Segismundo Pey, en torno a 1901Wikimedia

Historia

La turbulenta vida del padre de la pianista Diana Pey

Siempre en conflicto con las autoridades, pasó del sacerdocio a la masonería

La Biblioteca Nacional de España ha incorporado recientemente a sus fondos el legado documental de la pianista, compositora y pedagoga Diana Pey Casado, un conjunto de materiales que había permanecido en Chile hasta su reciente localización.

Este hallazgo supone la recuperación de una parte significativa de la trayectoria vital y artística de una figura vinculada al exilio republicano tras la guerra civil. Aunque musicalmente su vida fue muy importante, no nos podemos olvidar de la heterodoxa vida de su padre, que evolucionó del sacerdocio al periodismo, pasando por su anticlericalismo y una postura contraria al nacionalismo catalán.

Segismundo Pey Ordeix nació en San Vicente de Torelló (Barcelona) el 27 de julio de 1867. Hijo y nieto de combatientes de la causa tradicionalista, tanto en la primera como en la segunda guerra carlista. Siendo aún muy joven conoció los detalles de la ejecución de su abuelo, fusilado de manera humillante en 1849.

Ese relato de muerte y derrota sembró en el muchacho una semilla de rebeldía y un deseo de justicia, o quizá de venganza, que marcaría su carácter explosivo y su incapacidad para someterse a cualquier autoridad que considerara injusta.

De sacerdote a masón

En 1884 ingresó en el seminario de Vic. Era una época de tensiones internas en la Iglesia española, dividida entre el integrismo más feroz y un catolicismo que empezaba a dialogar, aunque fuera tímidamente, con el liberalismo.

Su temperamento le llevó a alinearse con los sectores más intransigentes, aquellos que veían en el obispo José Morgades a un hereje liberal. Junto a otros seminaristas, fundó publicaciones como L'Independent y El Norte Catalán, desde donde atacaba no solo el liberalismo, sino también el incipiente nacionalismo catalán que Morgades promovía.

Su enfrentamiento con Morgades fue el primero de una larga serie de duelos espirituales y políticos. Al salir de Vic hacia Castilla el obispo le hizo una advertencia que resultó profética. Morgades le dijo: «Yo te impediré la carrera o te doblegaré». En Soria y Osma continuó su labor periodística con una intensidad que asustaba incluso a sus correligionarios.

Colaboró en El Siglo Futuro, pero pronto lo abandonó por considerarlo demasiado moderado. Para él cualquier muestra de respeto hacia la jerarquía civil o eclesiástica era una mancha de liberalismo. Era un purista del integrismo, un hombre que vivía en una constante búsqueda de una verdad absoluta que la realidad política de España se empeñaba en matizar.

Su regreso a Barcelona supuso un giro drástico. Se encontró inmerso en la polémica contra Jacinto Verdaguer suspendido a divinis por sus propios superiores. Pey, viendo en Verdaguer a una víctima del sistema que él mismo empezaba a despreciar, intentó atraerlo a sus filas combativas.

A través de su revista El Urbión, Pey comenzó a denunciar lo que consideraba la podredumbre interna de la Iglesia, en aspectos como el nepotismo, la simonía y la acumulación de riquezas de los prelados. Su lenguaje se volvió tan afilado que se prohibieron sus lecturas en 1900.

La transición de Pey del integrismo católico al anticlericalismo es uno fenómeno curioso. No fue un cambio de ideas repentino, sino una erosión dolorosa causada por el choque entre su idealismo rígido y la estructura de poder eclesiástico. Llegó a retar al obispo de Barcelona, Salvador Casañas, a un juicio de Dios. Le propuso que ambos entraran en una hoguera encendida para que las llamas decidieran quién tenía la razón. Casañas no aceptó el reto, pues consideró a Pey un agitador peligroso.

Al verse marginado y perseguido por la institución a la que había dedicado su vida, Pey experimentó una metamorfosis. El hombre que había defendido la teocracia empezó a colaborar con publicaciones radicales como El Motín. Su odio se centró especialmente en la Compañía de Jesús, a la que dedicó dramas teatrales como Paternidad, estrenado ante un público republicano que aplaudía a rabiar a aquel sacerdote que, aún vistiendo sotana, denunciaba los métodos sectarios de las órdenes religiosas. La imagen de Pey en el escenario, recibiendo ovaciones de los enemigos históricos de la Iglesia, es el retrato perfecto de su contradicción vital.

Portada de 'Paternidad'

La ruptura fue total al colgar los hábitos y abrazar la vida civil. Se casó con Manuela Casado, una mujer que había conocido durante sus años en Soria. Con ella tuvo tres hijos llamados Víctor, Raúl y Diana. La formación de una familia le proporcionó un anclaje humano en medio de sus tormentas ideológicas.

A pesar de ello su pluma no descansó. Se dedicó a investigar las vidas de otros herejes o víctimas del dogmatismo, como Miguel Servet, viendo en el sabio, nacido en Villanueva de Sigena, un reflejo de su propia lucha contra las iglesias que asfixian el pensamiento. Su obra Historia crítica de San Ignacio de Loyola fue un ataque frontal al corazón del poder jesuítico, escrito con la minuciosidad de quien conoce los secretos de la casa desde dentro.

En sus últimos años buscó nuevos refugios para su inquietud intelectual y social. Se unió a la masonería, integrándose en la logia Manuel Ruiz Zorrilla. Allí, junto a otros librepensadores, redactó manifiestos para las Cortes Constituyentes de la Segunda República, exigiendo una separación radical entre la Iglesia y el Estado. El antiguo seminarista carlista que quería un rey absoluto y una fe inquebrantable terminó sus días luchando por la libertad de conciencia y el laicismo más estricto.

Murió en Barcelona el 30 de septiembre de 1935 alejado del foco mediático que tanto había buscado décadas atrás. Sus últimos años fueron difíciles; tras una vida de constantes conflictos con la Iglesia y la política, terminó trabajando en puestos administrativos modestos y viviendo de forma austera.

Sus hijos partieron al exilio en Chile, después de participar Víctor en el bando republicano durante la guerra civil, llevando consigo el legado de su padre. Víctor Pey fue copropietario de una empresa de ingeniera, amigo personal de Salvador Allende y Pablo Neruda y director del periódico Clarín. Raúl Pey también fue ingeniero y e la ciudad de Arica tiene una calle dedicada a él. Y Diana, como hemos dicho, fue pianista y compositora.