivo político y comercial de la expedición.

Su origen burgalés no es un detalle menor ya que desde Espinosa de los Monteros, un enclave histórico de Castilla y León, partió uno de los hombres que permitió que la humanidad confirmara, por primera vez, que la Tierra podía rodearse y que los océanos eran un sistema continuo.

Tras su liberación, Carlos I reconoció sus méritos y lo integró en la Casa de Contratación de Sevilla como visitador de naos, cargo que ejerció hasta 1544. Allí vivió sus últimos años, lejos de su Espinosa natal pero con el peso de una gesta que la historia tardó siglos en reivindicar.

Hoy, investigaciones, publicaciones y actos conmemorativos están devolviendo a Gómez de Espinosa el lugar que merece, el de último capitán general de la expedición más trascendental de la historia de la navegación.