Dibujo del marqués de Rubí

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Historia

La sentencia del marqués de Rubí a los capitanes corruptos del Virreinato de Nueva España

El marqués de Rubí inspeccionó los presidios de Nueva España y propuso reorganizar su defensa fronteriza mediante una línea estratégica continua

Uno de los personajes con un papel fundamental en el Virreinato de Nueva España fue el barcelonés Cayetano Pignatelli y de Rubí-Corbera-Santcliment. Hijo de Francisco Pignatelli Aymerich, comendador de Belvis y Navarra en la Orden de Alcántara, capitán general de la costa de Granada, embajador de España en Francia, y de María Francisca de Rubí Corbera, marquesa de Rubí. Su abuelo paterno, Domingo Pignatelli Vagher, marqués de San Vicente, fue capitán general de Galicia, embajador en Dinamarca y teniente general.

En agosto de 1765 Carlos III nombró al marqués de Rubí como inspector de los presidios de las fronteras de Nueva España, y en septiembre de 1772, después de varios años de trabajo, junto con el ingeniero Nicolás de Lafora, redactó su dictamen final para mejorar la defensa del Virreinato. Por encargo suyo Nicolás Lafora diseñó un mapa fronterizo. En ese informe y dictamen ofreció las claves para la reorganización defensiva de las provincias fronterizas de la Nueva España. El informe detalla la situación particular de los presidios en cada provincia y las recomendaciones de Rubí para optimizar la defensa…

En ese momento Sonora se encontraba en campaña contra los seris y pimas sublevados. Rubí propuso suprimir los presidios de Buenavista y San Miguel de Horcasitas una vez que la campaña de Elizondo concluyera con éxito. Sugirió trasladar Altar más hacia la costa para cortar la comunicación y unión de los pápagos y piatos con los seris y pimas. El presidio de Tubac se consideraba bien situado para combatir a los apaches del Gua, mientras que Terrenate debía desplazarse al norte, cerca de la sierra de Chiricagua, refugio desde donde los apaches chiricagüis iniciaban sus ataques. Fronteras estaba demasiado lejos de Janos, por lo que aconsejó moverlo al este para frenar las invasiones apaches.

Sobre Janos opinó que estaba excelentemente situado si recibía apoyo de Fronteras mediante indios auxiliares. Recomendó que fuera comandado por un oficial experimentado y que se establecieran misiones y poblados en sus valles colindantes para reducir su aislamiento. Sugirió adelantar hacia la frontera los presidios de San Buenaventura, Guajoquilla y Cerro Gordo. El presidio de El Pasaje, situado entre Durango y Chihuahua, debía desaparecer porque no reportaba beneficios reales. El problema más grave era el de la Junta de los Ríos, transferido al pueblo de Julimes, Rubí exigió su retorno a la ubicación fronteriza original.

El balance de la provincia de Nuevo México fue muy positivo debido a su fertilidad, el progreso de sus habitantes y su capacidad de defensa, a pesar de estar rodeada de indios. Contaba con los presidios de Santa Fe y El Paso del Río Grande del Norte. Del segundo criticó las discordias internas y la ineficacia de su jefe para organizar a las milicias ciudadanas. Afirmó que si estas milicias se organizaran bien, el presidio podría trasladarse a El Carrizal para cerrar el paso a los apaches gileños hacia Nueva Vizcaya. Alabó Santa Fe y sugirió poblar la zona al norte de El Paso para proteger los convoyes en ese tramo despoblado.

La provincia de Coahuila se extendía al norte del Río Grande hasta el presidio de San Sabá en Texas. Aunque estaba en paz provisional con lipanes y natagés, el abandono de la Junta de los Ríos dejaba en peligroso vacío unas 100 leguas hasta San Juan Bautista. Recomendó mantener San Juan Bautista, adelantar Monclova y Santa Rosa a la frontera.

El territorio de Texas limitaba con la recién adquirida Luisiana, cuya frontera se fijaba en el río de San Andrés de los Caudachos. Propuso eliminar el presidio de Adaes, trasladar la capital a San Antonio y suprimir también Orcoquizac. Debido a la hostilidad de comanches y lipanes, insistió en trasladar San Sabá al Río Grande del Norte ya que su apoyo a las misiones de los lipanes no lograba convertirlos, provocando la ira de los comanches.

No era frontera Nuevo León, pero sufría ataques de indios siquis de la Sierra Gorda o incursiones de apaches que robaban ganado. Propuso eliminar el presidio de Monterrey e instalar una salvaguardia en el valle del río Blanco. El presidio de Mesa de Tonati no se consideraba necesario por la pacificación absoluta de la zona. No visitó California ni Nuevo Santander, pero se dejó constancia de los presidios y escuadras existentes supervisados por otras autoridades.

El informe contiene una dura crítica a las tropas que sirvió de base para el nuevo Reglamento de Presidios. Se señalaba que no se sabía hacer la guerra a los indios, quienes atacaban por sorpresa en grupos de unos 200 hombres, se dividían para asaltar haciendas y se retiraban rápidamente. Dado que los indios hacían jornadas de hasta 20 leguas alimentándose de recursos silvestres, no necesitaban pesados convoyes de víveres. Cuando el presidio reaccionaba enviaba soldados sobrecargados, con un pesado equipo que les impedía alcanzar al enemigo, haciendo inútiles las salidas. Esto provocaba el despoblamiento de las provincias y el abandono de minas y haciendas.

Rubí culpó a los capitanes de los presidios de comerciantes antes que soldados y más preocupados por sus negocios personales que por la guerra. Los acusó que, ante un asalto, solo enviaban pequeñas partidas ineficaces para combatir a los indios, a quienes consideraba los mejores del mundo en la guerra de guerrillas, Rubí exigió una guerra nueva basada en emboscadas, reconocimientos y acciones coordinadas.

Como complemento a su informe, remitió un dictamen al Consejo de Indias. El núcleo de su propuesta consistía en abandonar las posiciones indefendibles y establecer una línea regular y continua de presidios que fuera desde la desembocadura del río Guadalupe en Texas hasta la misión de San Miguel en el golfo de California. Esta línea defensiva cubriría la frontera a lo largo de una distancia recta de 585 leguas. El plan pretendía que los presidios seleccionados mantuvieran la latitud fronteriza y se situaran a una distancia uniforme de unas 40 leguas entre sí, optimizando los recursos, para cortar las incursiones de los indios.

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