Alumnos en exámenesEP

Cataluña

Profesores denuncian que las pruebas de competencias de la Generalitat no evalúan la expresión escrita

Así ha ocurrido para los alumnos de 4.º de Primaria y 2.º de ESO que, hace unos días, se sometieron a las pruebas

La eliminación de las pruebas escritas en las evaluaciones diagnósticas de este año en Cataluña ha encendido un debate que va más allá del formato de un examen. Unos 160.000 alumnos, 76.000 de 4.º de primaria y cerca de 85.000 de 2.º de ESO, ya han hecho estas pruebas, que por primera vez se han basado únicamente en preguntas tipo test.

El cambio rompe con lo que se había hecho hasta ahora. En cursos anteriores, los alumnos no solo marcaban respuestas, también tenían que escribir y desarrollar ideas. Este año, en cambio, la expresión escrita ha desaparecido por completo de la evaluación, incluso en las materias de lengua.

Desde el Departamento de Educación defienden que las pruebas siguen siendo útiles para medir competencias, aunque admiten que hay margen de mejora. La directora de la Agencia de Evaluación, Núria Planas, ya ha avanzado que el año que viene se volverán a incluir preguntas abiertas. Aun así, muchos docentes creen que el problema no es solo técnico, sino de enfoque.

Rebajar el nivel

Los profesores recuerdan que evaluar no es solo ver si un alumno acierta o falla, sino entender cómo piensa y cómo se expresa. Y ahí es donde la falta de redacción pesa más. Sin escribir, dicen, es difícil saber si el alumno realmente ha entendido lo que ha estudiado o simplemente ha sabido escoger una opción correcta.

El profesor y portavoz sindical Andreu Navarra ha sido una de las voces más críticas. Alerta de una «infantilización» de las pruebas, al reducirlas a marcar casillas. A su juicio, este tipo de exámenes simplifica demasiado la evaluación y rebaja el nivel de exigencia.

Navarra insiste en que dejar de lado la escritura es un error importante. «Escribir es pensar», resume. Sin esa parte, explica, el profesor pierde la posibilidad de ver cómo el alumno organiza las ideas o si realmente comprende lo que lee.

Para ilustrarlo, el propio docente explica una experiencia que le marcó. En una ocasión, participó en un tribunal en la universidad y varias profesoras le comentaron que alumnos de primer curso de grado tenían serias dificultades para entender textos muy breves, incluso poemas de apenas cinco líneas. «No me lo creía», relata. Pero después pudo comprobarlo. Para él, este tipo de situaciones tiene que ver precisamente con una falta de trabajo en la lectura y la escritura desde etapas anteriores.

Navarra reconoce que los test pueden servir para evaluar algunos conocimientos concretos, pero cree que no son suficientes. «No ves cómo ha llegado el alumno a la respuesta», viene a decir. Y eso, añade, deja fuera una parte esencial del aprendizaje.

Las pruebas diagnósticas sirven para hacer una foto general del sistema educativo. Con los resultados, las familias reciben informes sobre el nivel de sus hijos, los centros analizan cómo están sus alumnos y la administración obtiene datos para tomar decisiones. Pero la polémica de este año ha puesto sobre la mesa una duda clara: si no se evalúa la escritura, la redacción, esa foto queda incompleta.

Con las pruebas ya hechas, el debate sigue abierto. Educación apunta a cambios de cara al próximo curso, pero muchos docentes creen que la discusión es más profunda: cómo evaluar de verdad lo que saben los alumnos sin perder de vista cómo piensan y cómo se expresan.