La escritora madrileña, María ZabayCésar Alcalá

Entrevista

María Zabay: «La ficción tiene un problema que la realidad no tiene: necesita resultar verosímil»

Conversamos con a la escritora María Zabay con motivo de la publicación de su última y más incómoda novela, Miseria, editada por Berenice, y ante su presencia en Barcelona. A lo largo de la charla, la autora desgrana los pilares de este fascinante thriller de negocios, una obra que se aleja deliberadamente de lo económico para adentrarse en la pobreza afectiva y moral de su protagonista, Alonso. Combinando su aguda mirada periodística con una profunda disección psicológica, Zabay reflexiona sobre el peso de las apariencias, los excesos, la ambición y los miedos comunes que atenazan al ser humano contemporáneo ante el vértigo de perderlo todo.

María Zabay presenta su nueva novela: MiseriaConrad

¿De dónde surgió la idea inicial para escribir Miseria y qué te llevó a elegir este título tan contundente?

Desde hace tiempo ya, tengo casi una obsesión literaria por la degradación, por los excesos y por los personajes que trabajan activamente en su propia destrucción. Hay gente que parece que casi pone empeño en autodestruirse. Y me interesa especialmente esa distancia que puede existir también entre una vida aparentemente extraordinaria y lo que ocurre en la trastienda, lo que nadie ve, porque vemos el brillo, vemos el éxito, admiramos a personas, hay unos muros ahí que nos fascinan y que detrás de ellos no nos atrevemos ni a pensar qué hay. Miseria parte de eso, justo, de preguntarme qué hay detrás del éxito cuando desaparece el escaparate.

El título surgió porque quería alejar la palabra «miseria» del significado económico. Hay personas que poseen muchísimo —que es el caso del protagonista, de Alonso— y, sin embargo, pueden ser tremendamente pobres en otros territorios, como los afectivos, los morales, incluso el interior. Alonso tiene casi todo aquello que utilizamos socialmente para demostrar que una vida ha salido bien, que nos está yendo fenomenal, y sin embargo vive lleno de vacíos. Ése es precisamente el punto de partida de la novela. Pero Alonso (con todas sus grietas, con todas sus miserias, con todas sus ambiciones, con esa necesidad de mantener el escaparate a un nivel estratosférico) es una exageración de nosotros. Lo extremo en él es su escala, no sus miedos. Los miedos son algo común en todos; son los miedos que impregnan a los individuos.

¿Cómo fue el proceso de documentación e investigación para construir el trasfondo de esta historia?

Ha habido dos trabajos diferentes, Uno que es el técnico y otro que es el humano. En la parte técnica necesitaba que el poder económico fuese verosímil. Mi formación jurídica en Derecho, que además trabajé como abogada mercantilista, y también la de periodista, me han ayudado con esa mirada de curiosidad insaciable, pero me centraría más en lo humano; en el trabajo de observar cómo se comportan las personas cuando tienen algo que perder. Me intrigaba mucho, y me intriga, la cantidad de cosas que hacemos únicamente por miedo a perder lo que tenemos. En este mundo de ambiciones, cuanto más conseguimos, más presas somos del miedo a perder.

Alonso es un triunfador construido sobre el miedo. Tiene dinero, tiene poder, sexo y posición, pero cada conquista se ha convertido en algo más que puede perder. Y te estaba diciendo antes que en realidad los miedos de Alonso son los que podemos tener cualquier otro, pero a otra escala, claro. Tiene miedo a perder un imperio; los demás podemos tener miedo a perder un trabajo, la casa, la reputación que tienes en tu pueblo, en tu ciudad, en tu barrio, pero los miedos están ahí. Sus miserias son bastante comunes.

¿Hubo algún acontecimiento real o noticia concreta que prendiera la chispa para desarrollar la trama?

No, no me interesaba reproducir un caso concreto (aunque salen algunas cosas de nuestra actualidad política y económica), lo que me interesaba era algo más inquietante para mí, que es que el lector tuviera continuamente la sensación de que todo lo que está leyendo sucede, que es nuestro hoy, nuestra esencia. César, vivimos rodeados de noticias sobre fortunas, adjudicaciones, filtraciones, sociedades instrumentales, personas aparentemente respetables al límite que, de repente, descubrimos que tenían una vida paralela, comisiones, en fin… corrupciones. Miserias. Y lo que me interesaba literariamente no es el escándalo que forma parte de la trama, sino lo que ocurre cinco minutos antes del escándalo; cinco minutos antes de que salga a la luz, cuando alguien sabe lo que ha hecho y todavía cree que puede controlarlo.

El thriller es un género muy exigente. ¿Qué es lo que más te atrae de él a la hora de estructurar una novela?

La tensión que permite someter moralmente a un personaje. Cuando todo va bien podemos tener principios magníficos, pero lo interesante para mí empieza cuando queremos conservar nuestra vida y para eso es necesario traicionar nuestros principios. La tensión de verdad está ahí, en la moral del personaje, en las decisiones que tiene que tomar, que van conduciendo el thriller. Esa tensión es la que permite someter moralmente a un personaje. Por eso me gusta colocar a los personajes bajo presión. Y el suspense no consiste solamente en preguntarse qué va a ocurrir; me parece mucho más interesante qué será capaz de hacer una persona cuando sienta la hoja acercándose. Ahí es donde aparece el individuo.

