Varios alumnos usan ordenadores en una clase, en una imagen de archivo

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Cataluña

Saturación entre los coordinadores digitales en los colegios catalanes: dimitieron 40 el último mes

Denuncian que hay semanas en que sus jornadas laborales van más allá de las 60 horas

La digitalización de las aulas, uno de los grandes ejes de modernización del sistema educativo en los últimos años, se enfrenta a una crisis silenciosa en Cataluña: la dimisión en cadena de coordinadores digitales. Solo en febrero, cerca de 40 profesionales renunciaron a esta función. ¿Por qué? Consideran que el modelo es insostenible.

Detrás de plataformas educativas, redes que funcionan, dispositivos configurados o incidencias resueltas en cuestión de minutos, hay una figura poco visible pero clave: el coordinador digital. Sin embargo, quienes desempeñan este rol denuncian una combinación de sobrecarga, falta de reconocimiento y ausencia de recursos estructurales.

Un puesto esencial… asumido «a ratos»

En la mayoría de centros, el coordinador digital no es un técnico especializado contratado, sino un docente que compagina esta responsabilidad con su labor en el aula. Es el caso de Alan Torres, profesor de matemáticas en un instituto de Barcelona, que ha decidido dimitir tras años en el cargo.

«Gestiono todo el ecosistema digital del centro: los portátiles del alumnado, los de los profesores, la red, las impresoras, los paneles digitales, la robótica… Todo pasa por nosotros», explica.

Su centro cuenta con unos 480 alumnos y cerca de 50 docentes, todos con dispositivos digitales. A pesar de esta magnitud, Torres disponía de apenas tres horas semanales asignadas para la coordinación tecnológica. «Son totalmente insuficientes. Yo mismo pedí más horas, pero no se concedieron», señala.

Jornadas que superan las 60 horas

La falta de tiempo asignado se traduce en jornadas laborales que exceden ampliamente lo estipulado. «He tenido semanas de más de 60 horas entre clases, coordinación y gestión digital. Y muchas de esas horas no me las reconoce nadie», denuncia.

Las situaciones críticas evidencian aún más la precariedad organizativa. Durante una reciente renovación de equipos, Torres tuvo que dejar de impartir clase para asumir tareas técnicas: «Vinieron a cambiar los portátiles del profesorado y solo podían hacerlo un día. Tuve que cancelar mis clases para poder coordinar todo con el técnico».

«La cuarta pata del centro»… sin reconocimiento

Según los coordinadores, la administración educativa ha insistido durante años en la importancia estratégica del puesto. «Nos decían que éramos la cuarta pata del centro», recuerda Torres. Sin embargo, esa relevancia no se ha traducido en mejoras tangibles.

«Ni en horas ni económicamente se nos reconoce como debería. Nos ofrecieron un incremento del 25 % en un complemento que ya era irrisorio. Sigue siendo insuficiente», afirma. Esta falta de respuesta ha llevado a muchos profesionales a dimitir como forma de presión. «Es prácticamente la única medida que tenemos», añade.

Uno de los efectos más preocupantes de esta ola de dimisiones es la dificultad para encontrar sustitutos. La carga de trabajo y la escasa compensación hacen que pocos docentes estén dispuestos a asumir el rol.

«En los centros donde he estado, nadie quiere ser coordinador digital», asegura Torres. «Lo hacemos porque nos gusta la tecnología, por vocación, pero también queremos sentirnos valorados».

El problema se agrava por la formación necesaria. «No es llegar y empezar. Hay que conocer todas las plataformas, la gestión de correos, las herramientas internas… Son años de aprendizaje que luego no se tienen en cuenta».

Los coordinadores plantean dos soluciones claras: profesionalizar el puesto con personal específico o, al menos, incrementar significativamente las horas y la compensación para quienes lo desempeñan. «En Cataluña hay unos 3.700 centros. O pones una persona dedicada en cada uno o sigues parcheando y quemando a la gente», resume Torres.

Mientras tanto, la situación genera incertidumbre en los centros educativos, cada vez más dependientes de la tecnología. Sin una estructura sólida de apoyo, advierten los afectados, la digitalización corre el riesgo de quedarse en una inversión sin mantenimiento. La dimisión de estos profesionales no solo revela un malestar laboral: pone en evidencia una debilidad estructural en uno de los pilares del sistema educativo actual.

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