Centro penitenciario de jóvenes en La Roca del Vallès (Barcelona)
Cataluña
La violencia se instala en el Centro Penitenciario de Jóvenes: una pelea entre una docena de internos obliga a activar un Código 4
El enfrentamiento comenzó durante el desayuno y acabó implicando a internos de distintos grupos de origen; CSIF reclama más medios para prevenir y controlar estos episodios
La violencia entre internos vuelve a poner el foco en el Centro Penitenciario de Jóvenes de Barcelona. El último episodio se produjo ayer, alrededor de las ocho y media de la mañana, durante el reparto del desayuno en el comedor del módulo MR4.
Todo comenzó con una discusión entre un interno de origen argelino y varios internos de origen marroquí. La disputa acabó en una pelea y, según la información trasladada por CSIF, se fueron sumando otros internos, en este caso de origen latinoamericano, hasta llegar a alrededor de una docena de personas implicadas.
La situación fue lo suficientemente grave como para activar primero un Código 2 y posteriormente un Código 4, que corresponde a una alteración grave del orden o un motín. Los profesionales del centro tuvieron que intervenir para recuperar el control de la situación.
El episodio pone sobre la mesa una cuestión más amplia: por qué se están produciendo estos niveles de conflictividad en un centro en el que el objetivo, además de garantizar la seguridad, es trabajar la rehabilitación y la reinserción de jóvenes internos.
Desde CSIF apuntan a la falta de recursos para prevenir y gestionar este tipo de situaciones. El sindicato reclama más efectivos, medios de protección y mecanismos para detectar los conflictos antes de que deriven en enfrentamientos. También pide herramientas para separar a internos cuando exista un riesgo para la convivencia y un seguimiento individualizado de quienes presentan conductas especialmente conflictivas.
El sindicato insiste en que seguridad y reinserción no son objetivos enfrentados. Su argumento es que, sin un entorno seguro, resulta más difícil desarrollar el trabajo de tratamiento y rehabilitación.
La organización sindical pone además el foco en los profesionales que tienen que intervenir directamente en estas situaciones. Recuerda que controlar una pelea de estas características supone asumir un riesgo físico y reclama un mayor respaldo institucional para los trabajadores penitenciarios.
La intervención de ayer permitió recuperar el control del módulo, pero el incidente vuelve a plantear el reto de fondo: cómo prevenir que los conflictos entre grupos de internos escalen hasta situaciones que obliguen a activar los protocolos de máxima gravedad.
Para CSIF, la respuesta pasa por reforzar la plantilla, mejorar los medios de protección y actuar de forma más individualizada con los internos que presentan comportamientos violentos. El sindicato considera que las conductas agresivas no pueden normalizarse como parte de la vida cotidiana de un centro penitenciario y que unas condiciones de seguridad adecuadas son también una condición para que la reinserción pueda funcionar.