El presidente de la ANC, Josep Vila, en la presentación de la concentración por la Diada
Cataluña
El independentismo catalán recrudece sus peleas intestinas a falta de tres semanas para la Diada
El auge de Aliança Catalana y la proximidad de las elecciones municipales crispa los ánimos de la gran fiesta separatista
Según el último barómetro del Centro de Estudios de Opinión (CEO) de la Generalitat, un 45% de catalanes votaría «sí» a la independencia de Cataluña en un hipotético referéndum. Se trata de la cifra más alta de los últimos años –en 2025 el porcentaje se situaba en el 39%, y hay que retroceder hasta 2020 para encontrar un dato similar–, pero sigue siendo menos que los partidarios del «no», que se sitúan en el 51% del total.
Dentro de tres semanas, el 11 de septiembre, se celebrará la Diada Nacional de Cataluña, fiesta que el secesionismo ha utilizado año tras año para realizar una gran exhibición de músculo. Durante el procés llegaron a conseguir movilizar a 1,8 millones de personas, pero en los últimos años las cifras han sido deprimentes para sus organizadores: en 2025 apenas reunieron a 28.000 personas en Barcelona.
Inasequibles al desaliento –no en vano, el 11-S se conmemora una derrota, la caída de Barcelona durante la Guerra de Sucesión–, las principales entidades independentistas han vuelto a convocar una concentración en torno a las 17,14h, como es habitual. Con el lema «Estoy. Estamos. Independencia», organizaciones como la ANC, Òmnium Cultural o la Asociación de Municipios por la Independencia han convocado tres manifestaciones simultáneas: en Barcelona, Gerona y Amposta.
Sin embargo, el independentismo llega a la cita más dividido que nunca. Por un lado, los dos grandes partidos separatistas –ERC y Junts– se han pasado los últimos años reprochándose mutuamente su apoyo a los gobiernos socialistas en Madrid y Barcelona a cambio de pactos que no se han cumplido, o no se han cumplido del todo. La CUP está de capa caída, y la cuarta formación separatista en escena, Aliança Catalana (AC), ha roto del todo la posible unidad independentista.
Así ha quedado patente esta semana, durante la celebración de la 58ª edición de la Universidad Catalana de Verano, la reunión pancatalanista que se celebra cada año en el sur de Francia. Allí, los máximos representantes de ERC y de Junts han dedicado buena parte de su energía a cargar contra los de Sílvia Orriols y a dejar claro que no quieren tener nada que ver con ellos… al menos –y esta es la parte que no se ha dicho en voz alta–, hasta después de las elecciones municipales de mayo de 2027.
Junts, ERC y Aliança
De esta manera, el secretario general de Junts, Jordi Turull, acusó a AC de formar parte de las «cloacas del Estado» y aseguró que el deber de su partido es «combatir los discursos de odio» que atribuye al espacio político que representa Orriols. El presidente del Parlament, Josep Rull, añadió que «los que hacen un planteamiento etnicista ponen en riesgo la viabilidad de la nación y el proyecto de independencia».
Tanto Turull como Rull hablaban teniendo muy presentes las últimas encuestas, como el citado barómetro del CEO, según el cual casi uno de cada tres votantes de Junts se pasarían a AC en unas hipotéticas elecciones autonómicas. Los de Carles Puigdemont, en este escenario, perderían hasta 20 diputados.
La presidenta de Aliança Catalana, Sílvia Orriols, en una imagen de archivo
Por su parte, el presidente de ERC, Oriol Junqueras, también cargó contra AC en la UCE. En una de sus intervenciones de este viernes descartó los pactos con AC, porque «no se puede hacer nada bueno ni serio con cualquier grupo político o social o de cualquier tipo que predica el odio contra su propio país y contra su propia sociedad». Y añadía: «El odio es incompatible, sobre todo el odio dirigido a tu propio país y tu propia sociedad, con la construcción de un futuro compartido».
Junqueras aseguró que sí estará en la manifestación del 11-S, una concentración de la cual sus organizadores quieren expulsar a los de Orriols, como ya ocurriera el año pasado. Así, el presidente de Òmnium, Xavier Antich, ejerció el chestertoniano arte de la paradoja al afirmar a la vez que el 11-S pretende reivindicar «una Cataluña inclusiva» que no deja a nadie atrás y que las «posiciones xenófobas que pretenden excluir de la catalanidad una parte de los catalanes» no están dentro de los «grandes consensos».
Como sea, un año más, el independentismo catalán prepara la que tendría que ser su gran fiesta luchando contra la desmovilización creciente e inmerso en luchas partidistas. Lo previsible, como ya ocurriera en 2025, es que Orriols aparezca en Barcelona el 11-S y se dé un baño de masas. AC está disparada en todas las encuestas, y el curso que ahora empieza será un curso preelectoral, por lo que todos los ánimos estarán más crispados.