Libreria Laie BarcelonaJoan Soler Martí, Google Maps

Sociedad

El Eixample de Barcelona emerge como polo literario urbano

La concentración libresca abarca apenas diez manzanas donde conviven establecimientos de diversa naturaleza

La capital catalana está experimentando un fenómeno cultural único. En el corazón del Eixample, un kilómetro cuadrado se ha transformado silenciosamente en un oasis para los amantes de los libros, albergando trece establecimientos literarios que pronto serán catorce.

La concentración libresca abarca apenas diez manzanas donde conviven establecimientos de diversa naturaleza: desde grandes cadenas hasta boutiques especializadas. Este microcosmos incluye puntos emblemáticos distribuidos estratégicamente en calles como Pau Claris, Valencia, Diputació, Mallorca, Gran Via, Balmes y Consell de Cent, formando un circuito peatonal ideal para los cazadores de historias.

Las cifras del mercado editorial respaldan esta expansión. El último informe del sector reveló que en Cataluña las ventas superaron los mil doscientos millones de euros en 2024, excluyendo textos académicos. Este repunte, iniciado durante el confinamiento, ha beneficiado especialmente a géneros como el manga, la novela romántica contemporánea y la literatura infantojuvenil.

Paradójicamente, la proximidad entre negocios aparentemente competidores está generando un efecto de atracción colectiva.

Sin embargo, esta confluencia plantea desafíos para los pequeños comercios independientes. Con más de trescientas librerías en Barcelona y recientes cierres emblemáticos, los especialistas recomiendan que los negocios más modestos apuesten por la especialización y el asesoramiento personalizado como estrategia diferenciadora.

El fenómeno parece circunscribirse exclusivamente al Eixample. Barrios históricos como el Gótico o el Raval han visto menguar progresivamente su oferta libresca.

En la era digital, estos espacios están redefiniendo su función social. El próximo establecimiento que se sumará al ecosistema ocupará un local de trescientos cincuenta metros cuadrados en Consell de Cent, diseñado no solo para vender libros sino como punto de encuentro cultural con propuesta gastronómica y programa de actividades.

Este fenómeno refleja un cambio en las prioridades inmobiliarias del centro barcelonés, donde algunos propietarios están priorizando el valor cultural sobre el rendimiento económico inmediato, apostando por proyectos que enriquezcan el tejido social urbano más allá de la simple transacción comercial.