Gabriel Rufián y Miriam Nogueras, portavoces de ERC y Junts, conversan en el Congreso durante la pasada legislatura
Cataluña
Junts sabotea desde Madrid los pactos entre Illa y ERC para aprobar presupuestos en Cataluña
La misma lógica se ha visto en el debate sobre la financiación singular. El acuerdo entre Oriol Junqueras y el Gobierno , que prevé un aumento de recursos para Cataluña ,ha sido duramente criticado por Junts, que lo considera insuficiente y lo ha calificado de «fraude»
La negociación de los presupuestos catalanes ha saltado definitivamente de escenario. Lo que se dirime en el Parlament ya no puede entenderse sin lo que ocurre en el Congreso. Y el último episodio lo ha dejado claro: Junts per Catalunya ha trasladado a Madrid su pulso con Esquerra Republicana de Catalunya y el gobierno de Salvador Illa, hasta el punto de hacer naufragar una de las piezas clave del acuerdo entre socialistas y republicanos.
La proposición de ley para crear un consorcio de inversiones paritario entre el Estado y la Generalitat, concebido para planificar y ejecutar infraestructuras en Cataluña, ni siquiera superó el primer trámite en el Congreso. Fue tumbada con los votos de PP, Vox, UPN, PNV y, de forma especialmente significativa, Junts. Un rechazo que ha ido más allá del contenido de la iniciativa: ha evidenciado la estrategia de los de Carles Puigdemont de condicionar desde Madrid cualquier avance político en Cataluña.
El consorcio formaba parte del paquete de acuerdos entre PSC y ERC, y era presentado como un paso en la gestión compartida de las inversiones estatales. Para los republicanos, suponía «avanzar en planificación y ejecución». Para Junts, en cambio, era justo lo contrario. Su portavoz en el Congreso, Míriam Nogueras, lo calificó de «chiringuito» y defendió que Cataluña no necesita nuevos organismos, sino que el Estado «pague lo que debe».
Ese choque de planteamientos se trasladó al hemiciclo, pero también al tablero político catalán. Porque la caída de la iniciativa no es un hecho aislado: se suma a una estrategia más amplia en la que Junts ha convertido cuestiones clave, como la financiación autonómica, en un terreno de confrontación directa con ERC y el Gobierno. No hay tampoco que perder de vista que los de Puigdemont, según las encuestas, van en caída libre en detrimento de Aliança Catalana, mientras que los republicanos consiguen aguantar el tipo.
En este contexto, la negociación de los presupuestos en Cataluña avanza, pero con un condicionante permanente. Govern y Esquerra mantienen los contactos pese al traspié, conscientes de que el consorcio era solo una de las piezas sobre la mesa. Sin embargo, el episodio ha dejado una huella política evidente.
Reproches cruzados
En ERC no ocultan su malestar. Acusan a Junts de instalarse en el «bloqueo» y de priorizar la confrontación sobre las soluciones. «Mientras algunos intentamos resolver los problemas de la ciudadanía, otros se dedican a destruir», reprochó la diputada republicana Inés Granollers durante el debate. En el partido hablan abiertamente de «profunda decepción» y recuerdan que ellos sí han respaldado iniciativas impulsadas por los posconvergentes en el pasado, como por ejemplo, la cesión de competencias en materia de inmigración a la Generalitat.
El PSC se ha sumado a las críticas. El diputado José Zaragoza resumió la posición socialista con una frase que apunta a la estrategia de fondo: «Siempre piden todo y al final se quedan en nada». Una idea que conecta con la percepción, cada vez más extendida en el entorno del Govern, de que Junts busca impedir que se consolide una mayoría alternativa en Cataluña que le deje al margen.
Porque ese es, en última instancia, el trasfondo del pulso. Mientras ERC y PSC exploran acuerdos que permitan aprobar los primeros presupuestos de la legislatura, Junts utiliza su capacidad de influencia en Madrid para erosionar ese entendimiento. Quiero evitar que un acuerdo de este tipo apuntale la legislatura de Illa. Y, por lo visto, no necesita sentarse en la mesa en Barcelona: le basta con intervenir en el Congreso.
La misma lógica se ha visto en el debate sobre la financiación singular. El acuerdo entre Oriol Junqueras y el Gobierno , que prevé un aumento de recursos para Cataluña ,ha sido duramente criticado por Junts, que lo considera insuficiente y lo ha calificado de «fraude». Incluso ha llegado a amenazar con tumbar su tramitación, pese al respaldo de agentes económicos y sociales.
Así, la política catalana se mueve en un doble plano. En uno, el Govern intenta construir una mayoría para sacar adelante sus cuentas. En otro, Junts despliega una estrategia de presión desde Madrid que condiciona cada paso.
El resultado es una negociación abierta, pero frágil. El consorcio de inversiones ha caído, pero no es el único elemento en juego. Quedan otras medidas, otros acuerdos posibles. Además de la financiación está la condonación de parte de la deuda del FLA o la cesión de la recaudación del IRPF. Y también hay una incógnita central: si el bloqueo que se ejerce desde fuera del Parlament acabará por hacer inviable un pacto que, dentro de Cataluña, sigue siendo aritméticamente posible.
De momento, lo que parecía una negociación presupuestaria se ha convertido en algo más amplio: un pulso político entre dos estrategias dentro del independentismo y una disputa por el control del rumbo político en Cataluña. Y ese pulso, hoy por hoy, también se libra, y se decide, en Madrid.