La portavoz de Junts en el Congreso, Miriam Nogueras (2i); el expresidente de la Generalitat y líder de Junts, Carles Puigdemont (2d), y el secretario general de Junts, Jordi Turull

La cúpula de Junts lidereda por el prófugo Carles PuigdemontJuntsxCat

El Laberinto

Junts y sus motivos… que nada tienen que ver con la vivienda

Por unos instantes pareció que Miriam Nogueras había viajado en el tiempo y se había convertido en Miquel Roca o Joaquim Molins… pero no

Más de media España, la que busca piso, y la que lo quiere alquilar, respiró aliviada el viernes. Junts tumbó los decretos y la ahogada clase media española esquivó la penúltima bala de Sánchez a la espera de su próxima fechoría.

Muchos se lanzaron a alabar el sentido común de Junts… por unos instantes pareció que Miriam Nogueras había viajado en el tiempo y se había convertido en Miquel Roca o Joaquim Molins… pero no. Quién tuviera esa alucinación que pierda toda esperanza.

Junts no es un partido de estado. Tampoco es, como muchos creadores de opinión le califican, un partido de centro-derecha nacionalista. Junts desde 2014, cuando empezó su huida adelante, y abrazó el independentismo para tapar la corrupción, al igual que hoy Sánchez usa la vivienda para intentar que lo de su mujer, su hermano, Cerdan, Zapatero y Ceuta pase a un segundo plano, es un movimiento populista.

Nogueras no es, de repente, la líder de la minoría catalana de las últimas décadas del siglo pasado, es la portavoz de un partido que aparta la bandera de España para dar ruedas de prensa y que quiere un marco legal y financiero propio para Cataluña solo como paso previo a la separación al igual que los marxistas afirmaban que el comunismo soviético era un pre-estadio del comunismo que estaba por llegar.

Cualquier que juzgue el voto del viernes de Junts como el resultado de un análisis sobre lo que conviene a la población comete un error de cálculo gigantesco al igual que lo están cometiendo todos los líderes, asesores y creadores de opinión que consideran que Junts es un partido fiable con el que se puede pactar.

No hay nadie más ciego que el que no quiere ver lo que tiene delante de sus ojos. Junts es desde hace mucho tiempo un factor de inestabilidad institucional, decadencia económica y una amenaza para la unidad de España.

¿Qué se puede esperar de un partido que ha organizado dos referéndums de independencia en 2014 y 2017, que ha declarado unilateralmente la independencia, que ha pactado con la CUP, con ERC y finalmente entregó la presidencia a un Sánchez derrotado?

Un país, como España, que lleva nueve años en manos de Puigdemont, es un ente cercano a ser un estado fallido y los responsables políticos de máximo nivel que buscan su apoyo son tan responsables como él de la situación de chantaje constante a la que está sometida toda una nación. Lejos de pensar en buscar su apoyo debería tener un plan para combatirlo, no con cloacas de estado, ni con bulos, si no con argumentos.

La casi una década que va de 2017 a 2026 en la que Puigdemont ha tenido a España en jaque primero con su golpe de estado, luego con su huida, luego con la agitación de las calles con la sentencia del procés, a continuación, con la investidura de Sánchez, luego con la ley de amnistía y ahora con los decretos de vivienda es la crónica de una década perdida y decadente en lo social y lo económico.

Un país que depende de un personaje así pone de manifiesto su debilidad. El viernes, de madrugada, Puigdemont puso un tweet tachando de «locos» (colla de ximples) a gobierno y oposición (PSOE y PP). Quizás tenga razón, porque es difícil de comprender como gente con responsabilidades y la obligación de proteger y hacer avanzar al país, España, compitan entre ellos por el favor de Puigdemont y su partido.

Los motivos de Junts nada tienen que ver con propietarios ni arrendatarios, tiene que ver con todo lo que se vivió el viernes con Rufián sacando un billete de 50 euros en la tribuna del congreso, por cierto, la obsesión de Rufián con el dinero es para estudiar, ya habló de monedas de plata cuando Puigdemont no declaró la independencia allá por octubre de 2017.

Lo de Junts tiene que ver con su guerra con ERC y con Aliança y su lucha por la supervivencia demoscópica. La batalla de Junts, antes de ser por la independencia, es por la supervivencia. Turull acusó a Rufián de ser un producto de las cloacas del estado, se entiende que para socavar al separatismo. Este acusó a Junts de ser una sectorial del sector inmobiliario… mientras Orriols, otro personaje que por alguna razón extraña también cae bien en muchos círculos de la derecha capitalina, se frota las manos.

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