La Sinagoga Española en Venecia
Historia
De conversos perseguidos a magnates del comercio durante la diáspora sefardí de la Corona de Aragón en Venecia
Tras la expulsión de 1492, los judíos de la Corona de Aragón prosperaron en Venecia, dejando un imborrable legado cultural
Aunque la tradición vinculaba la llegada de una comunidad judía a la Península Ibérica en la época del rey Salomón, los registros documentales y conciliares, como las actas del Concilio de Elvira a principios del siglo IV, confirman su asentamiento mucho antes de las invasiones visigodas. Durante el dominio islámico iniciado en el año 711 con la incursión de Ṭāriq ibn-Ziyād, la comunidad judía experimentó un florecimiento cultural, económico y social. Este periodo, conocido como la Edad de Oro de la cultura sefardí, permitió un desarrollo sin precedentes de las artes, las finanzas, la filosofía, la poesía, la teología y la medicina. Los intelectuales judíos actuaron como un puente decisivo entre el mundo árabe y la Europa cristiana, facilitando el intercambio de ideas y la traducción de los grandes textos clásicos grecolatinos.
La llegada de las dinastías norteafricanas, como los almohades en el siglo XII, trajo consigo persecuciones religiosas y conversiones forzadas que empujaron a numerosos grupos a migrar hacia los reinos cristianos del norte. A medida que la Reconquista avanzaba y los reinos de Castilla y Aragón consolidaban su poder territorial, la hostilidad social y religiosa hacia las minorías no cristianas comenzó a intensificarse. La tensión acumulada estalló en 1391, devastando las juderías de Sevilla, Barcelona, Toledo, Valencia y Zaragoza. Ante el clima de terror decenas de miles de judíos se vieron forzados a aceptar el bautismo cristiano, lo que dio origen a un nutrido grupo social conocido como conversos o cristianos nuevos.
El rápido ascenso social y económico de los conversos generó continuos recelos entre las élites y la población cristiana vieja, sospechosa de que muchos recién bautizados continuaban practicando los ritos judaicos en secreto, fenómeno conocido como criptojudaísmo. Para erradicar estas prácticas y velar por la ortodoxia católica los Reyes Católicos promovieron la instauración del Tribunal de la Inquisición española, autorizado por bula del papa Sixto IV en 1478.
Tras la culminación de la toma del Reino de Granada, la monarquía dio el paso definitivo hacia la unificación religiosa mediante la promulgación del Edicto de Granada el 31 de marzo de 1492. Esta ordenanza obligó a todos los judíos no bautizados a abandonar los territorios hispánicos en un plazo de cuatro meses bajo pena de muerte.
Una comunidad numerosa de expulsados procedentes de tierras aragonesas, catalanas, valencianas, mallorquinas y castellanas encontró refugio en la Serenísima República de Venecia. En marzo de 1516 el gobierno veneciano promulgó un decreto que obligaba a la población hebrea a residir agrupada en una zona insular restringida de la ciudad, instaurando formalmente el Gueto de Venecia, considerado el primer barrio cerrado de estas características en la historia europea. El gueto se estructuró en función del origen geográfico y ritual de sus habitantes. Los judíos procedentes de la Península Ibérica fundaron el denominado Ghetto Vecchio o Gueto Viejo, constituyendo la llamada Nación Ponentina.
La integración legal y mercantil de estos refugiados dentro de la laguna veneciana quedó documentada en las condotte, contratos y decretos oficiales emitidos por el Senado veneciano que se conservan en el Archivo de Estado de Venecia. Estos instrumentos jurídicos regulaban los derechos de residencia, la actividad comercial y los salvoconductos de la comunidad. A partir de 1589 la aprobación de una condotta histórica otorgó libertades específicas a los comerciantes ponentinos. Estos documentos mencionaban de forma explícita la procedencia de los mercaderes originarios de la Corona de Aragón y de Castilla, permitiendo que muchos que habían vivido atemorizados como falsos conversos pudieran retornar a la práctica del judaísmo con garantías de seguridad.
La impronta de este grupo quedó inmortalizada en el patrimonio arquitectónico y cultural del gueto. El monumento más relevante fundado por esta comunidad fue la Scola Spagnola o Sinagoga Española, establecida a mediados del siglo XVI. Para cumplir con las estrictas normativas de la República de Venecia, que prohibían a los templos no cristianos exhibir su condición religiosa hacia el exterior, la sinagoga se proyectó con una fachada que la hacía parecer un bloque residencial ordinario, solo distinguible por el ventanal de mayores proporciones.
Su interior reflejaba el enorme poder económico alcanzado por los comerciantes sefardíes. En el siglo XVII, la comunidad encargó la reestructuración del recinto al arquitecto veneciano Baldassare Longhena. El maestro diseñó un espacio de gran teatralidad adornado con maderas oscuras talladas, columnas de mármol, imponentes lámparas de cristal de Murano y un elaborado artesonado en el techo, incluyendo una galería perimetral elevada reservada para las mujeres.
En el vocabulario quedaron palabras como tafanàrio (esconder), chelalà (maldición), marano (converso), Aruà (extranjero sin modales), Baruchà (alboroto), ganafo (ladrón), moreno (maestro), sabatizàr (hacer el vago), trasto del catalán trast (mueble), carena (parte sumergida de un barco), batiòrdo del catalán batibull (alboroto). Hay palabras que se dicen igual como massa (demasiado), cantó o cantón (esquina), tomata (tomate), o Chicara o Xicara (taza).
La memoria de la presencia hispánica en la laguna perdura en el Antiguo Cementerio Judío del Lido de Venecia, fundado a finales del siglo XIV. En esta necrópolis se conservan numerosas lápidas de los siglos XVI y XVII pertenecientes a familias de origen aragonés y catalán, cuyos epitafios combinan inscripciones en hebreo con textos en castellano o catalán que evidencian el orgullo por sus raíces en Sefarad.
En este entorno veneciano florecieron grandes dinastías de eruditos. Una de las más influyentes fue la familia Aboab, linaje de rabinos y comerciantes con raíces en Aragón que, tras la expulsión de 1492, se dispersó por Portugal, Venecia y Ámsterdam. Su figura más destacada fue Samuel Aboab, quien llegó a ser Rabino Principal de Venecia y una de las autoridades comunitarias y diplomáticas más respetadas de Europa. Aboab utilizó su fortuna para financiar obras de beneficencia, rescatar a cautivos en el Mediterráneo y redactar influyentes tratados de jurisprudencia rabínica como el Devar Shemuel. De igual modo, descendientes de figuras ilustres de la ciencia medieval, como el astrónomo aragonés Abraham Zacuto, formaron parte de esta red migratoria, ejerciendo como reputados médicos dentro de la corte veneciana y del gueto.