Imagen de Oriol Junqueras y Gabriel Rufián
Cataluña
La crisis en Ceuta evidencia el giro de 180º en el discurso de ERC: «No podemos acoger infinitamente»
Junqueras reclama ahora que Cataluña no puede asumir una acogida «infinita», mientras Rufián defendía en 2021 aumentar la llegada de menores extranjeros y acusaba de racismo a quienes la cuestionaban
Esquerra Republicana (ERC) ha cambiado el tono. El partido que hace apenas cinco años reivindicaba públicamente una mayor acogida de menores extranjeros no acompañados habla ahora de límites, capacidad de los servicios públicos y necesidad de que el Estado asuma su responsabilidad en el control de las fronteras. Un giro que se produce mientras Aliança Catalana gana terreno en Cataluña colocando la inmigración y la seguridad en el centro de su discurso y cuando ERC prepara las próximas elecciones municipales.
La nueva posición ha quedado especialmente expuesta durante la crisis migratoria de Ceuta. El presidente de ERC, Oriol Junqueras, ha defendido que Cataluña debe mantener su compromiso humanitario, pero ha advertido de que no puede asumir una acogida ilimitada. «Cataluña, como en cualquier otro país del mundo, no tiene servicios suficientes para acoger infinitamente», ha afirmado esta semana.
Junqueras ha puesto el foco en la capacidad material de la comunidad: vivienda, transporte, sanidad, educación, agua y energía. Su argumento es que antes de seguir aumentando la población es necesario mejorar las condiciones de quienes ya viven en Cataluña. Al mismo tiempo, reclama al Gobierno de Pedro Sánchez que asuma su responsabilidad ante la crisis de Ceuta y que no traslade automáticamente a las comunidades autónomas la presión derivada de los flujos migratorios.
El cambio resulta especialmente evidente cuando se rescata la hemeroteca de ERC. En abril de 2021, el portavoz republicano en el Congreso, Gabriel Rufián, reaccionó contra la campaña de Vox por los menores extranjeros no acompañados reivindicando que Cataluña acogía a muchos de ellos. «Más solidaridad, más menores extranjeros no acompañados, más acogida», proclamó entonces, al tiempo que acusaba de racismo, homofobia y xenofobia a quienes cuestionaban esas políticas.
El contraste con el discurso actual no se limita a Junqueras. El propio Rufián ha modificado su lenguaje y ahora habla de los flujos migratorios como un «reto» que debe abordarse sin tabúes, reivindicando una política que combine derechos y obligaciones. El portavoz republicano ha insistido además en la necesidad de ordenar la inmigración y recuperar vías legales de entrada.
La presión de Aliança Catalana
El viraje se produce en un escenario político muy diferente al de 2021. Aliança Catalana, liderada por Sílvia Orriols, ha conseguido introducir la inmigración, la seguridad y la identidad en el centro del debate político catalán. Las encuestas han situado a la formación como una amenaza electoral para los partidos independentistas tradicionales, especialmente en determinados municipios y barrios.
ERC no es el único partido que ha reaccionado. Junts también ha endurecido su posición migratoria y ha reclamado mayores competencias para Cataluña. Pero los republicanos afrontan un problema añadido: tradicionalmente habían ocupado un espacio mucho más alejado de este discurso y ahora intentan demostrar a sus alcaldes y a su electorado que también pueden hablar de seguridad, inmigración e integración sin ceder ese terreno a la derecha independentista.
El propio Junqueras ha responsabilizado a Junts de facilitar el crecimiento de Aliança Catalana. En julio acusó a la formación de Puigdemont de no ser útil en determinadas cuestiones y de «allanar el camino» a Orriols
La estrategia también se ha trasladado al ámbito municipal. ERC ha comenzado a preparar a sus alcaldes para afrontar problemas relacionados con la seguridad y ha incorporado un discurso de mayor firmeza. El partido ha utilizado incluso la expresión «tolerancia cero» en un manual dirigido a sus responsables municipales.
Y en Barcelona el cambio tiene un rostro muy concreto: Elisenda Alamany. La secretaria general de ERC y candidata a la Alcaldía ha asumido buena parte del discurso más duro de la formación. En marzo llegó a utilizar la expresión «gran reemplazo» para denunciar la sustitución del comercio tradicional de Barcelona por supermercados abiertos 24 horas y tiendas de souvenirs. Aunque posteriormente se disculpó por el término y negó cualquier relación con la teoría defendida por la extrema derecha, el episodio evidenció hasta qué punto los republicanos estaban entrando en un terreno que hasta entonces habían dejado fundamentalmente a otras formaciones.
Alamany ha ido más allá al situar la identidad catalana en el centro de su estrategia para las municipales de 2027. ERC ha empezado a hablar de pérdida de tejido comercial, de cambios demográficos y de presión sobre los servicios públicos, un lenguaje que supone una evolución respecto al discurso predominante en el partido durante los últimos años.
El caso de los menores extranjeros
El cambio se aprecia con especial claridad en el debate sobre los menores extranjeros no acompañados. Cataluña figura entre las comunidades con mayor capacidad ordinaria de acogida: el nuevo reparto estatal fija para la comunidad una capacidad de 2.829 menores dentro del sistema ordinario de protección.
En 2021, ERC defendía que Cataluña debía ser solidaria y ampliar la acogida. Ahora Junqueras sostiene que esa solidaridad tiene un límite material y que no puede traducirse en una obligación permanente de asumir nuevos menores sin tener en cuenta la capacidad de los servicios públicos.
La posición actual de ERC tampoco equivale a rechazar cualquier acogida. Junqueras ha mantenido que, si un niño o una niña se encuentra en una situación de necesidad, no se le puede negar ayuda. Lo que introduce ahora es la idea de que esa solidaridad debe estar condicionada por la capacidad real del sistema y acompañada de recursos y corresponsabilidad estatal.
Es precisamente ahí donde se encuentra la principal diferencia respecto al discurso de hace cinco años. En 2021, Rufián convirtió la acogida de menores en una bandera política frente a Vox. En 2026, la dirección de ERC evita reivindicar una ampliación ilimitada y pone el acento en ordenar los flujos, establecer límites y exigir al Estado que ejerza sus competencias.
El giro tiene también una lectura electoral. Aliança Catalana ha demostrado que existe un espacio para un discurso identitario y restrictivo en materia migratoria dentro del independentismo. ERC intenta ahora disputar parte de ese terreno sin asumir abiertamente el discurso de Orriols. De ahí la combinación de mensajes: defensa de la acogida y de los derechos de los migrantes, pero también límites; rechazo de la xenofobia, pero mayor énfasis en seguridad; defensa de la inmigración ordenada, pero crítica a un crecimiento demográfico que, según los republicanos, no puede desligarse de la capacidad de vivienda y de los servicios públicos.
El resultado es un cambio de posición significativo. Aquel «más solidaridad, más menas, más acogida» que Rufián reivindicaba frente a Vox en 2021 ha dejado paso a una advertencia mucho más prudente: Cataluña puede seguir acogiendo, pero no puede hacerlo de manera ilimitada. Y detrás de ese cambio hay una batalla política que ERC ya no puede ignorar: la que Aliança Catalana ha abierto por el voto independentista más preocupado por la inmigración, la seguridad y la identidad.