¿Cómo definirías la psicología del personaje principal y por qué fue, y qué fue lo más complejo de construir su personalidad?

Alonso tiene un aire muy gamberro, es un personaje muy corrosivo, que en una página estás deseando matarlo y en otra empatizas con él. Es un triunfador construido sobre el miedo. El lector está dentro de su cabeza, sabe lo que está pensando en cada momento, sin ningún tipo de filtro, y hay cosas que pueden sorprender, repugnar, otras provocan una risa hilarante porque es muy sarcástico. Tiene una ironía muy fina. Luis Alberto de Cuenca ha dicho de él que es uno de esos personajes que irritan, divierten y fascinan hasta la última página. Tiene dinero, tiene apellido, tiene poder, sexo, posición y acceso a prácticamente todo, pero vuelvo a lo que te decía, que cada conquista se convierte también en una cosa más que teme perder. Y todos podemos reconocer el miedo en nosotros; estamos plagados de miedos (miedo a envejecer, a dejar de resultar deseables, a perder el reconocimiento, a fracasar, a perder dinero, a que no nos dejen de amar, a decepcionar a nuestros padres, a descubrir incluso que la vida que hemos construido quizá no era exactamente la que queríamos). Ahí está el personaje. Lo más difícil para mí fue que resultara moralmente incómodo sin convertirlo en una caricatura.

En la novela se exploran temas como la manipulación y la cara oscura de la naturaleza humana. ¿Crees que la ficción se queda corta frente a la realidad en estos aspectos?

Me interesa mucho cómo él es consciente, porque comprender nuestros defectos no significa necesariamente ser conscientes ni ser capaces de corregirlos. Alonso hereda mucho más que dinero. Éste es otro de los temas que me interesaba: hereda una moral. Hasta qué punto heredamos de nuestras familias no solamente propiedades o traumas, sino también explicaciones del mundo como qué significa triunfar, qué significa fracasar, a quién debemos respetar, qué estamos autorizados a hacer para sobrevivir. ¿Todo eso lo decidimos nosotros o lo heredamos? Porque esa herencia me parece que tiene mucho más peso que la herencia del dinero. El dinero es solo dinero, lo otro es lo que te hace, lo que te construye, son los cimientos que nos permiten que seamos una cosa u otra en la vida.

En la novela se exploran temas como la manipulación y la cara oscura de la naturaleza humana. ¿Crees que la ficción se queda corta frente a la realidad de estos aspectos?

Constantemente. Es que la ficción tiene un problema que la realidad no tiene: necesita resultar verosímil. La realidad puede permitirse ser absurda, grotesca e incluso inverosímil, que es lo que nos está pasando con lo que estamos viviendo hoy. Por eso prefiero explorar la densidad y la profundidad de la manipulación, más que entrar en anécdotas que la ficción siempre se va a quedar corta.

¿Cómo trabajas la evolución de tus personajes para que mantengan la credibilidad a lo largo de giros argumentales tan intensos?

No creo demasiado en esas conversiones novelescas en las que alguien comprende algo y, de repente, se convierte en otra persona, ya no es quien era, ahora es una nueva y todo lo de antes quedó sepultado, ya no existe. Las personas somos bastante más obstinadas. Me interesa mucho más una transformación pequeña, pero verdadera, por ejemplo, que alguien ha reaccionado siempre de una determinada manera y en un momento concreto toma una decisión diferente porque comprende que será mejor camino o siente culpabilidad y necesita redimirse, porque eso sí que ocurre y no cambia su personalidad; es quien es, pero por X necesita hacer otra cosa, y sigue siendo quien es.

Pero una decisión te puede cambiar la vida…

Sí, una decisión puede decir mucho más que veinte años de estar parloteando, preconizando cosas que realmente no se corresponden con la realidad, pero no creo en los grandes cambios, creo en decisiones motivadas por un sentimiento de culpa, por un ser consciente de que eso te va a llevar a un camino mejor, pero no porque te hayas transformado.

Si tuvieras que describir el conflicto central de la novela en una sola frase, ¿cuál sería?

Alonso es un hombre en un circo de ambiciones y apariencias en el que vivimos hoy, que ha dedicado su vida a no perder y que descubre que quizá para salvarse tenga que renunciar, precisamente, a aquello que siempre creyó que lo definía porque es lo que le han inculcado.

A la hora de escribir un thriller, ¿planificas meticulosamente cada giro del guion desde el principio o dejas que los personajes te sorprendan durante la escritura?

Hay un poco de las dos cosas, porque siempre necesito conocer la arquitectura, pero no quiero ni puedo conocer cada habitación de dentro del edificio. Sé hacia dónde va a y debe avanzar la tensión y qué información necesita el lector en determinados momentos, porque eso es clave. En un thriller, la estructura es muy importante, que la revelación se coloque en 50 páginas antes o 50 páginas después puede cambiar completamente la experiencia del lector. Pero dejo muchos espacios de libertad. Hay momentos en los que un personaje empieza a comportarse de una manera que no había previsto y, si es coherente con él y no desmonta la estructura, le dejo que siga su historia.

