Rubió
Rubió, el pueblo más alto de Cataluña, vive este invierno bajo más de un metro de nieve
Los dos únicos vecinos que residen todo el año denuncian accesos bloqueados, hielo permanente en las calles y el cansancio de tener que palear a diario para poder salir de casa y trabajar
Rubió, en el municipio de Soriguera (Pallars Sobirà), está situado a 1.697 metros de altitud y es considerado el pueblo habitado más alto de Cataluña. Sus dos únicos residentes permanentes desde 2018, Clàudia Castaño y Albert Santoja, explican a la Agencia Catalana de Notícias que este invierno quedará marcado por las reiteradas nevadas y la acumulación de nieve en las calles, que en algunos puntos supera el metro de altura. Han tenido que abrir un estrecho pasillo a base de pala, que se ha convertido en hielo y les obliga a extremar la prudencia para evitar caídas.
La proximidad a la N‑260, en el puerto del Cantó, lejos de facilitar el día a día, añade dificultades. Cuando pasan las máquinas quitanieves para limpiar la carretera, empujan la nieve hacia los laterales y terminan tapando la entrada al pueblo, de manera que los vecinos deben volver a palear para poder incorporarse a la vía. Clàudia admite que empieza a estar «cansada» de retirar nieve y pide al ayuntamiento sal para los puntos más delicados o pequeñas máquinas que ayuden a limpiar las calles, porque la nieve se compacta, se endurece y llega un momento en que «ya no la puedes sacar».
La dureza del invierno y el aislamiento ya han llevado a otros vecinos a marcharse. Josep Maria Santasusagna, que vivió en Rubió durante un tiempo, recuerda que solo resistió dos inviernos antes de irse por la meteorología extrema y las dificultades de acceso. Este jueves ha subido de nuevo para revisar su casa y comprobar que el agua no se ha congelado ni hay desperfectos, y ha tenido que usar polainas porque en varios puntos la nieve sobrepasa las rodillas.
Pese a todo, el pueblo mantiene su atractivo como punto de salida de la ruta hacia el refugio de Les Comes de Rubió. Clàudia explica que es habitual ver excursionistas cruzando el pueblo con esquís o raquetas de nieve, aprovechando los grandes espesores que para ellos son un reclamo deportivo, pero que para los pocos vecinos que quedan suponen un reto cotidiano para seguir viviendo todo el año en la alta montaña.