Cerdos en una granja
Cataluña
Dos meses de peste porcina africana: el sector aguanta la respiración mientras los ganaderos asumen las pérdidas
Si el virus saliera de la zona de exclusión, el impacto podría ser devastador para un sector que exporta carne de porcino por valor de más de 4.260 millones de euros
Dos meses después de que se confirmaran los primeros casos de peste porcina africana en jabalíes encontrados muertos en la sierra de Collserola, el sector porcino catalán sigue instalado en la incertidumbre. Lo cierto es que el brote ha alterado el funcionamiento de toda la cadena productiva y ha puesto a los ganaderos en primera línea de una crisis que todavía no tiene un origen claro ni una fecha de salida definida.
A día de hoy, la pregunta sobre qué provocó el brote sigue sin respuesta. Desde hipótesis accidentales, como la conocida «teoría del bocadillo», hasta especulaciones sobre una posible contaminación por carne infectada o teorías vinculadas a laboratorios, ninguna explicación ha sido confirmada científicamente. La Generalitat prometía celeridad. Pero lo cierto es que aún no se sabe nada, o muy poco. Mientras tanto, el sector vive pendiente de los controles sanitarios y de que no aparezcan nuevos positivos fuera de la zona de exclusión.
Pero para los ganaderos, el impacto no es teórico, porque es económico y diario. La consecuencia más inmediata ha sido la caída del precio del cerdo, que se ha reducido en torno a 30 céntimos por kilo para mantener la competitividad en los mercados internacionales abiertos tras la pérdida de parte de las exportaciones.
La mayoría de países ha aceptado el sistema de regionalización, que limita las restricciones a la zona afectada. Sin embargo, dos mercados clave, Japón y Filipinas, han cerrado completamente sus importaciones de porcino español, un golpe que el sector considera decisivo. La recuperación de estos destinos se ha convertido en el principal objetivo.
«Estamos por debajo de costes y la pérdida de estos 30 céntimos por kilo recae directamente sobre los productores», explica Rosend Saltiveri, ganadero de Ivars d’Urgell (Lérida) y responsable del sector porcino del sindicato agrario Unió de Pagesos. «Lo que sí se ha conseguido bajando el precio es que no se quedaran animales bloqueados en las granjas. Ahora mismo, al menos, se está operando con los pesos al día en el circuito comercial».
La preocupación del sector también mira hacia la política exterior. Granjas de puntos muy alejados del foco inicial, como Vic, Ivars d’Urgell o Bellcaire d’Empordà, dependen ahora del trabajo diplomático del Gobierno. Los ministros de Exteriores, José Manuel Albares, y de Agricultura, Luis Planas, mantienen contactos para intentar que Japón y Filipinas flexibilicen el cierre total y acepten limitar las restricciones a la zona afectada de Collserola.
Más allá de la crisis inmediata, el brote está acelerando cambios estructurales dentro del sector. Saltiveri advierte de que la tendencia hacia la integración de explotaciones puede intensificarse. «Todo dependerá de cuánto dure esta situación, pero estamos en un momento de replanteamientos. Trabajar por cuenta propia es cada vez más complicado. Más del 80 % de las granjas ya están integradas y seguramente habrá más productores que tomen ese camino», señala.
Mientras tanto, el sector vive pendiente de la evolución sanitaria. El mayor temor es que aparezcan casos fuera del perímetro actual. Si el virus saliera de la zona de exclusión, el impacto podría ser devastador para un sector que exporta carne de porcino por valor de más de 4.260 millones de euros.
Flexibilización de medidas
En paralelo, la Generalitat ha empezado a flexibilizar algunas restricciones en el territorio. El Govern ha levantado las limitaciones en los 73 municipios situados entre los 6 y los 20 kilómetros del foco inicial, permitiendo de nuevo el acceso al medio natural, las actividades deportivas y los trabajos agrícolas y ganaderos, aunque con medidas de precaución.
Sin embargo, en la zona de alto riesgo, entre 0 y 6 kilómetros alrededor del foco, se mantienen las restricciones más estrictas. En este perímetro se han encontrado más de un centenar de jabalíes muertos infectados. Según datos del Govern, se han analizado cerca de 980 muestras, con aproximadamente un 10 % de positivos. El objetivo ahora es evitar que el virus se extienda y confirmar si ha entrado en el parque natural de Collserola. Para ello, el acceso nocturno al parque permanece cerrado y se están intensificando las capturas de jabalíes.
Mientras las administraciones intentan contener el brote y recuperar mercados internacionales, los ganaderos siguen asumiendo el peso económico de la crisis. Dos meses después, el sector aguanta los nervios y espera que la enfermedad no dé un paso más. Porque si lo hace, advierten, las consecuencias podrían ser mucho más profundas que una caída temporal de precios.