Eugeni Xammar

El cosmopolita catalán que conquistó el periodismo europeo desde las trincheras de una Europa en guerra

Eugeni Xammar fue un brillante e independiente periodista y diplomático catalán que destacó por sus lúcidas crónicas internacionales durante el siglo XX

La figura de Eugeni Xammar i Puigventós (1888-1973) ocupa un lugar singular y complejo en la historia del periodismo y la diplomacia española del siglo XX. Su perfil, caracterizado por una viva inteligencia analítica, un cosmopolitismo excepcional y un estilo literario caracterizado por la agudeza crítica, ha sido objeto de diversas lecturas contrapuestas. Mientras que algunos han puesto de relieve su brillante capacidad de observación y su compromiso con la legalidad republicana, otros han intentado descalificar su figura. Para ello han recurrido a acusaciones de amoralidad, supuestas irregularidades financieras y un cinismo instrumental.

Este tipo de caracterizaciones denigratorias buscaba deslegitimar no solo al individuo, sino también a las redes culturales de la burguesía catalanista y a la diplomacia de la II República en el exterior. Una visión desprovista de carga ideológica permite reconstruir la trayectoria de Xammar desde la complejidad de su época. Esto es, la de un intelectual heterodoxo movido por la movilidad geográfica, la lucidez periodística y una inquebrantable vocación cosmopolita.

Nacido en Barcelona en 1888 en el seno de una familia de tradición agraria y burguesa de L’Ametlla del Vallès. Xammar inició a temprana edad sus colaboraciones periodísticas y administrativas. En pleno auge del catalanismo político y de la modernización institucional impulsada por la Mancomunitat de Catalunya y entidades patronales como el Fomento del Trabajo Nacional, Xammar comenzó a frecuentar tertulias, círculos literarios y políticos de Barcelona. Su paso por estas instituciones coincidió con un periodo de intensa efervescencia ideológica y transformaciones sociales. Su posterior salida al extranjero responde al itinerario vital de un joven intelectual inquieto que buscaba ensanchar sus horizontes profesionales.

La I Guerra Mundial sorprendió a Xammar en Londres. Entró en contacto con destacadas figuras de la intelectualidad española afincadas allí o de paso por la capital británica, entre las que figuraban José María Salaverría, Azorín y Salvador de Madariaga. Allí se consolidó su reputación como analista internacional y le abrió las puertas de la recién creada Sociedad de Naciones. En la década de 1920, la articulación de este organismo multilateral en Ginebra exigió la incorporación de profesionales del periodismo y la diplomacia hispanohablantes para gestionar las secciones de información. Xammar asumió responsabilidades técnicas y de prensa en esta institución, relacionándose con la élite diplomática europea del periodo de entreguerras.

Después se instaló en Berlín como corresponsal de los periódicos La Veu de Catalunya, El Be Negre y Ahora. En la Alemania de Weimar y durante el ascenso del nacionalsocialismo, Xammar firmó algunas de sus crónicas periodísticas más célebres, destacando por su profunda lucidez analítica y su prosa pulida, distante y elegante. Debemos mencionar su entrevista a Hitler en noviembre de 1923.

Su integración en la sociedad alemana se afianzó tras su matrimonio con la ciudadana germana Amanda Fürstenwerth Goetsche, con quien estableció una convivencia dedicada al trabajo intelectual. Amanda murió en 1969. Luego se casó con Francine Mesne, funcionaria de la UNESCO, a la cual le llevaba cuarenta años. Cuando este sufrió una rotura de fémur, lo envió a su casa de L’Ametlla mientras ella se quedaba en París, visitándolo muy de tarde en tarde.

La proclamación de la II República en 1931 facilitó la incorporación de perfiles con amplia experiencia internacional a la carrera diplomática española. Vinculado ideológicamente al catalanismo republicano de Acció Catalana, Xammar fue nombrado agregado de prensa de la Embajada de España en Berlín por mediación del diplomático y político Lluís Nicolau d'Olwer. Desde esta posición, desempeñó labores de representación institucional e información comercial en un contexto de creciente tensión política.

La guerra civil alteró radicalmente su trayectoria. Tras asumir de manera interina la gestión de la representación diplomática en Berlín, debió abandonar Alemania debido a la rápida alineación del régimen hitleriano con el bando nacional. Se trasladó a París, donde se convirtió en una pieza clave de la Embajada republicana bajo las órdenes de los embajadores Luis Araquistáin, Álvaro de Albornoz, Ángel Ossorio Gallardo y Fernando de los Ríos. Junto a otras personalidades de la cultura catalana, como el poeta y diplomático Josep Carner, coordinó la política de información y gabinete de prensa del gobierno de la República.

Sus gestiones en la capital francesa incluyeron la relación directa con la prensa internacional, especialmente con la Agence Havas y sus directivos, y el contacto con periodistas, intelectuales y parlamentarios europeos. Los detractores de Xammar tacharon, en su momento, esta labor de red de sobornos e infamias orientada a manipular a la opinión pública extranjera. La realidad es que el esfuerzo de la delegación en París se orientó a contrarrestar la política de no intervención impuesta por las potencias occidentales y a mantener la causa republicana en el debate público internacional frente a la diplomacia de los sublevados.

De París lo enviaron a la embajada de La Haya con José María Semprún y a Estocolmo. Xammar estaba seguro de que la república acabaría perdiendo la guerra y quedaría totalmente aplastada. En febrero de 1939, al terminar la guerra en Cataluña, presentó su dimisión irrevocable. Alejado de la España de la posguerra, desempeñó funciones como traductor e intérprete en organismos internacionales de primer orden, como en la Organización de las Naciones Unidas y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, manteniendo viva su red de contactos con el exilio republicano y catalanista. También lo nombraron ayudante del redactor jefe de Associated Press en París.

En los últimos años de su vida dictó sus memorias, tituladas Seixanta anys de anar pel món (Sesenta años de ir por el mundo), obra póstuma considerada hoy un testimonio fundamental para comprender la evolución del periodismo europeo de entreguerras. El ataque a Xammar se centró en su adscripción al nacionalismo catalán. «Desde mi primer artículo y hasta mi muerte, no he hecho otra cosa que contribuir, fuera con una pluma o una máquina de escribir, a la restauración del sentimiento de dignidad nacional en Cataluña». A pesar de esto, es considerado como uno de los grandes maestros del periodismo narrativo y de análisis del siglo XX español.