Estudiantes de secundaria caminando por el pasillo de la escuelaUnai Huizi

Cataluña

Cataluña encabeza las agresiones a profesores en España

El 68 % de los profesores encuestados asegura haber sufrido algún tipo de agresión, según el informe del CSIF

La escena se repite con más frecuencia de la deseada en aulas de toda Cataluña: interrupciones constantes, conflictos que escalan y, en los casos más graves, episodios de violencia hacia el profesorado. Lo que durante años se percibía como situaciones aisladas empieza a dibujar, según los docentes, un problema estructural.

Un informe reciente de la Central Sindical Independiente y de Funcionarios (CSIF) pone cifras a esta percepción. Según una encuesta elaborada por el sindicato, el 68 % del profesorado catalán asegura haber sufrido algún tipo de agresión en el ejercicio de su labor. El dato sitúa a Cataluña como la comunidad autónoma con mayor incidencia, solo por detrás de Melilla y por encima de la media nacional.

En los centros educativos, estas cifras no sorprenden tanto como inquietan. Profesores consultados describen un clima cada vez más complejo, donde la gestión del aula exige no solo habilidades pedagógicas, sino también una constante capacidad de contención. «Antes eran casos puntuales; ahora forman parte del día a día», resume un docente de secundaria en el área metropolitana de Barcelona.

El sindicato interpreta estos datos como la evidencia de un deterioro progresivo de la convivencia escolar. A su juicio, la elevada incidencia de agresiones refleja también una pérdida de autoridad del profesorado, vinculada a la falta de respaldo institucional y a la ausencia de medidas eficaces para gestionar los conflictos.

El problema, no obstante, no es exclusivo de Cataluña. A nivel estatal, más de siete de cada diez docentes denuncian una falta de reconocimiento social y profesional, mientras que cerca del 90 % considera insuficiente el apoyo de la Administración. Además, más de la mitad afirma haber vivido situaciones violentas en el aula.

Sensación de desprotección

Sin embargo, en Cataluña estos factores confluyen con mayor intensidad. «Aquí la situación está más tensionada», sostienen desde CSIF, que advierte que el profesorado se encuentra en una posición de especial vulnerabilidad. La sensación de desprotección es uno de los elementos que más se repiten entre los docentes.

A ello se suma una carga de trabajo que muchos califican de inasumible. Según la encuesta, el 97,2 % del profesorado denuncia sobrecarga, especialmente derivada de tareas burocráticas. Informes, evaluaciones y gestiones administrativas ocupan un tiempo creciente que, según critican, resta espacio a la labor educativa.

El malestar también alcanza al ámbito económico. Nueve de cada diez docentes consideran que sus retribuciones no se ajustan a la responsabilidad y exigencia de su trabajo. Y, en paralelo, la percepción de falta de herramientas para afrontar conflictos es casi unánime: solo un 2 % cree que los protocolos actuales son adecuados.

En este contexto, los episodios de agresión no se interpretan como hechos aislados, sino como la consecuencia de un sistema tensionado. La combinación de ratios elevadas, falta de recursos, burocracia y escaso respaldo institucional configura, según el sindicato, un escenario que favorece el deterioro de la convivencia en las aulas.

Ante esta situación, CSIF reclama una batería de medidas urgentes: refuerzo de la autoridad del profesorado, reducción del número de alumnos por clase, mejora salarial, disminución de la carga burocrática y reducción del horario lectivo. También insiste en la necesidad de establecer protocolos claros y eficaces frente a las agresiones, así como una formación práctica adaptada a la realidad de los centros.

Mientras tanto, en las aulas, los docentes continúan lidiando con un equilibrio cada vez más frágil entre enseñar y mantener el orden. «Queremos centrarnos en educar, pero cada vez dedicamos más energía a gestionar conflictos», explica otro profesor. Una realidad que, según advierten, no solo afecta a quienes están frente a la pizarra, sino al conjunto del sistema educativo.

El diagnóstico está sobre la mesa. La cuestión ahora es si las administraciones serán capaces de responder a tiempo para revertir una tendencia que, según los docentes, ya ha dejado de ser excepcional para convertirse en rutina.