Sánchez llama a defender la democracia ante las guerras y la desigualdad: «No basta con resistir, tenemos que proponer».Europa Press

Cataluña

Sánchez llama a «fortalecer» la democracia junto a líderes izquierdistas que amparan el chavismo

Plantean reforzar el multilateralismo, coordinar estrategias frente al avance de lo que califican como «ultraderecha» y acometer una reforma de la ONU

Barcelona se ha convertido este sábado en el escenario de una cumbre internacional con vocación de respuesta política a lo que los líderes que han participado han calificado como un deterioro del orden global. La IV Reunión en Defensa de la Democracia ha congregado en la Fira de Barcelona a una veintena de dirigentes progresistas, con Pedro Sánchez a la cabeza, y en la que también han estado presentes los presidentes de México, Claudia Sheinbaum; el de Colombia, Gustavo Petro; Brasil, Lula da Silva; Uruguay, Yamandú Orsi; o el presidente del Consejo Europeo, António Costa.

De la cumbre ha salido un objetivo compartido: reforzar el multilateralismo, coordinar estrategias frente al avance de lo que califican como ultraderecha y plantear una reforma de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cuya eficacia ha sido ampliamente cuestionada.

El encuentro, liderado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha arrancado con un llamamiento a pasar a la ofensiva política. «Nuestra respuesta no puede ser meramente defensiva, tenemos que proponer, liderar…», ha advertido, para subrayar que «la democracia no solo se defiende, sino que se fortalece día a día». En ese contexto, ha apelado a una acción coordinada entre gobiernos afines para contrarrestar una tendencia global que, sin ser mencionada explícitamente, apunta al auge del trumpismo y de los movimientos ultras.

Uno de los ejes centrales ha sido la necesidad de reformar el sistema multilateral. Sánchez ha defendido que «ha llegado el momento de que Naciones Unidas sea renovada, reformada y dirigida por una mujer», al considerar que el organismo «solo podrá sobrevivir si representa la realidad» y se convierte en una institución «más democrática y más representativa».

Críticas al funcionamento de la ONU

La crítica al funcionamiento de la ONU ha sido compartida por otros líderes. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, ha sido especialmente contundente: «Tenemos más conflictos armados en el mundo desde la Segunda Guerra Mundial y el Consejo de Seguridad de la ONU no se reúne», ha denunciado, para concluir que el organismo «no funciona». Lula ha alertado además del riesgo que supone la inacción internacional: «El extremismo y la falta de respeto a la casa de la ONU son muy peligrosos».

En la misma línea, otros presidentes han coincidido en la necesidad de adaptar las instituciones a los nuevos equilibrios globales y de limitar los bloqueos derivados del sistema de veto de las grandes potencias. El debate también ha puesto el foco en el impacto del entorno digital sobre la calidad democrática. Sánchez ha advertido de que «la desinformación y los algoritmos no pueden condicionar la conversación pública», ni tampoco «premiar el odio, la polarización o los mensajes violentos». Por ello, ha defendido una agenda legislativa que permita «perseguir la manipulación algorítmica» y reforzar el control democrático sobre las plataformas tecnológicas.

La desigualdad ha sido el tercer gran eje de la cumbre. «Cuando el progreso no se distribuye, cuando las oportunidades no llegan a todos, la democracia pierde legitimidad», ha señalado el presidente español, que ha vinculado directamente estas brechas con el crecimiento del extremismo político.

Entre las intervenciones destacadas, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha apostado por reorientar prioridades globales: «En lugar de guerra, sembremos paz», ha afirmado, al proponer destinar un 10% del gasto armamentístico a proyectos de reforestación. Además, ha defendido que «cuando hablamos de democracia, hablamos de la procuración de la felicidad de sus pueblos».

Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha reclamado soluciones diplomáticas a conflictos como los de Oriente Medio, subrayando su impacto económico global. El expresidente chileno Gabriel Boric ha descrito la cita como «una señal de esperanza muy grande» en un «momento de inflexión para el mundo», al tiempo que ha defendido la necesidad de introducir cambios en el sistema internacional: «La tradición no consiste en la adoración de las cenizas sino en la preservación del fuego».

Más allá de los discursos, la cumbre ha evidenciado tanto la ambición como las limitaciones de esta alianza progresista. La escasa presencia de grandes potencias europeas refleja las dificultades para ampliar su influencia en un contexto en el que la socialdemocracia atraviesa un momento de debilidad.

El encuentro ha servido también para escenificar un acercamiento diplomático entre España y México. A su llegada, Sheinbaum ha zanjado cualquier especulación: «No hay crisis diplomática con España, nunca la ha habido».

En paralelo, los líderes han reforzado el mensaje político participando en un foro progresista celebrado simultáneamente en la ciudad, en un intento de trasladar estas propuestas más allá del ámbito institucional.

La cita de Barcelona concluye así con una hoja de ruta marcada por la reforma del sistema internacional, la regulación del espacio digital y la reducción de las desigualdades, tres pilares que los participantes consideran esenciales para sostener la democracia en un escenario global cada vez más tensionado.