¿Cuál fue el capítulo o la escena más difícil de escribir y por qué?

Más que una escena técnicamente difícil, te diría que las más delicadas, las que me han requerido pensar más, son aquellas en las que Alonso comienza a verse a sí mismo sin la protección del sarcasmo. Él lo utiliza mucho, es muy crítico con el mundo y también lo es consigo mismo. Cuando se quita la protección de la ironía, de tomarse las cosas medio a broma y empieza a ver la cruda realidad, ahí es donde era más complicado gestionarlo.

¿Cómo mantienes el ritmo y la tensión narrativa a lo largo de las páginas para no dar respiro al lector?

Intento que existan varias tensiones funcionando simultáneamente. Pero creo que el suspense más eficaz no consiste en acumular acontecimientos, porque eso es relativamente sencillo, sino en administrar la información, en que el lector sepa un poco más de lo que sabe un personaje, o un poco menos, y sienta que debajo de una conversación aparentemente normal existe algo a punto de estallar. Luego sabes que también utilizo mucho el humor, la tensión permanente termina anestesiando. Creo que añadirle el humor hace todo mucho más llevadero. Soy muy fan del humor.

¿Tienes alguna rutina o manía específica a la hora de sentarte a escribir?

Ojalá pudiera. Trabajo todos los días como periodista, así que escribo cuando puedo, en cualquier sitio, en cualquier momento. Y luego tengo los veranos. Cada año me tomo gran parte de ellos. Lo único que sí que necesito es convivir mucho tiempo con la voz del personaje, y cuando esa voz funciona, empiezo a mirar el mundo desde ella. Con Alonso, fíjate que me ocurrió algo particularmente curioso y es que me pasaba el día analizando el mundo con mirada masculina y me divertía muchísimo.

¿Cómo ha sido el trabajo de edición y colaboración con la editorial Berenice para la publicación de esta obra?

Miseria nació hablando con mi editor, Javier Ortega Empecé con él, es brillante, talentoso, buena persona y un gran amigo después de tantos años. Así que, en realidad, gran parte del placer de escribir Miseria -además de urdir en las ambiciones de hoy y en el escaparate de hoy, en mostrar esas grietas, y hacer un poco de sarcasmo de la sociedad, una especie de radiografía- ha sido ir caminando con él, compartiendo ideas, giros.

¿Qué diferencia Miseria de tus proyectos o publicaciones anteriores?

Quizá es mi novela más incómoda y también la que menos protege al lector, pero sigue en la línea del retrato del individuo y de la sociedad. Allí me interesaba mucho y me interesa entrar dentro de la cabeza de alguien que piensa cosas que muchas personas jamás dirían en voz alta, aunque las estén pensando. Eso de alguna manera obliga al lector a una posición incómoda. Primero porque puede despreciar a Alonso y después, quizá, reconocer algún mecanismo suyo.

¿Qué tipo de sensaciones o reflexiones te gustaría que le quedara al lector al cerrar la última página?

Prefiero no decidir lo que tiene que pensar, eso es algo que le pertenece al lector. Por otro lado, no pretendo aleccionar ni adoctrinar a nadie. Lo que me interesa muchísimo más es que el lector termine la novela haciéndose preguntas, las propias, las que saque él. Si hay algo que me gustaría que se quedaran pensando es sobre cuánto de lo que deseamos lo deseamos verdaderamente nosotros o es porque nos ha venido heredado, o sobre cuántas cosas acumulamos para demostrar algo a los demás, o sobre cuánto miedo produce tener algo que perder, ese éxito del que te hablaba.

¿De qué manera influye tu trayectoria periodística o comunicativa en tu estilo literario?

El periodismo te enseña dos cosas muy útiles para la literatura: observar y desconfiar de la primera versión. Es una mirada especial. Una persona puede decirte una cosa mientras su cuerpo, sus intereses o sus actos, sus gestos te están contando otra completamente diferente. Y eso para un periodista es información; para un novelista es un personaje. En mí conviven los dos. Soy muy observadora, muy preguntona. De todas formas, intento que el periodismo no invada la literatura.

Si Miseria fuera adaptada a la pantalla, no sé, al cine o a una serie, ¿qué actor o actriz te imaginas dando vida a tus personajes principales?

¡No vamos a poner nombres! Pero Alonso necesitaría un actor que fuese capaz de hacer algo muy difícil resultar arrogante y vulnerable casi al mismo tiempo, alguien que pueda hacer reír con una auténtica barbaridad, sin escrúpulo serio y dos minutos después eh de que ver que debajo hay un hombre bastante más frágil de lo que quiera admitir. Mónica en cambio, necesitaría una actriz con una enorme inteligencia escénica. No basta con que sea atractiva, tiene que conseguir que el espectador entienda por qué Alonso sabe que debería huir de ella y aún así, vuelve.