La estudiante francesa Marilou Vioix, en una entrevista en el podcast FATECLUB
Cataluña
Marilou, la joven que sufrió 'bullying' en la Universidad de Vic y a la que nadie hizo caso
«Ni mis padres, ni los testigos, ni yo fuimos escuchados. Y no se admitió ninguna prueba», lamenta
Marilou se graduó hace unos días como fisioterapeuta en la Universidad de Vic. Ella quería aprovechar la ceremonia de graduación para explicar el calvario que había vivido durante esos años de estudio, con agresiones y acoso por parte de algunos compañeros. El centro se negó y ella quiso protestar quitándose su estola de graduada. También repartió octavillas entre los asistentes explicando por todo lo que había tenido que pasar.
Su calvario empezó a las pocas semanas del inicio del curso escolar. A finales de octubre de 2021 sufrió un traumatismo craneoencefálico, por el que perdió la consciencia, después de la agresión de un compañero. Y solo un par de meses después, recibió un puñetazo que le propinó otro estudiante de su promoción. Esta vez el resultado fue un traumatismo facial.
En 2021 puso una denuncia que dio origen a un procedimiento judicial. Se fijó una fecha para juicio, que terminó siendo, asegura Marilou, una simple «mediación», como si se tratara de una «pelea entre niños». «Ni mis padres, ni los testigos, ni yo fuimos escuchados. Y no se admitió ninguna prueba», lamenta.
Desde entonces no se repitieron las agresiones físicas, bajó «la intensidad» de estas acciones, en palabras de Carmen Cabestany, presidenta de NACE (No al Acoso Escolar), asociación que ha acompañado a la joven en este proceso. A esas agresiones le han seguido mensajes:«Si vemos a Marilou, le vamos a hacer lo peor»; «Mira, aquí tienes su número, es gratis, llámala»; «El primero que se acueste con Marilou, gana».
Y a eso hay que añadir grabaciones estando ella haciendo prácticas en ropa interior (no hay que perder de vista que es fisioterapeuta); o que sus compañeros se sentaran detrás en el aula y se empezaran a reír de ella, amenazarla de muerte, hacer comentarios vejatorios o que «ladraran a su paso».
Mala praxis
Pero a Marilou también le duele la inacción de la universidad. Sí hubo al principio algo más de interés, un acompañamiento e incluso un alejamiento «transitorio» de los estudiantes acosadores, pero volvieron al poco tiempo a su grupo. Cabestany asegura que hubo conversaciones entre la policía, agentes de los Mossos de Esquadra de Vic y miembros de la universidad.
Conversaciones, precisa que la joven no entendió bien, porque «no domina el catalán. Ella habla español». Y al final, continúa, «se le da algo para firmar que, ella con 18 años, firma confiando en que eso es lo que hay que hacer». Pero eso, asegura Cabestany, no es lo que tenía que haber hecho porque impidió que «el asunto judicial llegase más adelante».
La presidenta de NACE también ha asegurado que se presentó una queja formal ante los Mossos por mala praxis. De hecho, mantuvo una conversación telefónica con el responsable de la policía autonómica de Vic para afearle que a los presuntos acosadores se les interrogase en una sala acristalada y en grupo, y no de uno en uno.
Pero, además, precisa, el resto de estudiantes podía ver lo que estaba allí pasando y «eso hizo que Marilou estuviera en el punto de mira porque, como en la cárcel, no hay nada peor que ser un chivato. Hubo mala praxis y hubo por eso una queja».
Diploma a los acosadores
Y Cabestany también pone el acento en otra cuestión: a los supuestos acosadores «se les ha dado un diploma para asistir a personas, porque son fisioterapeutas. Pero se les ha oído decir cosas contra personas discapacitadas». Y se ha preguntado «qué tipo de asistencia puede prestar alguien que tiene esta moral». Pero es que, además, se trataba de estudiantes que «faltaban a menudo a clases y también hay dudas sobre su competencia lingüística en español, que era la lengua en la que tenían que seguir estos estudios», precisa la presidenta de NACE.
«Hay muchas incógnitas», remacha Cabestany quien también desliza que estos estudiantes vienen de familias «pudientes» y que la madre de uno de ellos es abogada, lo que podría haber facilitado y allanado el camino a estos jóvenes y que hayan salido airosos de la situación.
Marilou recuerda que «durante cuatro largos años, continué mis estudios en un entorno irrespirable. Una lucha diaria: física, moral, administrativa y mediática». Pero Carmen Cabestany destaca de ella que es una auténtica «luchadora», además de una estudiante brillante. Y la joven, a su vez, agradece a Carmen, a la asociación y sus padres porque «me salvaron la vida y lucharon a mi lado».
Agradecimiento que hace extensivo a «otros profesionales que reconocieron los hechos y me ofrecieron su apoyo. Y, sobre todo, gracias a mis amigos y compañeros, que testificaron, se movilizaron, me apoyaron y que serán, sin duda, grandes profesionales de la salud».