El Castillo de Concabella

El Castillo de Concabella (La Segarra)Archivo

Historia

Concabella se transformó en un gulag republicano de trabajos forzados y muerte

Concabella funcionó en 1938 como un durísimo campo de trabajo republicano marcado por la represión, el hambre y la muerte

Cuando se hundió el Frente de Aragón y Lérida fue ocupada el 3 de abril de 1938, el ejército republicano ordenó la fortificación masiva de Cataluña a través de seis líneas defensivas, de la L1 a la L6. Para dicho trabajo entre el 19 al 20 de mayo de 1938 llegaron a Concabella (La Segarra) una columna formada por unas 1.000 personas, entre reclusos y personal del campo. En un pueblo de 350 habitantes, de la noche a la mañana la población se vio triplicada.

Por decreto de 26 de diciembre de 1936 el ministro de Justicia anarquista, Joan García Oliver, creó los campos de trabajo. La idea primitiva era que los campos servirían para humanizar las penas y aprovechar la mano de obra de los condenados para reconstruir infraestructuras. Los campos no se pusieron en práctica hasta 1938 con la llegada del SIM a Cataluña, después de los hechos de mayo de 1937. Los campos del SIM se convirtieron en centro de trabajos forzados y represión política, imitando los gulag soviéticos.

Como hemos dicho, entre el 19 al 20 de mayo de 1938 llegaron a Concabella 805 presos que estaban encerrados en la Cárcel Modelo de Barcelona, en tren hasta Cervera, donde pasaron la noche en la iglesia de Santa María. De allí, caminando, llegaron al campo de trabajo. Este se construyó confiscando y militarizando el núcleo urbano de la población.

Los presos fueron distribuidos en la iglesia parroquial de San Salvador, el castillo de Concabella, Cal Bertrola y la ermita de San Vicente. La cocina y la intendencia estaba en los bajos de la cubierta del Balcells. La enfermería, zapatería y barbería en la plaza del castillo. El pueblo quedó cerrado excepto por un acceso a la calle de la Farinera. Los vecinos necesitaban un salvoconducto, sellado cada 15 días, para poder salir.

La cubierta del Balcells

La cubierta del BalcellsArchivo

En Concabella se empezó a fortificar la línea defensiva L2, que se extendía de la Serra de Queralt, la Pleta de Concabella y el sector de Mont-roig. También se encargaron de proteger los ejes viarios y el ferrocarril que conducía a Cervera, Guissona y el interior de Cataluña. Cavaron trincheras a pico y pala, pozos de tirador, nichos de ametralladoras blindados con hormigón, galerías subterráneas de comunicación, depósitos de munición y pistas militares.

Los prisioneros eran militares, pesos políticos y de guerra, eclesiásticos, miembros del POUM, CNT, FAI, brigadistas internacionales, prófugos, desertores y delincuentes comunes. La jornada laboral comenzaba a las 6 de la mañana y terminaba a los 8 de la noche. Se organizaban en compañías y brigadas, sin ningún tipo de descanso semanal. Uno de los allí internados fue Luis Anglada Font, el cual aseguraba que, como consecuencia de las precariedades vividas, al cabo de cuatro meses solo quedaban 200 prisioneros vivos.

El inspector general de los Campos del SIM era el comunista Manuel Astorga Vayo. A cargo de Concabella estuvo, de mayo a agosto, a cargo de Andrés Párraga Monge, sargento de Asalto, que lo describían como un monstruo de crueldad, que ejecutó a varios presos. En agosto lo sustituyó José Leías Caíz,que suavizó el trato de los presos y eliminó las ejecuciones.

Como comentaba Luis Anglada, la alimentación era mínima. Un chusco de pan, un puñado de guisantes o lentejas y agua. «Esta era nuestra alimentación diaria mientras nos hacían trabajaban de sol a sol, a pico y pala, cavando zanjas». El agua, desde un primer momento, era insalubre para el consumo humano. Sin embargo, era lo único que tenían. Par poderla beber primero se debía poner un pañuelo encima del vaso. Se echaba el agua y así era un poco más soluble. En el pañuelo se quedaban los gusanos que habían en el interior del recipiente. Al dormir convivían con pulgas, que se los comían vivos.

Comentaba Anglada que la gente moría por agotamiento, desnutrición y enfermedades. Algunos prisioneros fallecieron como consecuencia de las llagas que les provocaba la exposición al sol durante tantas horas. A esto debemos añadir las palizas, el tifus y las fiebres. Los presos gravemente enfermos o moribundos los trasladaban a Cervera o Barcelona para que su muerte no computara en el campo.

Se registraron unos 20 intentos de fuga. El 26 de mayo de 1938 lo intentaron Alfonso Fígols y Salvador Garí, siendo abatidos en Cervera. Como represalia por la fuga Andrés Párraga mandó fusilar, el 29 de mayo, a 3 presos en la ermita de San Vicente.

Tenemos constancia que se fusiló a Lluís Bas Susó, Elies Bel Grau, Victoriano Castillo García, Joan Cisquer Ortega, Joan Costa Turé, José Fernández González, Alfons Fígols Pons, Francesc Garcia Caballé, Salvador Garí Asensio, Joan Lloret Urella, Martínez, Alfred Mora Chester, Albert Pey Ferrés, Josep Robert Vila, Roberto Rodríguez, Lluís Soler Torrecillas. Hay el registro de tres bajo la denominación preso desconocido y uno como comunista ucraniano.

El campo fue abandonado el 21 de septiembre de 1938, trasladando a los presos a Barbens. Entre noviembre y diciembre de 1938 los trasladaron hacia el norte, a la Serra de Riab, el Tossal y Ponts. En enero de 1939 el avance del frente obliga a otra evacuación masiva a pie y en camiones estableciéndose temporalmente en Montferrer y en el norte de La Seu d’Urgell. Allí se dedicaron a levantar fortificaciones de urgencia.

Ante el colapso inminente de la región la columna de presos es empujada hacia la Cerdaña, llegando a Puigcerdà en condiciones extremas de frío y desnutrición. En febrero de 1939 cruzaron la frontera con Francia. Al traspasarla el contingente se disolvió. La mayoría de los reclusos pasaron a formar parte de la marea de refugiados del éxodo republicano y terminaron confinados por las autoridades francesas en los campos de concentración de las playas del sur de Francia, como Argelès-sur-Mer y Saint Cyprien.

Luis Anglada Font, después de cruzar la frontera, se dirigió a San Sebastián. De ahí a Burgos, donde fue quintado para ir a Melilla. No tuvieron en cuenta sus años de servicio en el frente. Tres años después pudo regresar a su casa.

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