El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián
El laberinto catalán
La paradoja de Gabriel Rufián: deseado por el PSOE y detestado por el PSC
Los socialistas catalanes creen que el protagonismo del republicano amenaza sus tradicionales feudos metropolitanos
ERC no va a prescindir de Gabriel Rufián. El portavoz parlamentario en el Congreso es el caballo de Troya con el que el partido independentista catalán intenta penetrar en las ciudades del cinturón industrial de Barcelona, tradicionalmente esquivas a votar por las candidaturas independentistas.
Desde hace mucho tiempo, ERC intenta abandonar la irrelevancia electoral en la que el independentismo está sumido en las grandes ciudades alrededor de la Ciudad Condal. Su estrategia es bifronte, y se basa en incorporar tanto a personas procedentes de Marruecos como a hijos de la emigración llegada a Cataluña procedentes del sur de España en el último tercio del siglo XX.
Chakir El Homrani fue consejero de Asuntos sociales, a propuesta de ERC, en el gobierno de Quim Torra entre 2018 y 2021. Previamente, había pasado por el Ayuntamiento de Granollers. Hoy en la bancada republicana se sienta Najat Driouech Ben Moussa. Esta licenciada en Filología Árabe, nacida en Arcila (Marruecos), se caracteriza por el uso del nicab, pañuelo con el que las mujeres musulmanas se cubren el pelo.
Driouech saltó a la fama hace unos meses cuando afeó a una compañera de su grupo, Marta Vilalta, que fuera excesivamente escotada. Vilalta, obediente al requerimiento de su vecina de escaño, procedió a taparse.
En el centro, la diputada de ERC en el Parlament Najat Driouech
Junto a los dirigentes procedentes de Marruecos convive Rufián: el intento de ERC de presentar a un hijo de la emigración que se ha adaptado. Rufián procede de Súmate, una organización de independentistas castellanohablantes que se convirtió en cantera de candidatos para partidos separatistas. De ahí salió no solo Rufián, sino también Antonio Baños, el candidato de la CUP, en las elecciones autonómicas de 2015, entre otros.
La estrategia de ERC
La estrategia de ERC no le ha dado malos resultados. Por ejemplo, en L‘Hospitalet de Llobregat (Barcelona), la segunda ciudad catalana, ERC cuenta con cuatro concejales y Junts con ninguno. En Santa Coloma de Gramanet, donde Rufián se presentó a la alcaldía en 2023, logró cuatro concejales, y Junts también quedó fuera del pleno municipal.
Cuando Rufián afirma que no ve diferencias entre un joven de Cornella con uno de Vallecas, solo sigue al pie de la letra la estrategia que ERC lleva marcando desde hace más de una década, y que le ha dado un cierto éxito –aunque no unos resultados espectaculares–, en comparación a los rotundos fracasos que históricamente CiU y luego Junts han cosechado en la pobladísima zona circundante a Barcelona.
En este contexto, la posibilidad de que Rufián encabece una candidatura de extrema izquierda a nivel nacional que sustituya a una amortizada Yolanda Díaz es bien vista por La Moncloa, pero en cambio suscita resquemor en las filas del PSC.
Con este planteamiento, ERC e convierte en un competidor para los candidatos socialistas a la alcaldía en sus tradicionales feudos. No hay que olvidar que Rufián se dirige a un público que vive en ciudades de más de 100.000 habitantes en la provincia de Barcelona, y estos municipios, –excepto Badalona, en manos del popular Xavier García Albiol, y Terrassa, gobernada por un independiente procedente de las filas del PSC– están todos en manos de los socialistas.
El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, esta semana en el hemiciclo
Las bases y votantes de ERC en sus feudos tradicionales en el interior y sur de la provincia de Tarragona o en las comarcas de Lérida no ven con simpatía a Rufián, al que afean su «madrileñización» y su desconexión con la cotidianidad catalana.
Sin embargo, los dirigentes de ERC permiten a Rufián jugar a ser candidato a las generales porque saben que eso le da popularidad en las grandes ciudades metropolitanas. Tampoco hay que olvidar que vive más gente en L’Hospitalet que en toda la provincia de Lérida, la de mayor tamaño en Cataluña.