Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, a su salida del Juzgado de Instrucción 5 de Martorell al hacer efectivo el pago de un millón de euros de fianza, a 19 de mayo de 2026, en Martorell, Barcelona, Catalunya (España). Los Mossos d'Esquadra han detenido a Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, Isak Andic, por la muerte de su padre el 14 de diciembre de 2024 tras caer por un barranco en las Cuevas del Salnitre en Collbató (Barcelona). Jonathan Andic, que era el único acompañante el día de la muerte de su padre, está siendo investigado por el Juzgado de Instrucción 5 de Martorell (Barcelona). David Oller / Europa Press 19/5/2026
El sueño filantrópico de Isak Andic que desató la ira de su hijo
El fundador de Mango quiso destinar parte de su fortuna a los más necesitados, pero su heredero no estaba dispuesto a renunciar a ni un euro
Isak Andic soñaba con dejar un legado que trascendiera perchas y escaparates. El empresario que levantó un imperio textil quería terminar su vida como la había empezado: pensando en quienes no tienen nada. Pero cuando su hijo Jonathan se enteró, a mediados de 2024, de que su padre planeaba crear una fundación benéfica para personas vulnerables, la relación familiar —ya herida — estalló definitivamente. Así lo recoge el auto judicial de la magistrada del Juzgado de Instrucción número 5 de Martorell.
Isak Andic llevaba años madurando la idea, inspirado en otros grandes empresarios que han sabido devolver a la sociedad parte de lo recibido. No se trataba de filantropía de escaparate: el fundador de Mango ya colaboraba discretamente con instituciones como el hospital infantil Sant Joan de Déu, volcado en la atención a los niños más frágiles. Su intención era formalizar ese compromiso, destinando una porción significativa de su patrimonio —estimado en 4.500 millones de euros— a una fundación que aliviara el sufrimiento ajeno. Pero el proyecto nunca llegó a materializarse: la idea murió con él en las Cuevas del Salnitre de Montserrat, el 14 de diciembre de 2024, en circunstancias que la justicia considera «prácticamente» incompatibles con un accidente.
Jonathan Andic no compartía la visión de su padre. Según desvela el auto, padecía una «obsesión por el dinero» que le llevó a exigir su herencia en vida, una petición tan inusual como reveladora. Isak accedió parcialmente, en un desesperado intento por no perder del todo a su primogénito. Pero la brecha se había abierto años atrás, en 2015, cuando el Andic apartó a Jonathan de la dirección de Mango tras comprobar que no estaba a la altura. Los mensajes y escritos analizados por los investigadores dibujan el retrato de un hijo consumido por el resentimiento, el «odio» y el «rencor» hacia quien le dio la vida y una fortuna.
Según el auto, cuando Jonathan conoció el plan filantrópico, su actitud dio un giro teatral: buscó la reconciliación, reconoció que su conducta con el dinero «no era correcta» y propuso a su padre una excursión a solas para hablar en un entorno tranquilo. Eligió Montserrat, un lugar que había visitado tres veces en los días previos —el 7, 8 y 10 de diciembre— según revelan las cámaras de vigilancia. La jueza considera que este acercamiento repentino, precisamente cuando Isak planeaba modificar su testamento, no fue casual.
El desenlace llegó cuatro días después de la última visita de reconocimiento: Isak Andic cayó al vacío desde un barranco de 150 metros en las Cuevas del Salnitre. La magistrada apunta a un móvil económico y descarta la versión accidental. La fortuna del empresario, que habría sido parcialmente redirigida hacia los pobres, se repartió finalmente a partes iguales entre sus tres hijos —Jonathan, Sarah y Judith— según el testamento original, que nunca llegó a cambiarse.