Una fotografía del aerogenio publicada por El Heraldo de Madrid en 1935
Hallan documentos del aerogenio, el prototipo de avión español que podía despegar en vertical en los años 30
El Ayuntamiento de Villoria, en Salamanca, ha encontrado cartas, recibos de pago y solicitudes de patentes efectuadas por Fernando Gallego, el inventor que también ideó un túnel para travesar el Estrecho de Gibraltar
El Ayuntamiento de Villoria, en la provincia de Salamanca, ha encontrado documentación sobre el aerogenio, un prototipo de avión que podía despegar y aterrizar en vertical y que ideó en la década de los años 30 del siglo XX el ingeniero y aviador Fernando Gallego Herrera (1901-1973), natural de este pueblo de poco más de 1.200 habitantes.
El Consistorio acaba de comprar la casa de este olvidado pero prodigioso inventor al que, entre otras cosas, se le atribuye la autoría de infraestructuras como el diseño de un túnel submarino para atravesar el Estrecho de Gibraltar o los primeros puertos flotantes que posteriormente serían replicados para efectuar el Desembarco de Normandía durante la II Guerra Mundial.
En una publicación en Facebook, el Ayuntamiento de esta localidad salmantina ha anunciado el hallazgo de «un fajo de documentos envueltos en unas hojas de periódico» que constituye un auténtico tesoro histórico. Y es que, entre los mismos se encuentran documentos sobre el aerogenio, tales como cartas, telegramas a diferentes entidades gubernamentales, periódicos o pilotos para invitarles a ser testigos de la primera prueba de vuelo de su prototipo.
Documentación sobre el aerogenio hallada en la casa de Fernando Gallego, en Villoria
También recibos de pago y diversa documentación solicitando las patentes de su invento en Francia, Italia, Alemania y Estados Unidos, que se suman a presupuestos, facturas o pedidos de los materiales, como aceites, gasolina para aviones o motores para su prototipo de avión. Desde el Consistorio han compartido imágenes de esta «valiosa» documentación con sus vecinos, a quienes citan como los que primero debían conocerla, aunque en unos días, avanzan, acudirá personal de la Universidad de Salamanca para ser estudiada y revisada.
A base de aire comprimido
Un trabajo que servirá para conocer más a este ingenio patrio y su legado, del que destaca esa aeronave adelantada a su tiempo y que no pudo ser desarrollada por un cúmulo de vicisitudes. La primera idea de un avión que pudiera despegar y aterrizar en vertical fue patentada por el archiconocido inventor austriaco Nikola Tesla en 1928. Sin embargo, a diferencia de Gallego, nunca llegó a fabricar un prototipo.
El ingeniero salmantino patentó solo cuatro años más tarde, en 1932, su aerogenio ante la Oficina de la Propiedad Industrial de España. El invento utilizaba aire comprimido para despegar y aterrizar y su intención es que su avión volase por la estratosfera. Ese mismo año comenzó a construirla en su taller en su localidad natal, donde levantó un hangar para la misma. Apenas tardó medio año en fabricar su aparato, que patentó en Francia y en Inglaterra en 1933.
Como apuntaba el propio creador, con el aerogenio se podría volar de Salamanca a Madrid en apenas 10 minutos y de Madrid a Nueva York en entre cuatro y seis horas. El invento, construido con hierro, lonas y madera, podía, asimismo, transportar bombas o suministros y su motor, de 800 kilos de peso, diez cilindros y 100 caballos de potencia, tenía un coste de fabricación de 25.000 pesetas.
Foto del segundo prototipo del aerogenio, de Fernando Gallego
La presentación en sociedad del invento se iba a producir el 4 de mayo de 1933, pero, como informaba El Heraldo de Madrid, «la demostración del aerogenio anunciada en la prensa para mayo de 1933 en Villoria no tuvo lugar porque la Dirección General de Aeronáutica Civil no lo permitió al considerarlo peligroso para las multitudes que iban a congregarse allí».
A los pocos meses, en octubre, haría una pequeña demostración de lo que podía ofrecer el aerogenio, con un militar y la madre del inventor como pasajeros, pero, aunque el avión se logró elevar, una avería en la cubierta de la rueda del timón hizo que tuviese que paralizarse la prueba. En mayo del año siguiente, un incendio en la localidad destruyó el invento, pero Gallego no se daría por vencido y a finales de 1935 presentaba un segundo prototipo.
«Un sistema totalmente distinto»
De acuerdo con el mencionado periódico de la época, el aparato, «una vez vencidas ciertas dificultades del equilibrio y corregidos bastantes detalles, ha conseguido la realización del despegue vertical», consiguiendo, así, «un sistema totalmente distinto de los conocidos aeroplanos, o helicópteros, tan original que, propiamente hablando, carece de planos, hélice, timones y cola».
Uno de los documentos de Fernando Gallego encontrados en su casa de Villoria, en Salamanca
«La propulsión, tanto horizontal como vertical, se basa en la obtención de esfuerzos provocados por fenómenos de encorvamiento y circulación de láminas aéreas, principios científicos descubiertos y estudiados por su autor. Ocupa una superficie de unos 60 metros cuadrados y va equipado con un motor Pob-Joy de 85 caballos, que trabaja a 3.500 revoluciones por minuto», señalaba El Heraldo de Madrid sobre este segundo, pero no último, prototipo.
Y es que, en la década de 1940 probó con un tercero, realizando pruebas en su finca de Logroño, Villa Humildad. En 1949 informaba a la prensa de que había conseguido elevar el avión con un motor de solo 80 caballos y sin pasar de las 2.000 revoluciones por minuto, de acuerdo con el libro Fernando Gallego Herrera: vida, obra y mundo, publicado por la Diputación de Salamanca.
Imagen del inventor salmantino Fernando Gallego
Durante su carrera profesional, llegó a ostentar varios cargos, principalmente en la Dirección de Obras Hidráulicas, durante la II República, que en junio de 1936 le concedió un permiso para ausentarse de su puesto de trabajo para realizar investigaciones científicas. Con la llegada de la Guerra Civil, llegó su declive laboral. En septiembre del 36 el Consejo de Ministros republicano decidió despedir a Fernando Gallego y a otros ingenieros por no encontrarse en zona leal a la República y, tras la victoria del bando nacional, su situación no mejoró.
En 1940 le acusaron de distintos hechos, como haber pertenecido al partido Izquierda Republicana un lustro atrás o haber pagado en su pueblo a una banda de música para que interpretase La Internacional. Así, un año después sería despedido del Cuerpo de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos, que no lo readmitiría hasta 1971, solo dos años antes de morir.