El portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, durante un coloquio organizado por el Club Siglo XXI, a 20 de mayo de 2026, en Madrid (España).
El desprecio de Rufián a sus compañeros en el Congreso tensa aún más su relación con Junqueras
Rufián redobla la presión sobre ERC para controlar la lista al Congreso
Gabriel Rufián, portavoz de Esquerra Republicana en el Congreso, ha decidido en los últimos días subir un peldaño más en su pulso con la cúpula del partido. Lo hace poniendo precio a su continuidad como cabeza de lista y reclamando un papel decisivo en la confección de la candidatura al Congreso, en un momento en que ERC atraviesa dudas estratégicas y el independentismo llega desgastado a la nueva etapa política.
Según adelantó El País, en un coloquio celebrado en el Club Siglo XXI en Madrid, Rufián advirtió de que no volverá a presentarse con las siglas de ERC si no se cumplen unas «condiciones» que afectan directamente a su margen de maniobra en el Congreso. Entre esas condiciones, distintas fuentes del partido citadas por ese diario señalan su voluntad de tener la última palabra sobre la futura lista electoral, con capacidad real de influir en quién entra y quién sale.
El mismo periódico describe cómo ese movimiento se suma a críticas, más o menos veladas, al trabajo de algunos de sus compañeros en Madrid, lo que ha encendido las alarmas en el grupo parlamentario. El malestar interno ya no se esconde y rompe la discreción con la que hasta ahora se habían gestionado las diferencias entre el portavoz y la dirección.
El órdago de Rufián no se ha quedado sin respuesta dentro de Esquerra. Según El País, un sector del partido ha llegado a plantear su suspensión como portavoz mientras se analiza hasta qué punto su estrategia encaja con los estatutos internos. Para estos cuadros, la ofensiva pública del diputado supone una desautorización del equipo que trabaja en el Congreso y un intento de marcar la línea política desde fuera de los órganos de dirección.
Aun así, la cúpula evita alimentar el incendio. Oficialmente se apela a la autonomía de los órganos de control y se rehúye confirmar la existencia de expedientes, en un intento de rebajar la temperatura y ganar tiempo para negociar. ERC se mueve, de nuevo, sobre la cuerda floja: demasiado castigo convertiría a Rufián en víctima; demasiada concesión, en un poder paralelo.
Pese a la tensión, nadie en la dirección oculta que Rufián es, hoy por hoy, uno de los principales activos de la marca en Madrid. Desde la cúpula se le describe como un «activo electoral» y se admite abiertamente que es el mejor situado para encabezar de nuevo la lista al Congreso. El objetivo declarado es encontrar una fórmula que permita que el partido conserve el control y el portavoz mantenga un rol protagonista.
En la sede de ERC se habla de «debates intensos» con Rufián sobre la situación política catalana y española, pero se niega que esté a punto de romper con el partido. La idea que se transmite es la de una negociación dura, pero todavía dentro de los márgenes de lo que la organización considera asumible.
En paralelo a la pelea por la lista, sigue vivo otro foco de fricción: la propuesta de Rufián de articular un frente amplio de izquierdas soberanistas que vaya más allá de Cataluña. El portavoz ha defendido públicamente la posibilidad de coordinar candidaturas con fuerzas como Sumar, Podemos, EH Bildu, BNG o Compromís, provincia a provincia, con el argumento de no regalar escaños al bloque de derechas y «extrema derecha».
La dirección de ERC ha querido marcar el perímetro de ese proyecto. El partido insiste en que sus «alianzas naturales» siguen siendo las formaciones soberanistas —con menciones explícitas a EH Bildu y BNG— y recuerda que ERC solo se presenta en Cataluña, la Comunidad Valenciana y Baleares. La consigna es clara: se puede explorar cooperación, pero sin diluir las siglas en un frente estatal y sin renunciar a la centralidad del independentismo catalán.
El relato que impulsa Rufián se apoya en la idea de que las izquierdas soberanistas de las distintas naciones del Estado deben ser el motor de una nueva mayoría progresista. En sus intervenciones públicas y en redes, ha repetido que la fragmentación de la izquierda a la izquierda del PSOE —con Sumar y Podemos en competencia— solo beneficia al adversario, y que es el momento de «hacer algo distinto» para evitar que «catorce izquierdas que representan lo mismo» se resten votos entre sí.
Desde la dirección de ERC, esa ambición se encuadra en la estrategia de «crecer hacia los lados» asociada al llamado junquerismo: sumar perfiles de la sociedad civil, ensanchar el espacio político y mantener al partido como fuerza central en Cataluña. Pero al mismo tiempo se recuerda que la prioridad sigue siendo la agenda soberanista catalana, un punto en el que no todos leen con la misma comodidad las propuestas de proyección estatal de su portavoz.