Imagen de archivo de una mona de pascuaJuan Emilio Prades Bel vía Wikimedia Commons

La Semana Santa más dulce de Cataluña: los postres que acompañan a la mona

Los obradores catalanes exhiben, junto a la tradicional mona de Pascua, buñuelos, torrijas y otras recetas heredadas que completan la mesa familiar de Semana Santa y mantienen viva la dulcería ligada a la Pascua

La Semana Santa de 2026 llega a Cataluña con la mona de Pascua como reina indiscutible de los escaparates, pero cada vez más acompañada por otros dulces tradicionales —buñuelos, torrijas, roscones o cocas— que completan la mesa pascual catalana y refuerzan una identidad ligada al calendario cristiano y a la familia. Pasteleros y obradores artesanos de Barcelona y del resto del territorio constatan que la campaña de Pascua se ha consolidado como una de las más importantes del año, con monas espectaculares de chocolate y, al mismo tiempo, un interés creciente por recetas sencillas heredadas de generaciones anteriores.

La mona, punto de partida de la Pascua catalana

Como ha recordado recientemente El Debate Cataluña, la mona de Pascua sigue siendo uno de los símbolos más reconocibles de la Semana Santa en la región, heredera de una antigua coca o fogassa coronada con huevos duros que los padrinos regalaban a sus ahijados al terminar la Cuaresma. Hoy, esa base se ha transformado en pasteles de brioche o bizcocho coronados por auténticas esculturas de chocolate, huevos y figuras que cada año compiten en creatividad en concursos como el de «La mejor mona de Pascua de Catalunya», donde pastelerías de Barcelona y otras ciudades son distinguidas por su calidad y originalidad.

Monas de pascua de chocolate

Lejos de ser un simple postre, la mona mantiene un marcado carácter familiar y religioso: se consume el Lunes de Pascua, se comparte en torno a la mesa y sigue siendo el gesto del padrino o madrina hacia el ahijado, un rito doméstico que la sociedad catalana ha conservado incluso en un contexto de cambio de hábitos y ritmos de vida.

Buñuelos, torrijas y otros dulces que completan la mesa

Junto a la mona, la tradición catalana de Semana Santa incorpora otros dulces que, sin acaparar tantos focos, forman parte del paisaje gastronómico de estos días. En muchas pastelerías y hogares se preparan buñuelos de viento, pequeños bocados fritos que se sirven espolvoreados con azúcar y, en ocasiones, rellenos de crema o nata, muy presentes en Barcelona y en las comarcas de interior como opción más sencilla y económica que la gran mona de chocolate.

También tienen su espacio las torrijas, heredadas de la cocina de aprovechamiento del pan duro, que han encontrado un hueco en Cataluña siguiendo la estela de otras regiones españolas, y los roscones o cocas de Pascua, como la coca garlanda del Penedés, aromatizada con anís y azúcar, que Turisme de Barcelona y otros organismos destacan como parte del atractivo gastronómico de estas fechas. En las comarcas y pequeños municipios, estos dulces se acompañan con vino dulce o mistela, reforzando el carácter festivo y familiar de la sobremesa pascual.

Torrijas de Pastelería CREMAPablo Castillejo

Artesanos catalanes, tradición y nuevas tendencias

Los últimos años han visto cómo la repostería catalana de Pascua se ha profesionalizado aún más, con concursos, rutas de pastelerías y una oferta que combina tradición e innovación. En Barcelona proliferan iniciativas que reconocen a las mejores monas de Pascua y a las pastelerías más destacadas, al tiempo que despuntan otros productos estacionales como la colomba italiana adaptada al gusto local, sin desplazar el protagonismo de la mona ni de los buñuelos.

Esta evolución demuestra que la Pascua catalana sigue siendo un tiempo en el que la dulcería mantiene una fuerte carga simbólica: la mona continúa en el centro, pero lo hace arropada por un repertorio de postres que hablan de territorio, de fe vivida en familia y de un oficio pastelero que, desde Cataluña, busca preservar la tradición sin renunciar a la creatividad.