Una de las claves de aquel crecimiento fue la demanda de vino procedente de Francia, afectada por la crisis de la filoxera en sus viñedos. La necesidad de abastecerse de producción exterior favoreció las ventas de vino de otros territorios, entre ellos Dueñas. En las casas cueva residían, principalmente, los trabajadores que vivían de las labores agrícolas. «Los que habitaban esas casas eran gente, jornaleros, gente humilde, que no tenía medios económicos», señala Rincón. La Asociación ha consultado antiguas escrituras para reconstruir parte de esa realidad y ha encontrado documentos en los que los propietarios aparecían como dueños de las cuevas, pero ya no tenían tierras. Una circunstancia que, a su juicio, ayuda a comprender el perfil de quienes ocupaban estas viviendas.