Truman Capote concibió en la tranquilidad de Palamós su obra maestra A sangre fría
Historia
De la paz de Palamós al horror de Kansas para dar forma a la obra maestra del true crime
Truman Capote concibió en la tranquilidad de Palamós su obra maestra A sangre fría, fundando la novela de no ficción y el true crime
La obra A sangre fría de Truman Capote cambió el panorama literario del siglo XX al poner las bases de lo que se conoce como true crime. La brutalidad que se vivió en Holcomb (Kansas) tuvo su contraste con el municipio de la Costa Brava de Palamós. Aquí Capote encontró el lugar perfecto para estructurar y redactar las notas, entrevistas y documentos procesales que, una vez ordenados, revolucionó el periodismo testimonial y la narrativa de ficción.
El 15 de noviembre de 1959 cuatro miembros de la familia Clutter, el padre Herbert, su esposa Bonnie y sus jóvenes hijos Nancy y Kenyon, fueron maniatados y ejecutados a quemarropa en el interior de su granja. Los ejecutores de la masacre, Richard «Dick» Hickock y Perry Smith, eran dos exconvictos en libertad condicional que actuaron motivados por la falsa promesa de una caja fuerte con miles de dólares. Solo obtuvieron cincuenta dólares, un radio portátil y unos prismáticos.
Fascinado por una breve reseña de la noticia en The New York Times, Capote intuyó el enorme potencial dramático del suceso e inició una exhaustiva investigación junto a su amiga Harper Lee, acumulando durante 6 años 8.000 páginas de notas sobre las víctimas, los asesinos, los investigadores policiales y el entorno social de Kansas.
Para poner en orden todo aquello necesitaba alejarse de la presión mediática y del bullicio social de Nueva York. En la primavera de 1960, siguiendo la recomendación de su amigo el periodista Robert Ruark, Capote llegó a Palamós con su pareja, el también escritor Jack Dunphy, sus dos perros de raza bulldog y una gata. Durante tres estancias veraniegas, de 1960 a 1962, habitó en lugares bien diferenciados del municipio gerundense, cada uno vinculado a un estado anímico y a una fase de redacción específica.
La primera parada fue el Hotel Trias. El escritor se instaló allí, entablando amistad con sus propietarios, en especial con Josep Colomer y María Trias, a quienes fascinaba con su conversación e historias. En los salones del hotel y en su habitación comenzó a clasificar los datos del crimen. Los atardeceres en la terraza, acompañados de cócteles de ginebra o martini, se convirtieron en un ritual diario. Allí vivió momentos de intensa emoción personal, como el 4 de agosto de 1962 cuando, tras comprar la prensa, regresó desencajado gritando que su gran amiga Marilyn Monroe había fallecido.
Después Capote alquiló una casa con vistas a la playa de la Catifa y un chalet en Sant Antoni de Calonge. Allí se levantaba a primera hora de la mañana y pasaba horas redactando en silencio. El entorno luminoso sirvió de contrapunto para dar forma a la primera y segunda parte de la novela, donde el autor alternó la rutina apacible de los Clutter con el avance siniestro de Perry y Dick a bordo de un coche robado, logrando una tensión magistral.
Luego buscó un lugar más recluido instalándose en Cala Sènia, una casa señorial propiedad de Luis Cayetano de Urquijo Ussía, marqués de Amurrio, que luego compró la familia Ferrer-Salat, hoy es la residencia literaria Finestres. Allí redactó las reconstrucciones de los interrogatorios policiales, los detalles fríos de la matanza y la minuciosa exploración psicológica de Perry Smith, con quien mantuvo un cruce epistolar fluido mientras este aguardaba el fallo judicial en el corredor de la muerte.
El impacto de Capote en la población local fue profundo y recíproco. Para los pescadores, comerciantes y vecinos la presencia de Capote constituía un espectáculo insólito. Un hombre de reducida estatura, voz aflautada, indumentarias de vivos colores, ademanes extravagantes y escoltado por sus bulldogs no pasaba desapercibido.
Capote se integró en la vida cotidiana con singular afinidad. Compraba pescado fresco en la lonja, visitaba los comercios del centro y nadaba en solitario en las calas. Los habitantes del municipio lo trataban con respeto, curiosidad y afecto, llamándole «el señor Truman». Para el escritor la discreción y tranquilidad fue indispensable. En sus cartas describía Palamós como un paraíso terrenal donde la gastronomía, el clima y la amabilidad de la gente le permitían mantener la serenidad mental necesaria para sumergirse diariamente en el horror de los asesinatos de Holcomb.
El verdadero valor de A sangre fría radica en que pulverizó la barrera entre el periodismo testimonial y las técnicas propias de la narrativa de ficción. Capote no inventó los hechos, pero les dio ritmo y profundidad psicológica, algo inédito hasta entonces. Al aplicar el manejo del tiempo, la intriga, la ambientación atmosférica, los diálogos y la polifonía de voces, a un suceso verídico e investigado con rigor, creó la novela de no ficción. La estructura del libro, dividida en tres bloques, que presentan el contraste inicial entre víctimas y agresores, el desarrollo del crimen junto a la pesquisa del detective Alvin Dewey, y la cacería final que concluye en el tribunal y en la horca, funciona a la perfección.
Desde el ángulo temático, el análisis de la obra destaca por su audaz y perturbadora inmersión en la psique de los criminales. Lejos de satanizar a los asesinos, humanizó la figura de Perry Smith, desentrañando su infancia marcada por el abandono, los abusos y sus frustradas aspiraciones artísticas. Esto no pretendía exculpar la atrocidad del crimen, sino enfrentar al lector a la paradoja de empatizar con un individuo capaz de cometer actos desgarradores, exponiendo la fragilidad de la frontera entre el bien y el mal.
Escribir esta obra maestra dejó un coste personal en la vida Capote. La prolongada inmersión en la violencia, unida a la tóxica dependencia emocional que estableció con Perry Smith y al hecho éticamente ambiguo que el libro solo podía terminarse con la ejecución de los reos en la horca, destrozó la salud mental de Capote. Tras el éxito se sumió en una espiral destructiva de depresión y adicciones de la que jamás logró liberarse. La crítica posterior ha cuestionado ciertos aspectos de la veracidad del texto, señalando que dramatizó algunas escenas o alteró diálogos para potenciar el impacto dramático, abriendo un debate sobre los límites entre el rigor informativo y la licencia lírica.