Funcionarios de la Generalidad retirando obras de arte para esconderlas de los bombardeosIngemus

La pugna por salvar el patrimonio que enfrentó a la Generalitat con el Gobierno

Durante la Guerra Civil, la Generalidad aplicó medidas de urgencia, traslados y evacuaciones para proteger el patrimonio artístico y documental catalán

En marzo de 1938, la ofensiva nacional en Aragón rompió el frente republicano y aisló a Cataluña. La proximidad de las operaciones militares y el incremento de los bombardeos sobre los centros urbanos desbarató la política patrimonial de la Generalidad, obligándola a articular medidas de urgencia para proteger las colecciones artísticas y documentales. La Catedral de Barcelona, el Palacio Nacional, el Palacio Episcopal y el Convento de la Esperanza sufrieron bombardeos. A ellos se sumaron destrozos en el Arxiu de Finances de Tarragona, el Museo Diocesano de Vic y la Catedral de Gerona.

Ante esta amenaza, la Generalidad adoptó una estrategia basada en la protección de elementos monumentales; el traslado de fondos amenazados a sótanos o edificios seguros en los mismos municipios y la evacuación de las piezas fundamentales a depósitos aislados cerca de los Pirineos o al extranjero. Se ejecutaron apuntalamientos y coberturas en portadas e interiores de templos en Barcelona, Tarragona, Ripoll, Girona y Castelló d'Empúries, previniendo la destrucción de los grandes monumentos de la arquitectura religiosa catalana. Archivos de capital importancia, como el Diocesano de Barcelona y el de la Corona de Aragón, trasladaron sus fondos más valiosos a sus plantas bajas o sótanos.

Aunque estas medidas coincidían en lo técnico con las del Gobierno central, existían divergencias de fondo. La Generalidad actuaba por motivos estrictamente culturales y de conservación, sumados al interés por prestigiar sus instituciones mediante exposiciones en el extranjero. El gobierno central recelaba de la salida de obras al exterior y bloqueó los intentos del Departamento de Cultura de la Generalidad de ampliar el contingente enviado a Francia tras la Exposición de Arte Medieval Catalán de 1936-1937.

El plan inicial de concentración de la Generalidad fijó en la iglesia de Sant Esteve de Olot el principal depósito de obras de arte. Bajo la custodia de Joaquim Borralleras se reunieron allí más de un millón de unidades de pintura y escultura románica y gótica, orfebrería, tejidos y cerámica. Para los archivos históricos se habilitaron Can Balcells, Can Trias, Can Creixells, El Noguer y La Noguera en Viladrau, donde Francisco Lupiani custodió 4.000 registros de la Cancillería Regia, 18.000 pergaminos del Archivo de la Corona de Aragón, así como valiosos fondos de la Catedral de Barcelona, del Archivo Histórico de la Ciudad y de diversos municipios.

La efectividad de estas evacuaciones preventivas se puso de manifiesto en Lérida antes de su caída el 3 de abril de 1938. Las obras reunidas en el Hospital de Santa María, fondos del Museo Diocesano, del Museo Morera y colecciones de Huesca, fueron trasladadas a la ermita de Butsènit. Allí se resguardaron el tesoro románico de Roda de Isábena, los tapices catedralicios y el Crucifijo de Salardú, que posteriormente rescató el Servicio de Recuperación Nacional en pleno frente.

Funcionarios de la Generalidad retirando obras de arte para esconderlas de los bombardeosIngemus

En el otoño de 1938, la amenaza aérea motivó la creación del depósito del Monasterio de Pedralbes como sede del Archivo Histórico General de Cataluña y lugar de acogida para los fondos del Convento de la Esperanza, que sufrió un bombardeo el 21 de octubre, y de otras localidades como Poblet, Reus, Tortosa e Igualada.

La estabilidad del depósito de Olot duró poco. La transformación de la zona en centro de reclutamiento e instalación de industrias bélicas obligó a trasladar las colecciones a enclaves aún más aislados y próximos a la frontera, como Mas Descals en Darnius y Mas Perxes en Agullana. Para evitar concentraciones masivas, se habilitaron recintos secundarios como Can Figuerolas en Seva, para los fondos del Museo Marítimo de Barcelona, y Can Pol en Bescanó, para las colecciones de Tarragona y los retablos de la Catedral de Tortosa.

En Mas Descals, bajo la responsabilidad de Joan Subias y custodiado por los Mossos d'Esquadra, se albergaron las tablas y pinturas murales más valiosas de los museos barceloneses, piezas de la Catedral de Vic y colecciones privadas incautadas. En Mas Perxes de Agullana se depositaron en la planta baja las colecciones del Museo Arqueológico de Barcelona y del yacimiento de Ampurias, mientras que la planta superior acogió una cuidada selección de retablos medievales.

El colapso de la República tras la batalla del Ebro y la ofensiva nacional sobre Cataluña, a finales de diciembre de 1938, desarticuló la administración autonómica. La masa de refugiados y el repliegue del Gobierno central transformaron el Ampurdán en una zona caótica. Los depósitos de arte se convirtieron de forma imprevista en residencias de altos cargos del Estado y cuarteles improvisados. Azaña se instaló en Perelada, Negrín en Agullana, Companys entre Darnius y Agullana, despojando a los refugios de la discreción geográfica que constituía su principal garantía de salvaguarda.

En medio de este descalabro, el Gobierno de la República intervino de forma unilateral. Pese a que el 26 de enero de 1939 los dirigentes catalanes reunidos en Montsolís acordaron mantener las obras en suelo nacional bajo custodia de funcionarios y Mossos d'Esquadra para entregarlas formalmente a los vencedores, el ministro de Estado Julio Álvarez del Vayo pactó con el Comité Internacional para la Salvaguardia de los Tesoros de Arte de España la evacuación urgente a Ginebra.

A partir del 3 de febrero de 1939, decenas de camiones trasladaron a Suiza las piezas almacenadas en Darnius y Agullana. La precipitación y el bloqueo de las carreteras provocaron que parte del cargamento quedara abandonado en la frontera o en las propias fincas. La expedición trasladó a Ginebra un tesoro excepcional. Allí llegaron 434 cajas de objetos de arte, 69 esculturas, 407 pinturas, 27 grabados y 11 dibujos. Entre ellas destacaban tablas de la Catedral de Barcelona, el Retablo de los Revendedores, la serie de Viladromat sobre San Francisco y notables pinturas de los siglos XIX y XX firmadas por Casas, Nonell, Picasso, Rusiñol, Sunyer y Zuloaga.

Al finalizar la guerra, los agentes del Servicio de Recuperación (SERPAN) constataron que los funcionarios autonómicos y los retenes de Mossos d'Esquadra, que no marcharon al exilio, permanecieron fieles en sus puestos en Viladrau, Seva, Agullana y Darnius, protegiendo las obras hasta la entrega oficial de los depósitos.