El periodista y escritor PJ Armengou, en Barcelona
Entrevista
¿Perdonarías al asesino de tus hijos? «Es muy difícil, pero Dios te puede acompañar con su gracia»
De Ruanda a Tierra Santa, el periodista P. J. Armengou recoge en 'Rostros de perdón' cinco historias «de luz» que brillan entre la violencia y la tragedia
En una iglesia en Ruanda reconvertida en memorial, se sientan dos personas. Ella se llama Alice, es tutsi y durante el genocidio de 1994 perdió a sus hijos y fue mutilada. Él es Emmanuel, es hutu y fue quien la atacó con un machete, además de participar en el asesinato de los niños. En la nave del templo, sus hombros casi se tocan; Alice está explicando cómo llegó a realizar lo imposible: perdonar a su verdugo.
Esta es la historia con la que arranca Rostros de perdón (Albada), recién publicado por el periodista P. J. Armengou (Barcelona, 1992). El libro culmina un viaje personal iniciado hace una década, y recoge cinco testimonios reales de perdón o reconciliación encontrados allí donde parece más inverosímil que florezcan: en mitad de cruentos conflictos –como el citado genocidio ruandés o la guerra entre Israel y Palestina– o situaciones de violencia extrema.
«La historia de Alice y Emmanuel me golpeó mucho personalmente –explica Armengou, tomando un café en la terraza de una cafetería de Barcelona–, porque me puso delante del espejo, me hizo preguntarme si yo sería capaz de perdonar una ofensa tan grave». Aquello despertó una inquietud en el joven periodista, que fue explorando durante los años venideros, viajando entre África, Asia y América.
Portada de 'Rostros de perdón', de P. J. Armengou
Armengou, que ha pasado varios años como corresponsal en Jerusalén para varios medios, vivió como un punto de inflexión el ataque del 7 de octubre contra Israel. «Recuerdo estar cubriendo la guerra, con la enésima crónica de muertos, bombas, geopolítica y discurso de odio, y pensar que ha de haber algo, una llave, que rompa la espiral de violencia». Uno de los capítulos de Rostros de perdón está dedicado a Sulaiman, un exterrorista palestino que trabaja por la paz junto a excombatientes israelíes.
«Uno de los grandes problemas del conflicto entre árabes e israelíes es que hay una gran dificultad para ver al otro como una víctima», reflexiona Armengou, convencido de que –a pesar de que los liderazgos y los intereses geopolíticos «no lo están poniendo fácil»– el perdón o la reconciliación colectivos, aunque haga falta que pasen varias generaciones, es la única salida para Tierra Santa. «Mientras haya violencia, mientras haya un hijo muerto y un padre o un hermano que quiera vengarse, será difícil llegar a esa paz, pero creo que empezar a centrarnos en las historias de luz puede ayudar», señala.
Un prisma misterioso
Rostros de perdón incluye cinco historias, además de la del propio autor. «Cada uno de los protagonistas ofrece una cara diferente de este prisma misterioso que es el perdón», señala Armengou, destacando que hay perdones dados y perdones recibidos, e incluso perdones a uno mismo. «A veces cometemos el error de pensar en el perdón como algo inmaculado, o perfecto, y que solo perdonas si amas o si olvidas, pero hay muchos perdones previos que son válidos, siempre y cuando traigan un bien», apunta el autor.
Alice y Emmanuel, Sulaiman, Thabang, George, Diane. Los seis protagonistas del libro iluminan el mosaico del perdón. «Hay distintos grados –explica Armengou– pero yo he encontrado que el perdón más perfecto y más completo es aquel que ama al enemigo, que comprende las propias limitaciones y que empatiza tanto con el verdugo que es capaz de perdonarle porque cae en que él también podría ser esa persona, si estuviera en sus circunstancias».
Este perdón, tan a priori imposible, es «el perdón cristiano», señala Armengou, para quien perdonar «tiene algo de divino, porque trasciende a lo humano». Al periodista, testigo privilegiado de la luz que nace en la tiniebla, no se le escapa lo rompedor de lo que plantea, pero insiste: «Perdonar es un proceso muy difícil, que trasciende nuestras propias capacidades, pero si se vive con fe, pensando en algo más allá de nosotros y pidiendo ayuda para vivirlo así, es más factible», señala.
El periodista P. J. Armengou, autor de 'Rostros de perdón'
¿Pidiendo ayuda a quién? «Al perdón –reflexiona el periodista– se puede llegar desde el agnosticismo, el ateísmo, el islam o el judaísmo, pero los cristianos tenemos la suerte de contar con un ejemplo concreto, el de Jesús, que en la cruz perdonó a sus verdugos: es mucho más fácil ser capaz de superar tus limitaciones cuando pides ayuda a alguien que lo ha hecho antes, que puede ser un hermano o un amigo, pero también puede ser Dios, que te enseña el camino y te acompaña con su gracia».
Todo ello compone el viaje que Armengou realiza en Rostros de perdón, y que concluye literalmente en la bahía de Portsmouth, tras entrevistar a Diane Foley, la madre del fotoperiodista estadounidense asesinado por el Estado Islámico en Siria. «Irremediablemente, estas historias tocan el corazón, pero un objetivo de este libro es que el lector pueda hacer el camino que hago yo, y llevar el ejemplo de estas personas a las pequeñas o grandes rencillas, violencias e infidelidades de su propia vida», explica Armengou.