La diputada de la CUP, Laure Vega, durante un pleno en el ParlamentEuropa Press

La decadencia de la CUP: de condicionar gobiernos en Cataluña a desesperar por no caer en la irrelevancia

El partido antisistema que fue clave durante el procés afronta las municipales de 2027 sin aspirante en Barcelona

Durante la etapa del procés, la CUP fue decisiva para la formación de gobiernos secesionistas, condicionando a Junts y ERC desde posiciones de extrema izquierda y antisistema. Hoy, su papel en el Parlament es residual: mantiene cuatro diputados y ha quedado como séptima fuerza, sin capacidad para influir sobre el PSC de Salvador Illa, que ya no depende de sus votos para gobernar.

Esta pérdida de peso institucional se traslada a lo municipal, donde el partido afronta una debacle aún mayor. Las propias bases reconocen la existencia de un «ciclo descendente» desde 2019, con menos poder local, menos concejales y más dificultades para encontrar equipos y candidatos dispuestos a asumir una marca desgastada.

El caso de Barcelona es el más visible: la CUP es hoy la única formación relevante sin candidato oficial a la alcaldía, cuando el resto de partidos ya han activado sus aspirantes y precampañas. Según ha avanzado VilaWeb, la dirección espera presentar su cabeza de lista «al volver del verano», pero admite que no hay todavía una decisión tomada, lo que les deja fuera del imaginario electoral en una plaza clave.

En las municipales de 2023, la CUP se quedó fuera del pleno barcelonés con apenas un 3,8 % de los votos, por debajo del umbral del 5 % necesario para lograr representación. Barómetros posteriores apenas los situaban ligeramente por encima de Vox y cerca del PP, muy lejos de las épocas en las que aspiraban a condicionar la política municipal desde la izquierda radical.

La crisis no se limita a Barcelona. En Gerona y Berga, dos de sus principales bastiones, la CUP atraviesa momentos delicados: en la primera, gobierna en coalición mediante la plataforma Guanyem Girona, mientras en la segunda el relevo del actual alcalde cupaire abre la puerta a que Junts u otras fuerzas disputen una alcaldía simbólica para el municipalismo antisistema.

Aliança Catalana, con un discurso identitario y crítico con la inmigración, irrumpe además en comarcas del interior donde la CUP había tejido una red de casales y candidaturas de referencia. A la vez, el colauismo y los comunes ocupan buena parte del espacio de izquierda urbana en cuestiones como vivienda o políticas sociales, restando margen a la CUP para presentarse como única opción «rupturista».

En Lérida la CUP se plantea incluso renunciar a presentar lista propia y pivotar sobre acuerdos con los comunes, después de quedarse dos veces a las puertas del 5% y ver cómo crece el malestar social capitalizado por el PSC y el PP. La falta de militancia activa y la desmovilización de movimientos sociales en algunas zonas hacen que la dirección se pregunte si tiene sentido invertir recursos en candidaturas con escasas opciones reales.

Ese debate afecta a todo el interior catalán, donde estudios demoscópicos han llegado a situar a Aliança Catalana como primera fuerza en la demarcación de Lleida en unas hipotéticas elecciones autonómicas.

De cara a 2027, la CUP prevé reducir el número de candidaturas municipales respecto a las 167 que registró en la última cita. La idea es reforzar plazas donde la maquinaria local está más engrasada, como Olot, Sant Cugat, Sabadell o pequeños municipios del interior gerundense y del Bages, donde todavía conserva alcaldías y presencia relevante.

La formación anticapitalista ha fijado las municipales como «una oportunidad para reconectar con el electorado» y frenar su retroceso, pero lo hace desde una posición de debilidad que contrasta con su influencia en el Parlament durante los años del procés. Sin candidato claro en Barcelona, con feudos en riesgo y con nuevas fuerzas ocupando su espacio, la CUP afronta unas municipales que pueden confirmar su paso de actor clave del soberanismo a fuerza irrelevante en el nuevo ciclo político catalán.