Los cinco miembros de la expedición, en 1962
Historia
Así fue la campaña de marketing definitiva: 20.000 kilómetros en moto para demostrar que eran indestructibles
Los Cinco Magníficos cruzaron África en una expedición inolvidable que volvió inmortal a la Montesa Impala
El nombre de Montesa Impala es símbolo de una moto mítica, un icono de estilo y funcionalidad. Este nombre representa la nostalgia de la calidad, pero no todo fue un camino de rosas.
A finales de la década de 1950, la marca fundada por Pere Permanyer Puigjaner y Francisco Javier «Paco» Bultó Marqués, sufrió la pérdida de este último, al dejar la firma y crear Bultaco. Montesa y Permanyer necesitaban un revulsivo técnico y comercial de inmediato, de lo contrario la empresa tendría que cerrar.
El ingeniero Leopoldo Milá Sagnier, tío de Mercedes Milá, recibió el encargo de diseñar una moto total. Es decir, que fuera fiable, económica y estéticamente impecable. El resultado fue un motor monobloque de 175cc, con un cilindro de formas cuadradas que prometía una robustez inaudita y un sillín en forma de guitarra.
De esta manera nació la Impala. Ahora bien, debían convencer al mercado de la época y venderles la idea de una moto indestructible. Y es aquí donde aparece el nombre del empresario, aventurero y promotor cultural Oriol Regàs. Su abuelo era el restaurador Miquel Regàs -de Can Culleretes- y sus hermanos, la escritora Rosa y su hermano decorador Xavier.
Regàs era amigo de Permanyer y decidió ayudarlo. Tenían que vender la moto, e idearon una campaña de marketing sin precedentes. A Regàs no se le ocurrió otra cosa que enviar varias de estas motos al sur de África. El reto era viajar desde allí a Barcelona, para demostrar que eran motos indestructibles. Así nació la Operación Impala.
Una Montesa Impala, en una imagen de archivo
La idea podía parecer descabellada, pero era eso o cerrar la fábrica. Regás organizó una expedición que se puede clasificar de épica. No era la primera. Tres años antes participó en la travesía del Junco Rubia al lado de José María Tey.
El equipo se hizo llamar «Los Cinco Magníficos» y lo formaban Oriol Regàs, Juan «Tey» Elizalde Bertrand, Rafael Marsans Rocamora, Enrique Vernis Zendrera y Manuel Maristany Sabater. Elizalde era un reconocido piloto de motos. Marsans también, además de director del departamento deportivo de Montesa. Vernis era otro experto piloto. Maristany era escritor, fotógrafo y camarógrafo.
Operación Impala
La Operación Impala comenzó el 15 de enero de 1962 en Ciudad del Cabo. Por delante tenían 20.000 kilómetros de un continente que, en aquella época, carecía de infraestructuras básicas en gran parte de su territorio.
Aquel día salieron tres unidades de preserie bautizadas como Lucharniega, La Perla y Baobab. Las acompañaban un Land Rover de apoyo llamado Kiboko, «hipopótamo» en suajili. Pasaron por Johannesburgo, Petroria, Zimbabue, Zambia, Tanzania, Kenia, Etiopía, el desierto de Nubia, Asuán, El Cairo, Libia y Túnez.
Desde allí tomaron un barco rumbo a Marsella y, desde allí bajaron por carretera hasta Barcelona, donde fueron recibidos como héroes en la sede de Montesa, en la Avenida de Cornellá número 140 de Esplugues de Llobregat, el 26 de abril de 1962. Esta nueva sede se acababa de inaugurar. La expedición salió de la antigua sede, en la calle Pamplona número 89 de Barcelona.
Los obstáculos no fueron solo geográficos. El desierto de Nubia era un tramo infernal de arena fina y temperaturas extremas, que puso a prueba el sistema de refrigeración por aire de los motores. Los cruces de ríos sin puentes y pistas de barro les obligó a cargar la moto a hombros en ciertos tramos. Otro reto era el paso por fronteras recién creadas en una África en pleno proceso de descolonización, donde la diplomacia de Regàs fue tan vital como la mecánica de las motos.
Lo sorprendente de la Operación Impala no fue que llegaran a Barcelona, sino de que manera lo hicieron. A pesar de las caídas, las tormentas de arena y el combustible de baja calidad que encontraron, los motores de 175cc no sufrieron ninguna rotura crítica. La moto demostró una agilidad asombrosa, inspirada en el antílope africano que acabó dando nombre al modelo.
La configuración del motor de Milá, con su característico cambio de marchas integrado y su depósito de formas suaves, se reveló como una obra maestra de la ergonomía. Este no fue el único diseño de Milá. En 1968 diseñó la Montesa Cota 247, en 1966 la Montesa Texas 175, en 1969 la Montesa Mini-Montesa.
Prueba de la victoria
Las tres motos fueron expuestas en la sede de la calle Pamplona, sin lavar, cubiertas de arena del Sahara y el barro del Congo, como prueba irrefutable de su victoria. El impacto en las ventas fue inmediato. La Montesa Impala se convirtió en un éxito de masas, ganando el premio Delta de Oro de diseño industrial en 1962.
Los cinco miembros de la expedición, en 1962
Se vendieron decenas de miles de unidades en sus diferentes versiones, convirtiéndose en la moto preferida de una generación que buscaba libertad y fiabilidad Las versiones eran Turismo, Sport, Comando y Texas. La moto costaba 23.800 pesetas. Teniendo en cuenta que el salario de un obrero cualificado rondaba las 3.000 a 4.500 pesetas, no era barata. Más económica era la Vespa, que costaba unas 16.000 pesetas. Si actualizamos el precio una Impala costaba entre 5.500 y 6.000 euros.
La historia quedó inmortalizada en un libro, Operación Impala. 20.000 Km en motocicleta a través de África, escrito por Manuel Maristany. Como escribió «no fuimos a buscar el éxito, fuimos a buscar la verdad de una máquina».
Las tres motos forman parte de la Colección Permanyer, que está depositada de forma permanente en el Museu Nacional de la Ciència i la Tècnica de Catalunya (mNACTEC) en Terrassa. Lucharniega, La Perla y Baobab conservan las soldaduras de emergencia, los soportes de los equipajes que fabricaron a mano y las abolladuras de las caídas en el desierto o el barro de Kenia.