‘El Mariquelo’ asciende a las Catedral Nueva de Salamanca

‘El Mariquelo’ asciende a la Catedral Nueva de SalamancaDavid Arranz / ICAL

La tradición que desafió al terremoto de Lisboa desde la torre de la Catedral de Salamanca

El sismo que sufrió la capital portuguesa en 1755 hizo sonar las campanas por el temblor; hoy, cada víspera de Todos los Santos, El Mariquelo sube a la torre en una acción de gracias

Ángel Rufino de Haro, conocido en toda Salamanca como El Mariquelo, es mucho más que el protagonista de una tradición pintoresca. Es el guardián de un rito que nació del miedo, se sostuvo en la fe y hoy se mantiene gracias a su empeño personal por conservar la identidad salmantina.

Su figura, siempre vestida de charro y acompañada de gaita y tamboril, se ha convertido en un símbolo cultural que cada año recuerda a la ciudad una historia con origen en 1755.

La tradición que él encarna tiene su origen en el terremoto de Lisboa, cuyo impacto llegó hasta Salamanca. La torre de la Catedral Nueva se inclinó, la cúpula sufrió daños y se dice que, incluso, las campanas llegaron a sonar solas por el temblor. Aunque no hubo víctimas, el Cabildo decidió que cada víspera de Todos los Santos alguien debía subir a la torre para comprobar su estado y tocar las campanas en acción de gracias.

‘El Mariquelo’ se dirige a los salmantinos desde el reloj de la Catedral de Salamanca

‘El Mariquelo’ se dirige a los salmantinos desde el reloj de la CatedralDavid Arranz / ICAL

Durante generaciones, esa responsabilidad recayó en una familia que vivía dentro de la propia catedral: Los Mariquelos. El último de ellos cumplió el rito en 1976, y después la tradición quedó en silencio.

La recuperación de la tradición

En 1985, Ángel Rufino de Haro decidió recuperarla. Nacido en Linares de Riofrío, folclorista y tamborilero, entendió que aquel gesto no podía desaparecer. Subió los más de doscientos escalones de la torre, alcanzó los más de cien metros de altura y tocó la charrada que hoy es inseparable de su figura.

Desde entonces, cada 31 de octubre asciende de nuevo, año tras año, para recordar el origen del rito, pedir por la paz, dedicar el gesto a una asociación cada año y mantener viva una tradición que ya forma parte del alma salmantina.

En ese día, primero comienza a caballo desde el Puente Romano por las calles del centro hasta la catedral, sube hasta la zona del campanario (a la campana llamada María de la O), interpreta una charrada con gaita y tamboril, emite un mensaje solidario y suelta una paloma por la paz.

‘El Mariquelo’ junto a una de las campanas de la Catedral Nueva de Salamanca

‘El Mariquelo’ junto a una de las campanas de la Catedral Nueva de SalamancaDavid Arranz / ICAL

Pero su labor no se limita a la subida, aunque ésta sea su gesto más conocido. El Mariquelo es uno de los grandes embajadores del folclore charro: ha llevado la música tradicional por medio mundo, ha formado a nuevas generaciones de tamborileros y ha defendido siempre la importancia de conservar las raíces culturales.

Su inseparable yegua, su traje de charro y su frase («Siempre con nivel y de límite, el cielo») han construido una imagen que ya pertenece al imaginario colectivo de Salamanca porque combina el orgullo por la cultura charra, el esfuerzo de la escalada y la motivación del folclorista por la superación y el agradecimiento.

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