Varios personas durante la manifestación convocada por la Taula de l'Esquerra Independentista --formada por CUP, Arran, Alerta Solidària, COS, SEPC y Endavant– con motivo de la Diada, Día de Catalunya, a 11 de septiembre de 2022, en Barcelona, Cataluña (España).Europa Press

El nacionalismo recurre al victimismo para difuminar su previsible fracaso de convocatoria en la Diada

La ANC dará protagonismo a los coristas expulsados de la Sagrada Familia durante la misa del Papa y aviva la polémica de las esteladas, mientras el movimiento llega fragmentado y con Aliança Catalana de nuevo al margen de la marcha oficial

Cataluña vuelve a vestirse de amarillo este viernes 11 de septiembre para una Diada que las entidades separatistas —encabezadas por la Assemblea Nacional Catalana (ANC), con el respaldo de Òmnium Cultural y otras organizaciones— han vuelto a trocear en tres sedes simultáneas: Barcelona, Gerona y Amposta. Bajo el lema «Aquí estoy. Aquí estamos. Por el presente y por el futuro: independencia», el independentismo busca insuflar ánimo a una movilización que arrastra su asistencia más baja en más de una década, y esta vez recurre al victimismo y a la exaltación de la estelada para disimular el desgaste.

El gesto más llamativo llegará por la tarde tarde: la ANC dará protagonismo, en la columna de Barcelona, al grupo de coristas expulsados de la Sagrada Familia el pasado 10 de junio durante la misa que presidió el papa León XIV. Aquellos cantores tenían previsto romper el protocolo religioso —cambiar el Virolai por Els Segadors y corear «independència» en la despedida papal—, según se confirmó viendo las propias partituras repartidas de forma clandestina. Pese a que su propósito era boicotear una eucaristía oficiada por el Pontífice, la ANC los presenta ahora como víctimas de una supuesta limitación de su libertad de expresión. El episodio tiene además recorrido judicial: un juzgado de Barcelona ha admitido a trámite una querella de la asociación Acció Cassandra por la expulsión de hasta 600 cantores, algunos con esteladas impresas en sus partituras.

La estelada vertebra también el resto del discurso movilizador. El presidente de la ANC, Josep Vila, ha elogiado que el FC Barcelona cancelara un homenaje a la selección campeona del mundo para exhibir banderas independentistas en el Camp Nou, y pide trasladar ese ambiente «a la calle» este 11-S. En ese mismo clima, Carles Puigdemont, huido de la Justicia en Bélgica, acusó este lunes a la Policía Nacional de una «ola neonazi» por un incidente con una estelada en el partido Europa-Alcorcón, sin que exista vídeo del episodio ni versión policial conocida, y llegó a comparar a los cuerpos de seguridad del Estado con el nazismo.

Todo este despliegue llega, sin embargo, tras la peor Diada de la década: el año pasado la manifestación de Barcelona cayó a 28.000 asistentes según la Guardia Urbana, frente a los 60.000 de 2024, con apenas 41.500 en el conjunto de las tres sedes. A la falta de tirón se suma la fractura interna: Aliança Catalana vuelve a marchar por libre, con tensiones anticipadas frente a la CUP, en contradicción con el mensaje de unidad que promete el lema de este año.