Fachada del Bar Mundial, en la plaza de San Agustín Vell, Barcelona.
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El bar centenario que reabre en Barcelona: fue el templo del boxeo y aún tiene la carta en pesetas
El establecimiento que vio pelear a Muhammad Alí y acogió a García Márquez vuelve a abrir tras décadas de historia
La historia a veces regresa por la puerta grande. En pleno corazón del Born barcelonés, donde las piedras guardan secretos de casi un siglo, el Bar Mundial ha vuelto a encender sus luces después de que la pandemia amenazara con cerrar para siempre uno de los últimos bastiones de la Barcelona auténtica.
Lito Baldovinos no podía permitir que desapareciera. Cuando se enteró de que el mítico local de la plaza de Sant Agustí Vell salía a subasta, sus recuerdos universitarios cobraron vida: aquellas tardes interminables, los platos generosos a precio de estudiante, el ambiente que respiraba verdad pura. Junto a Enric Rebordosa, su socio en el Grup Confiteria, decidió rescatar del olvido este pedazo de historia barcelonesa.
Según información publicada por Vilaweb, el establecimiento reabre sus puertas de miércoles a domingo, manteniendo vivo el espíritu que lo convirtió en refugio de barrio y patrimonio popular de la ciudad.
Cuando Barcelona era la capital europea del boxeo
El Mundial no es un bar cualquiera. Su fundación en 1925 de la mano de Miquel Tort Roviralta coincidió con la edad dorada del boxeo barcelonés. Los años treinta transformaron este rincón en epicentro pugilístico de una ciudad que entonces dominaba el panorama europeo de este deporte.
La cifra habla por sí sola: 80.000 espectadores llenaron Barcelona en 1930 para presenciar el combate entre el vasco Paulino Uzcudun y el italiano Primo Carnera. En aquella Catalunya republicana, figuras como Josep Joan i Gironès, el legendario Crack de Gràcia, se convirtieron en ídolos de masas antes de disputar el mundial de 1935 contra Freddie Miller en la Monumental.
La decadencia del boxeo mundial tras la era de Muhammad Alí no logró apagar la llama del Mundial. Su ubicación estratégica, entre Santa Caterina y el Born, cuando aún era territorio popular y artesano, lo convirtió en imán para escritores en busca de inspiración. El Nobel Gabriel García Márquez encontraba refugio en sus mesas de entrada, llegando a confesar a Tort que, de haber conocido antes aquel rincón, habría ambientado allí Cien años de soledad.
Entre clandestinidad y alta cocina
Los muros del Mundial fueron testigos mudos de reuniones antifranquistas en tiempos oscuros, mientras sus famosas mariscadas corrían de boca en boca por toda la ciudad. Su prestigio llegó hasta las altas esferas: el alcalde Pasqual Maragall eligió precisamente este local para recibir al último líder soviético, Mikhaïl Gorbatxov, padre de la Perestroika.
Del 10 al 14 de septiembre, coincidiendo con la reapertura, el Mundial ofrece una experiencia única: menús en pesetas con descuentos del 50% para quienes reserven mesa. Un guiño nostálgico a tiempos donde la autenticidad no necesitaba marketing.
Tradición renovada
Los nuevos propietarios han respetado escrupulosamente la estética original, documentada a través de fotografías históricas. La gran barra de mármol permanece intacta, junto a las estanterías repletas de botellas que coleccionaron Miquel y Pasqual Tort, hijos del fundador. Un mural de seis metros reproduce imágenes de boxeo y lucha libre, evocando la peña que se reunía hasta finales de los sesenta.
La carta mantiene el espíritu marisquero popular: cañaíllas tradicionales, pescado y sepia de siempre, la orgullosa nevera de mostrador de toda la vida. Han desaparecido las monumentales fuentes de marisco de épocas menos refinadas, pero permanecen reinterpretaciones de mar y montaña como el paté de hígado de bacalao o el capipota. El milhojas de crema de la pastelería Vilamala, que también surte el pan, mantiene viva la vocación de punto de encuentro vecinal.
Rescatistas del patrimonio gastronómico
Desde 2014, Baldovinos y Rebordosa han convertido su Grup Confiteria en una máquina de rescatar joyas gastronómicas amenazadas por crisis, jubilaciones precipitadas o la invasión de franquicias. Su catálogo incluye el Cafè del Centre de 1873, la reapertura de Font del Gat en Montjuïc, la futurista coctelería Focacha en Tuset, y Bonavista, una terraza inspirada en Miami Beach con minigolf incluido.
Críticos con la burocracia municipal que asfixia a los establecimientos históricos, estos empresarios han convertido la preservación de la memoria barcelonesa en su bandera. Como explica Baldovinos, el Mundial representa su pasión más pura: mantener viva el alma auténtica de Barcelona, conscientes de que ningún tiempo pasado fue mejor, pero sin renunciar a conservar lo esencial.
Quizás, sentado en una de esas mesas de entrada con una caña bien tirada y los ojos cerrados, aún puedan escucharse los ecos de aquellas discusiones infinitas entre aficionados al boxeo, debatiendo sobre sus púgiles favoritos o la última apuesta. La prueba está ahí, esperando.