Ada Colau en la FlotillaAFP

Colau, la exalcaldesa que hundió Barcelona quiere exportar sus políticas a toda España

En 2015 logró la alcaldía con el 25,1 % de los votos, cuatro años más tarde había perdido 20.000 votos y cinco puntos, siendo superada por ERC

Ada Colau fue alcaldesa de Barcelona entre 2015 y 2023. De las tres elecciones a las que concurrió solo gano una, y por la mínima, la primera. A medida que los barceloneses fueron conociéndola la abandonaron. Ahora pretende volver a la política como candidata a la presidencia del gobierno de España. Lejos de avalarle su gestión, la misma es una invitación a huir de cualquier tentación de votarla. Tras ocho años en la alcaldía Barcelona había empeorado en todos los registros sociales y económicos relevantes y de forma drástica.

En 2015 logró la alcaldía con el 25,1 % de los votos, cuatro años más tarde había perdido 20.000 votos y cinco puntos, siendo superada por ERC, pero el apoyo del PSC y Cs le permitió reeditar la alcaldía. El ex primer ministro francés y candidato de Cs, Manuel Valls, prefirió una alcaldesa populista de extrema izquierda a un alcalde separatista.

En 2023, tras otros largos cuatro años de noche populista en el Ayuntamiento de Barcelona, el veredicto de las urnas le fue contrario, volvió a bajar, quedó tercera, por detrás de Junts y el PSC, y finalmente fue desalojada de la alcaldía.

¿Qué llevó a los barceloneses a reducir su apoyo a Colau elección tras elección y por qué si en la Ciudad Condal su estrella se apagó tras un inmenso fracaso de sus políticas ahora regresa, nada más y nada menos que, como candidata a la presidencia del gobierno?

La trayectoria política de Colau fue inversa a la de su colega en Madrid, Manuel Carmena. Ambas alcaldesas compartían ideología, pero Carmena logró vencer, aunque no gobernar en 2019, tras cuatro años de ejercicio del poder, y en cambio Colau fue derrotada, pero siguió en su puesto.

Colau llegó a la alcaldía tras una época de activista anti desahucios y con polémica dado que había hinchado su CV inventándose que era licenciada en derecho, cosa que no es verdad. Lo más relevante de su campaña para hacerse conocida fue el disfraz de Supervivienda con capa incluida con el que interrumpía actos de otros partidos.

Su promesa de resolver el problema de la vivienda no solo no se materializó, sino que bajo su mandato se agravó. El alquiler medio aumento en Barcelona un 54,6 % de los 735 euros hasta los 1.136 euros. En materia de compra de inmuebles los precios durante los ocho años de su mandato crecieron un 28,6 % y escalaron hasta la friolera de los 4.175€ por metro cuadrado.

Entre sus medidas más polémicas destacó la obligatoriedad de reservar el 30 % de cualquier promoción nueva a vivienda social lo que paralizó la construcción en Barcelona o la construcción de bloques de pisos conformados por contenedores portuarios puestos uno encima del otro.

Las okupaciones crecieron, debido a su tolerancia con las mismas, un 22,4 % hasta las 1.261 anuales. En materia de seguridad Colau fue una pesadilla para vecinos y turistas dado que los delitos contra la salud pública se incrementaron un 96,3 % y los hurtos denunciados a la policía superaron los 100.000 al año y se incrementaron un 54,4 % durante su mandato. Uno de sus capítulos más negros fue el de agresiones sexuales que con ella en la alcaldía pasaron de 437 a 1.115 anuales.

El mandato de Colau se caracterizó por grandes anuncios como la ruptura del contrato entre la Fira de Barcelona y el Mobile World Congress, el certamen más importante que se celebra en Barcelona, el cierre de todos los pisos turísticos o la paralización de licencias a nuevos hoteles. Sus políticas, que en algunos casos afortunadamente no se llegaron a ejecutar, llevaron a una pérdida de peso económico de Barcelona. Uno de los momentos más negros para la ciudad fue la designación de Ámsterdam como sede la Agencia Europea del Medicamento cuando todo parecía apuntar a que iba a recaer en Barcelona.

Para gobernar se apoyó en el PSC del actual alcalde, Jaume Collboni, quien fue su fiel escudero hasta que pocos meses antes de las elecciones de 2023 abandono el gobierno municipal en un movimiento táctico que no le permitió ganar, pero si auparse a la alcaldía gracias al voto de la mismísima Colau y del PP, que se vio obligado a elegir entre susto o muerte entre un alcalde socialista u otro independentista como Xavier Trias, candidato del partido de Puigdemont.

Además, Colau, se caracterizó durante su mandato por su complicidad con el independentismo, hasta el punto de acudir a votar afirmativamente en el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017 y por sus continuos desaires a su Majestad el Rey en sus frecuentes visitas a Barcelona.

Tras su derrota en 2023 anunció su retirada de la política y un traslado a Italia, pero al poco tiempo reapareció junto a Greta Tumberg liderando una flotilla a Gaza. Israel siempre ha sido una de sus obsesiones, junto a su ojeriza a la iniciativa privada.

Ahora, regresa a primera línea política, como candidata a la presidencia del gobierno de España por una plataforma electoral que, en Cataluña, bajo su liderazgo ha pasado de ganar las elecciones generales de 2016 a diez años más tarde tener una pobres expectativas de dos diputados de los cuarenta y tres que eligen las cuatro provincias catalanas.

Su última y más reciente polémica, ya metida en precampaña para ser candidata al congreso, ha sido explicar que tenía que dejar el piso que tenía alquilado porque no podía pagarlo, quizás con su candidatura a la presidencia logre un escaño por Barcelona que le permita alquilar con más holgura.

En Barcelona casi todo el mundo respiró aliviado tras su derrota y nadie la ha echado de menos, su candidatura a la presidencia solo levanta entusiasmo entre sus compañeros de partido en Barcelona, que temían que en su aburrimiento Colau decidiera volver a la política local. Pisarello, candidato de la extrema izquierda a la alcaldía y ahora secretario de la mesa del congreso, respira tranquilo. El no hubiera renovado su escaño y Colau no le quitará su concejalía.