El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, junto al presidente catalán, Salvador Illa, hace una semanaMatias Chiofalo / Europa Press

El 8 de agosto se cumplirán dos años de la toma de posesión de Salvador Illa como presidente de la Generalitat de Cataluña. Catorce años más tarde de la derrota de José Montilla el socialismo volvía al poder en Cataluña, y como en 2003 y 2006 lo hacía apoyado en la izquierda independentista de ERC y en la extrema izquierda representada antes por Iniciativa per Catalunya y ahora por los Comunes de Colau y Urtasun, que engulleron al partido eurocomunista.

Illa llego a la presidencia con un mensaje de normalización de las instituciones tras más de una década de Procès, con dos referéndums ilegales por medio en 2014 y 2017, y una declaración unilateral de independencia. La ausencia de Puigdemont y Junqueras del parlamento regional, uno por prófugo y el otro por inhabilitado por malversación, auguraba a Illa un mandato plácido que le conduciría a una victoria por mayoría absoluta en la siguiente convocatoria electoral pero la realidad ha sido muy distinta e Illa no ha sabido capitalizar la ausencia de oposición ni otros factores que jugaban a su favor como el hecho de el gobierno central este en manos de su correligionario y amigo, Pedro Sánchez, que al otro lado de la Plaza de San Jaime, el alcalde Barcelona sea el también socialista Jaume Collboni o que el establishment catalán haya recibido a Illa con alfombra roja porque están ávidos de normalidad y hartos de conflicto e inestabilidad.

Salvador Illa llega al ecuador de su mandato con todas las alarmas encendidas, si en las elecciones de mayo de 2024 logró en 34,8% de los votos y 42 escaños, el último barómetro del CEO, el CIS catalán, le sitúa 10,5 puntos por debajo del resultado logrado entonces y con entre cuatro y seis escaños menos.

La realidad es que Illa no ha sabido hacer frente a una serie de crisis no solo concatenadas si no que han convivido en el tiempo de forma simultánea. La crisis de Cercanías, una competencia que por una parte está semi transferida a la Generalitat y en la que no puede escudarse en la incompetencia de RENFE y ADIF dado que son organismos contralados por el ministerio de Oscar Puente.

Durante días y días los trenes simplemente no funcionaron y los retrasos, con una media de 20 minutos por trayecto de ida y otros veinte de vuelta se han cronificado hasta el punto de que el consumo del coche privado se ha disparado.

Junto con la crisis de infraestructuras y movilidad la otra gran crisis en la calle ha sido la educativa. Los sindicatos de profesores de la enseñanza pública, tradicionalmente aliados de la izquierda, están en pie de guerra, boicotearon el curso ya finalizado y han anunciado huelgas desde el primer día lectivo del curso 2026-2027 que da inicio el 8 de septiembre. El acuerdo con UGT y CC.OO, sindicatos siempre dispuestos a echar un capote a los socialistas pero minoritarios en el mundo de la enseñanza en Cataluña solo hecho más leña al fuego.

Las protestas callejeras de usuarios de Cercanías y profesores se han visto completadas por manifestaciones agrarias, de bibliotecarios, médicos y un largo etcétera.

Además, Illa ha tenido que afrontar la crisis de malversación y abusos de la dirección general de la infancia que ha cerrado en falso con una salida de la consejera ejecutada la mañana siguiente a la victoria de España en el mundial de fútbol para que pasará desapercibida y sobre todo con el fracaso de la política e vivienda.

Salvador Illa prometió a su llegada, como medida estrella, la construcción de 250.000 viviendas. Mientras ha cedido a todas las presiones en materia regulatoria y a favor de la intervención del mercado que le han realizado sus socios de Los Comunes-Sumar. Ha sido el precio para llegar al poder y aprobar los presupuestos, pero es un precio muy elevado por que la consecuencia es que el plan de vivienda ha fracaso y el mercado sigue subiendo de precio y la oferta se ha hundido.

Faltan dos años para las elecciones y antes hay municipales en la que se vislumbrará la tendencia del electorado catalán pero esas elecciones pueden ser un espejismo para Illa por que el PSC es, esencialmente, una máquina de poder local.

Las elecciones autonómicas en mayo de 2028 serán una nueva prueba de estrés de la política catalana con Silvia Orriols como verdadera alternativa a Illa. El secretario general el PSC y presidente de la Generalitat ha jugado con fuego, al igual que en su día Mitterrand en Francia dio alas a Le Pen para frenar a Chirac, Illa ha dado visibilidad con sus enfrentamientos en el parlament a la alcaldesa de Ripoll para así opacar la resto de fuerzas políticas. Como en Jurasic Park el experimento se le ha ido de las manos.