Montañas rusas, fast food y faquires que revolucionaron el entretenimiento barcelonés en el Maricel Park
Montañas rusas, fast food y faquires que revolucionaron el entretenimiento barcelonés en el Maricel Park
Inaugurado en 1930 en Montjuïch, Maricel Park revolucionó el ocio barcelonés con atracciones, comida rápida y espectáculos, hasta cerrar en 1936
La clausura de la Exposición Universal de Barcelona de 1929 dejó como interrogante cuál debía ser el destino del espacio público y monumental de la montaña de Montjuïch. Durante los doce meses en que la gran feria internacional permaneció abierta al público, uno de los enclaves de mayor éxito y afluencia popular había sido el parque de atracciones instalado de forma provisional en el barranco de la Foixarda.
Las gente que abarrotaban cada día aquel recinto demostraron que la ciudadanía barcelonesa sentía una verdadera fascinación por las modernas formas de ocio urbano y los espectáculos de masas. Ante la contundencia de esta respuesta social, las autoridades locales y diversos inversores privados comprendieron que la ladera de la montaña no podía ser un espacio desaprovechado. Existía la firme determinación de canalizar ese entusiasmo mediante la creación de un complejo recreativo de carácter permanente que consolidara a Montjuïch como el gran pulmón festivo de la capital catalana.
Fue en ese contexto cuando, en junio de 1930, se inauguró el Maricel Park. El lugar elegido fue una franja de la ladera marítima, en el espacio comprendido entre la zona de Miramar y la estación superior del funicular. El acceso principal al recinto se estableció desde la céntrica plaza de Dante, dando paso a una extensión de unos 75.000 metros cuadrados.
Para transformar esa accidentada geografía en un entorno transitable y apto para el esparcimiento de miles de personas, los ingenieros tuvieron que acometer un minucioso trabajo de reordenación del suelo. La montaña fue modelada mediante la construcción de diversas terrazas escalonadas que salvaban el desnivel existente y permitían instalar con total seguridad los diferentes puestos, escenarios y complejas estructuras mecánicas.
La gestión del recinto se concedió a la Sociedad Anónima Parks, S.A. Los accionistas mayoritarios de esta sociedad eran los mismos propietarios de la compañía que gestionaba el Funicular de Montjuïch. Esta coincidencia en el accionariado no respondía a la casualidad, sino a una visión de negocio integrada. La presencia del parque de atracciones garantizaba un flujo constante e ininterrumpido de pasajeros para el funicular durante los fines de semana y los periodos de vacaciones, mientras que el transporte por cable ofrecía a las familias barcelonesas un medio rápido, cómodo y atractivo para salvar la altura de la montaña y plantarse en las puertas del Maricel.
Para garantizar la viabilidad económica inicial y acelerar el calendario de apertura, los gestores decidieron recuperar y trasladar al nuevo recinto varias de las atracciones mecánicas que mejor rendimiento habían ofrecido durante la etapa de la Foixarda. El Maricel Park no se limitó a replicar fórmulas del pasado, sino que diseñó una oferta renovada y de vanguardia pensada para cautivar a un público cada vez más exigente.
El catálogo de entretenimiento del parque incluía montañas rusas de madera que serpenteaban por las terrazas, vertiginosos toboganes, pistas de coches de choque conocidas en la época como skooter, atracciones mecánicas de movimiento como las wishing-waves, cascadas de agua decorativas, una cuidada pista de skating y exhibiciones nocturnas de castillos de fuegos japoneses que iluminaban la bahía de la ciudad.
El recinto también potenció la oferta gastronómica y el ocio nocturno gracias a la apertura de un gran restaurante central. En sus comedores se servían los célebres ápats a la americana, el actual fast food con hot dogs, hamburguesas y sándwiches, que causaba sensación entre la burguesía y las clases medias de la época, acompañado de actuaciones musicales y veladas de baile en directo.
La dirección del parque apostó de manera continuada por la organización de eventos multitudinarios que atraían a públicos muy diversos. En sus pistas al aire libre se disputaron combates de boxeo, partidos internacionales de baloncesto y de hockey sobre patines. Maricel Park constituyó y financió un equipo oficial de hockey que competía bajo el nombre del recinto. El escenario acogía las actuaciones de artistas curiosos y números de variedades. Entre estas destacó Har-Haj, un faquir que conmocionaba a la audiencia simulando quemarse vivo sin sufrir daño.
El recinto cedía sus instalaciones para la celebración de festivales escolares, conmemoraciones gremiales y actos de carácter benéfico. En julio de 1932 las terrazas del parque se vistieron de gala para acoger el Festival de las Escuelas Francesas, un encuentro que reunió a cientos de estudiantes y familias. En julio de 1933 acogió la Verbena del Cinema, un multitudinario evento popular que incluyó un concurso de aspirantes a nuevos actores de la pantalla y la esperada elección de la gala Miss Cinema 1933.
En septiembre de 1933 se celebró con gran éxito de asistencia la Fiesta de los Mercados de Barcelona, una jornada festiva orientada a recaudar fondos económicos para el Hospital Clínico. Los eventos dedicados al público infantil mantuvieron asimismo una presencia constante en la programación, destacando la gran Festa Infantil organizada en junio de 1935, que incluyó un vistoso despegue de globos aerostáticos amenizado por la figura de Don Sisebuto, un personajes popular creado por Joaquín Abati Díaz.
A pesar de haber alcanzado un éxito rotundo y de haberse consolidado como uno de los referentes del ocio barcelonés, la historia del Maricel Park se interrumpió en el verano de 1936. El estallido de la guerra civil alteró radicalmente la rutina festiva de la capital catalana y convirtió la montaña de Montjuïch en una zona peligrosa. La gerencia se vio obligada a echar el cierre definitivo, dejando las montañas rusas, los escenarios y los toboganes sumidos en el silencio y el abandono.
Terminada la guerra civil las terrazas desmanteladas de la antigua atracción fueron ocupadas por familias desfavorecidas e inmigrantes que llegaban a la ciudad en busca de trabajo. Allí empezaron a construirse, donde antes habían atracciones, asentamientos informales de viviendas precarias. Ese barrio de barracas conservó la denominación inicial del recinto, pasando a ser conocido popularmente como el barrio Maricel, que enlazaba con los asentamiento chabolista Tres Pins y Can Valero. Las chabolas fueron derribadas en 1964 y en 1966 se inauguró el Parque de Atracciones de Montjuïch.