La herencia sagrada y nobiliaria que convirtió a un duque en una figura única en Europawikipedia

La herencia sagrada y nobiliaria que convirtió a un duque en una figura única en Europa

Manuel de Llanza, aristócrata y político carlista, reunió en su linaje a la alta nobleza europea, Lucrecia Borgia y tres santos

La historia de la nobleza europea suele percibirse como un intrincado tapiz de alianzas dinásticas, títulos acumulados y disputas de poder. Aunque esto es cierto, a finales del siglo XIX una sola persona logró concentrar una serie de títulos nobiliarios con un profundo poso histórico y religioso. Nos referimos a Manuel de Llanza y Pignatelli de Aragón, duque de Solferino. En su figura convergían desde las grandes casas principescas del Sacro Imperio Romano Germánico hasta una de las mujeres más célebres del Renacimiento italiano, así como a tres figuras veneradas en los altares de la Iglesia Católica.

Nacido en Barcelona en el seno de una de las familias más distinguidas de la nobleza catalana, Manuel de Llanza y Pignatelli de Aragón encarnó el ideal del aristócrata comprometido con los principios del carlismo y el catolicismo tradicionalista. Entre otros títulos ostentaba el de duque de Solferino, conde de Centellas, marqués de Coscojuela, duque de Monteleón, marqués del Valle de Oaxaca, señor de la Torre de Godmar y Grande de España, la máxima distinción honorífica de la nobleza hispana.

Lejos de recluirse en el sosiego contemplativo de sus posesiones patrimoniales, asumió un papel protagonista en la vida pública. Fue elegido diputado a Cortes y senador del Reino, llegando a ejercer como máximo representante de la Comunión Tradicionalista en Cataluña. Su figura destacó por una incansable labor defensora del tradicionalismo católico y por un mecenazgo social, cultural y religioso de gran calado en la Barcelona de principios del siglo XX.

Para la aristocracia del siglo XIX y principios del XX figurar, de forma oficial, en las páginas del Almanach de Gotha, publicación diplomática y genealógica editada anualmente en Alemania, no constituía un mero catálogo de cortesía ni un honor circunstancial. Representaba la validación internacional más exigente del estatus nobiliario de una familia ante las casas reinantes de Europa.

La inclusión de Manuel de Llanza en las secciones del Gotha obedecía a criterios estrictos. Por el ducado de Solferino, creado en Italia para la Casa de Gonzaga, dinastía de príncipes reinantes en el Sacro Imperio Romano Germánico. El anuario registraba a las distintas ramas de estas casas en su sección dedicada a la alta nobleza y casas mediatizadas. Por línea materna, el duque pertenecía a la antiquísima e insigne casa italo-aragonesa de los Pignatelli de Aragón, un apellido con amplio reconocimiento diplomático e internacional. En su sección dedicada a la nobleza no soberana de mayor jerarquía continental, el Almanaque incluía a los jefes de las casas que ostentaban la Grandeza de España.

Uno de los nexos genealógicos más fascinantes de Manuel de Llanza es su descendencia directa de Lucrecia Borgia (1480-1519), duquesa de Ferrara e hija de Rodrigo de Borja, el papa Alejandro VI. La noble casa catalana de los Llanza entroncó con este linaje renacentista a través de una sólida cadena de matrimonios aristocráticos. Del matrimonio de Lucrecia Borgia con Alfonso I de Este nació Francisco de Este, marqués de Massalombarda. Su hija Marfisa de Este casó con Aldemaro Cibo, iniciando una sucesión de uniones estratégicas entre destacadas familias principescas italianas como los Cibo, los Pico de la Mirándola y los Gonzaga, príncipes de Castiglione y señores de Solferino.

El 21 de diciembre de 1717 Felipe V le concedió al italiano Francisco Gonzaga Pico de la Mirandola el ducado de Solferino bajo la dignidad nobiliaria española. Su hija, María Luisa Gonzaga, unió la casa ducal con la de Pignatelli al casarse con el príncipe Joaquín Anastasio Pignatelli de Aragón. El 16 de julio de 1849 María de la Concepción Pignatelli de Aragón y Belloni, IX duquesa de Solferino, contrajo matrimonio con el noble catalán Benito de Llanza y Esquivel. De esta unión nació Manuel de Llanza, heredando los títulos y sellando el vínculo definitivo entre los Borgia y la familia Llanza.

Pocos linajes europeos presentan una proximidad de sangre y parentesco tan notable con el santoral católico. Manuel de Llanza no solo heredó honores temporales, sino una herencia familiar vinculada con tres referentes de la Iglesia.

San Francisco de Borja (1510-1572). La relación con el tercer Prepósito General de la Compañía de Jesús deriva del tronco común del el papa Alejandro VI. Mientras que Lucrecia Borgia era hija del pontífice, san Francisco era su biznieto, hijo de Juan de Borja y Enríquez de Luna y nieto de Juan de Borja y Cattanei, hermano mayor de Lucrecia. Esta era tía segunda del santo duque de Gandía, lo que convierte a Manuel de Llanza en pariente consanguíneo de san Francisco de Borja.

San Luis Gonzaga (1568-1591). El patrono de la juventud nació en Castiglione delle Stiviere, en el seno de la misma familia de los marqueses de Castiglione que dio origen al título ducal de Solferino. Francisco Gonzaga, primer duque de Solferino en España, compartía linaje, territorio y antepasados comunes con el santo italiano, por eso Manuel de Llanza era príncipe de Castiglione, jefe y pariente mayor de la Serenísima casa de Gonzaga.

San José de Pignatelli (1737-1811). El entronque con el restaurador de la Compañía de Jesús en España procede de la rama materna. El hermano mayor del santo, Juan Joaquín Atanasio Pignatelli de Aragón, casó en 1741 con María Luisa de Gonzaga, heredera de la Casa de Solferino. Los sobrinos carnales de san José de Pignatelli heredaron los títulos ducales, uniendo los Pignatelli con la Casa de Solferino, por eso Manuel de Llanza era Príncipe de Pignatelli y del Sacro Imperio.

Manuel de Llanza falleció en Barcelona el 18 de julio de 1927 a causa de una embolia pulmonar. Aunque en los últimos años estuvo en contra de la línea política del carlismo, el pretendiente carlista Jaime de Borbón envió un telegrama manifestando su inmenso pesar por la pérdida del fiel amigo. El secretario de Alfonso XIII transmitió las condolencias del rey, destacando el respeto hacia los ideales políticos y la lealtad del duque, calificándolo como un buen patriota dispuesto a servir a los intereses de España y a la causa del orden. Manuel de Llanza fue enterrado en el panteón de los condes de Centellas.