Así quedará la prisión que se está construyendo en la Zona Franca cuando esté acabada el próximo año
Cataluña
¿Prisión o residencia universitaria? El gobierno catalán construirá una cárcel sin rejas ni muros
Se trata de un centro en régimen abierto que se inaugurará el próximo año en la Zona Franca
El próximo año se inaugurará en la Zona Franca de Barcelona acogerá un nuevo centro penitenciario que promete revolucionar el concepto de prisión en Cataluña. Este equipamiento, diseñado como un centro de régimen abierto, no solo marcará el cierre de las históricas prisiones de Trinitat Vella y Wad-Ras, sino que también apostará por un modelo innovador centrado en la reinserción social, prescindiendo de muros, rejas y concertinas.
Con una inversión de unos 40 millones de euros, este proyecto refleja la apuesta de la Generalitat por un sistema penitenciario más «humano y efectivo», aseguran desde el Govern. El nuevo centro, con una superficie de 13.000 metros cuadrados, tendrá capacidad para 800 internos en tercer grado, aquellos que solo acuden a dormir tras cumplir con sus responsabilidades laborales, educativas o familiares durante el día.
Sus instalaciones, distribuidas en dos módulos simétricos e independientes, incluirán 200 habitaciones con vistas a patios interiores, comedores, salas de formación con ordenadores, biblioteca, gimnasio y espacios para actividades recreativas. La ausencia de elementos de seguridad tradicionales, como rejas en las ventanas o alambradas, busca crear un ambiente «normalizador» que facilite la transición de los internos hacia la vida en libertad.
Este diseño residencial, que podría confundirse con el de una universidad o una residencia moderna, responde a una filosofía clara: la reinserción es más efectiva cuando los internos mantienen un contacto progresivo con la sociedad. Es lo que defiende la consejería de Justicia, que asegura que solo un 10% de los presos que pasan por un régimen abierto reinciden, en contraste con el 34% de quienes salen directamente de un régimen cerrado.
La ex consejera Gemma Ubasart aseguró que el centro es «una maquinaria de generación de segundas oportunidades», subrayando su papel en la reducción de la reincidencia y la mejora de la salud mental de los internos.
En cualquier caso, este proyecto no solo transformará el sistema penitenciario, sino que también tendrá un impacto urbanístico en Barcelona. La apertura del centro permitirá el cierre definitivo de Trinitat Vella, liberando terreno en el distrito de Sant Andreu para la construcción de 221 viviendas protegidas a partir de 2027.
Además, está previsto que en 2026 comience la construcción de una nueva prisión de mujeres en la Zona Franca, que reemplazará a Wad-Ras en 2029, completando así el proceso de desmantelamiento de las cárceles históricas en el núcleo urbano de la ciudad.
Sin embargo, también se ha cuestionado el equipamiento. Hay quienes critican que las instalaciones, con comodidades como gimnasio y biblioteca, se asemejen más a un «hotel de cinco estrellas» que a una prisión, especialmente en un contexto donde se percibe escasez de recursos para servicios como hospitales de día o residencias para mayores.
Pero la administración defiende que la inversión en este modelo penitenciario no solo beneficia a los internos, sino también a la sociedad en su conjunto, al reducir la reincidencia y fomentar la reintegración.