El interior del Herbolario, en el que se puede ver la pequeña fuente que antes albergaba sanguijuelasFernando Dominguez Dacasa- google maps

Historias de Barcelona

El herbolario de Barcelona con más de 200 años que tiene dentro una fuente para criar sanguijuelas

Una pileta de mármol italiano guardó durante décadas las lombrices que curaban a los barceloneses del siglo XIX

Miles de sanguijuelas nadaron durante generaciones en una elegante pila de piedra italiana ubicada en pleno Barrio Gótico barcelonés. Este peculiar criadero urbano constituía el alma de una herboristería fundada en 1818 que hoy lucha por preservar una de las tradiciones sanitarias más curiosas de la ciudad.

El Herbolari del Rei, situado en la calle del Vidre, mantuvo durante décadas colonias enteras de estos anélidos destinados a tratamientos anticoagulantes, según documenta La Vanguardia.

De depósito de lombrices medicinales a acuario ornamental

Paulina Doroshenko, la emprendedora ucraniana que rescató el negocio del cierre en 2023, intentó recuperar la función original de la histórica pileta. «Pensé en volver a usar la fuente para las sanguijuelas como hacían antes, pero era imposible mantenerlas con tanta gente tocando el agua», explica a La Vanguardia. Ahora, dos peces dorados ocupan el espacio que antaño albergaba uno de los criaderos más importantes de Cataluña.

Los documentos publicitarios conservados en el establecimiento, datados hacia 1860, promocionaban específicamente este «depósito especializado de sanguijuelas», evidenciando la importancia que tenían estos invertebrados en la medicina de la época. La hirudoterapia, como se conoce técnicamente este tratamiento, mantiene sorprendentemente aplicaciones en hospitales actuales, especialmente en cirugía reconstructiva.

El reconocimiento real por criar lombrices sanadoras

El prestigio de este criadero llegó hasta la corte española. En 1857, Isabel II concedió al establecimiento el título de proveedor oficial de la Casa Real, reconocimiento que transformó su identidad original —La Linneana— y motivó una renovación decorativa encargada al escenógrafo Francesc Soler.

El busto del naturalista sueco Carl von Linné, que corona la pileta donde antaño proliferaban las sanguijuelas, recuerda los orígenes científicos de este comercio que durante más de dos siglos ha mantenido viva una tradición médica casi extinguida.

La supervivencia actual del establecimiento depende del esfuerzo de Doroshenko y su colaboradora Natali, quien llegó huyendo de la guerra ucraniana. Juntas han logrado que el último vestigio del Barcelona que curaba con sanguijuelas continúe funcionando, transformando un criadero centenario en símbolo de resistencia comercial y memoria histórica.