La escuela barcelonesa de luthería destacó por su innovación artesanal

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Historia

La dinastía Estruch y el arte centenario de construir guitarras que enamoró a coleccionistas y artistas

La escuela barcelonesa de luthería, radicada en la calle Ancha y liderada por figuras como Estruch, destacó por su innovación artesanal

La escuela barcelonesa de luthería representa uno de los pilares fundamentales de la historia de la construcción de instrumentos en España. Destacó durante los siglos XIX y XX por su capacidad para fusionar la tradición más exigente con una visión vanguardista. En este entorno cultural Barcelona permitió que grandes maestros desarrollaran un estilo propio, caracterizado por una estética refinada, el uso de maderas de altísima calidad y una construcción orientada a la máxima claridad y equilibrio sonoro. En la calle Ancha (Carrer Ample) se instalaron los principales talleres, entre los que destacó la dinastía Estruch, cuyo taller era el más antiguo de Cataluña y el segundo más antiguo de España.

Entre los maestros que dieron renombre a esta vía sobresale Salvio Morbey Curmatches, una figura de referencia nacida en el siglo XIX cuya firma exhibía en sus etiquetas una solera remontada a 1836. Esta fecha sugiere que Morbey tomó el relevo o adquirió un consolidado taller preexistente, manteniendo viva una tradición que acumulaba ya más de seis décadas al cambiar de siglo. Morbey centró su actividad en el corazón del actual barrio Gótico, operando durante años en la emblemática calle Ancha número 56.

Registros e investigaciones de expertos como José Romanillos ponen de relieve un hito clave en 1905, año en que simultaneó esta sede con la calle Fusteria número 2. Este movimiento quedó reflejado en las guías comerciales de la época y en sus etiquetas bidecorativas de transición. Sus guitarras destacan por una ebanistería minuciosa y trabajos de ornamentación que otorgaban una singular personalidad visual a cada instrumento.

Otro luthier de esta calle fue José Serratosa Blanch. Nacido en Terrassa en 1855 comenzó su formación como aprendiz de carpintero, pero su temperamento estudioso lo llevó a adentrarse en los desafíos técnicos de la construcción de guitarras clásicas y flamencas. En 1890 se trasladó a Barcelona, donde estableció su taller y trabajó durante cuatro décadas. Serratosa dejó una profunda huella en la calle Ancha al trasladar su taller por diversas alturas de la misma vía. Ocupó el número 54 en 1903, el número 34 entre 1906 y 1912, y el número 50 entre 1921 y 1927. Entre sus aportaciones e innovaciones técnicas más destacadas se encuentra la invención de un modelo de guitarra dotado de un cuello o mástil desmontable.

Fundada en Barcelona en 1880 por Juan Estruch Rosell, la Casa Estruch nació con el propósito expreso de elevar la guitarra española a la categoría de instrumento de concierto. Estruch abrió su primera tienda en 1880 y, entre 1898 y 1922, construyó bajo la marca Hermanos Estruch. Durante esta etapa inicial el taller se ubicó en la calle Ancha número 50, de 1898 a 1901, y en la calle Ancha número 30, a partir de 1902. Además de su labor como constructor, Estruch Rosell destacó como maestro de afamados luthiers, entre ellos Enrique Sanfeliu, de quien el Ministerio de Educación de Uruguay conserva y expone un ejemplar histórico. El taller de los Estruch ha funcionado a lo largo de su historia como un auténtico vivero artesanal, albergando a unos 40 luthiers, de los cuales alrededor de una docena continuaron construyendo en Cataluña, España y Sudamérica.

Tras el estallido de la Guerra Civil española, la continuidad del taller quedó asegurada por su hijo, Joan Estruch Sastre (1895-1970), quien asumió la dirección al finalizar el conflicto bélico y mantuvo la construcción artesanal en la calle Ancha número 32. A la muerte de Estruch Sastre, en 1970, la gestión pasó a su hijo Joan Estruch Pipó, representante de la tercera generación de la dinastía. Durante la década de 1960, el taller de la calle Ancha vivió su época dorada bajo la dirección de Joan Estruch Pipó, convirtiéndose en un punto de encuentro y referente cultural para los artistas y músicos vinculados al movimiento de La Nova Cançó Catalana.

A la muerte de Estruch Pipó en 1989 sin descendencia directa, la histórica firma pasó a manos de su último jefe de taller, Rafael Montes Ramírez, quien empezó a trabajar como aprendiz a los 14 años. Rafael Montes asumió la cabeza de la empresa junto con la viuda del último Estruch, Mercedes Gómez Jornet, preservando la continuidad del taller más antiguo de Cataluña, pasando a llamarse Estruch Luthiers. El análisis de las etiquetas adheridas al interior de la caja de resonancia de las guitarras Estruch permite establecer una cronología precisa de la producción del taller.

Durante las primeras cuatro décadas, de 1880 a 1920, los instrumentos llevaban etiquetas rectangulares sin año de fabricación ni sistema de numeración. La única forma de precisar el período de construcción es por la dirección escrita en la propia etiqueta, Calle Ancha – Barcelona. Entre 1920 a 1960 se introdujeron etiquetas circulares caracterizadas por la representación gráfica de una mujer vestida con traje flamenco bordeado por la bandera española. En esta etapa tampoco se empleó ningún sistema de numeración.

La etiqueta mantuvo la forma circular, de 1960 a 1969, pero eliminó la figura femenina y la bandera, exhibiendo únicamente la leyenda JUAN ESTRUCH - BARCELONA sin especificar la calle. A partir de 1969 se incorporó por primera vez un sistema de numeración y se empezó a incluir el año exacto de fabricación en cada etiqueta. Los instrumentos que poseen etiquetas firmadas a mano por Joan Estruch Pipó fueron elaborados personalmente por el maestro, mientras que los ejemplares no firmados corresponden a piezas construidas por los oficiales y empleados del taller.

El estudio de la escuela barcelonesa de luthería y de los talleres establecidos en la calle Ancha pone de manifiesto la relevancia de Barcelona en la historia de la guitarra española. Gracias a una minuciosa ebanistería, la innovación en sistemas de refuerzo y el cuidado en los acoplados, estas guitarras continúan siendo codiciadas por coleccionistas y profesionales. La Casa Estruch, al unir la tradición del siglo XIX con las corrientes culturales del siglo XX, constituye el testimonio vivo de un patrimonio artesanal indispensable para comprender la evolución del instrumento.

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