Alfonso Bullón de Mendoza interviene en la jornadaMaría Moya / UAO CEU

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La Universidad Abat Oliba CEU ahonda en los profundos vínculos del carlismo con Cataluña: «Fue un pilar»

Alfonso Bullón de Mendoza, Javier Barraycoa o Víctor Javier Ibáñez protagonizan la I Jornada sobre Historia del Carlismo en Barcelona

«Cataluña fue un pilar del carlismo». Así resumía el historiador y sociólogo Javier Barraycoa el tema central de la I Jornada sobre Historia del Carlismo, que ha tenido lugar este viernes por la tarde en el Salón de Grados de la Universidad Abat Oliba CEU (UAO) de Barcelona.

El evento, organizado por el Instituto CEU de Estudios Históricos y la Fundación Ignacio Larramendi, ha contado como ponentes con el propio Barraycoa, pero también con Alfonso Bullón de Mendoza –catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad CEU San Pablo y presidente de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP)– o Víctor Javier Ibáñez, autor del libro Cuando la Patria peligra desaparecen los partidos.

Los participantes en la jornadaMaría Moya / UAO CEU

El primero en intervenir ha sido Bullón de Mendoza, que ha abordado la primera guerra carlista, la única –ha señalado– que los carlistas tuvieron «oportunidad» de ganar. Este conflicto, que se desarrolló entre 1833 y 1840, fue «la gran guerra de guerrillas de la España contemporánea», según el ponente, unas guerrillas que «lo hicieron tan bien que lograron crear ejércitos permanentes».

Bullón de Mendoza ha explicado con numerosos detalles el transcurso de la guerra, como la proporción de soldados del bando isabelino y el bando carlista, que pasó de 6,7 a 1 al inicio de la guerra a la mitad al acabar. «La evolución militar a lo largo de la guerra es favorable a los carlistas», ha señalado el catedrático.

Carlismo y catalanismo

Por su parte, Barraycoa –también profesor de la UAO y autor de El origen del catalanismo– ha trazado las líneas maestras de su investigación sobre la relación entre carlismo y catalanismo. O, mejor dicho, la falta de dicha relación: «Entre el carlismo y el nacionalismo no hay más relación que una oposición», ha dicho.

Barraycoa ha explicado el ambiente que se vivía en Cataluña durante el último tercio del siglo XIX, con un enfrentamiento –más o menos patente o latente según las zonas– entre un clero tradicionalista, carlista, y una jerarquía afín al nuevo régimen de la Restauración. «Al obispo Urquinaona le tildaban de hereje, le enviaban cartas anónimas diciendo que temían por su alma», ha relatado.

En tres décadas, no obstante, todo cambió. En los seminarios dejó de leerse El Siglo Futuro o El Correo Catalán, periódicos tradicionalistas, y pasó a consumirse La Publicitat, un periódico catalanista comprado por Lluís Companys. Según ha señalado Barraycoa, este cambio vino auspiciado por el integrismo, una escisión del carlismo.

El proceso produjo un catalanismo eclesial que generó figuras como Miquel d’Esplugues, autor de una obra en la que defendía que la espiritualidad catalana es superior y más profunda que la española. Ejemplo, ha señalado Barraycoa, de un germen que, muchas décadas después, germinaría en el nacionalismo separatista actual.

Dos fenómenos del siglo XIX

A continuación, Víctor Javier Ibáñez ha presentado la obra ganadora del XVIII Premio Internacional de Historia del Carlismo Luis Hernando de Larramendi, titulada Cuando la Patria peligra desaparecen los partidos. El carlismo ante las crisis de Ultramar. El libro pone en relación «dos de los fenómenos que definen el siglo XIX español», según ha señalado Ibáñez: las secesiones de los virreinatos americanos y el carlismo.

Ibáñez ha analizado una gran cantidad de fuentes primarias, incluyendo artículos de prensa, cartas privadas y unas 400 intervenciones parlamentarias. Esto último es algo que ha destacado, dado que los diputados carlistas, pese a no compartir principios como el sufragio electoral o la representatividad electoral de las democracias liberales, «se tomaban muy en serio su labor».

Un momento de la jornada en el Salón de Grados de la UAO CEUMaría Moya / UAO CEU

También ha reflexionado sobre cómo, al contrario de lo que se suele decir, sí hubo «mucho movimiento carlista en Cuba» en torno a la primera guerra carlista, algo auspiciado por el hecho de que el gobierno isabelino enviaba prisioneros carlistas a combatir a Cuba en lugar de ejecutarlos, para completar las guarniciones.

Y ha apuntado que en los manifiestos carlistas al inicio de la tercera guerra carlista tiene más peso la oposición a las reformas liberales en las posesiones de ultramar que temas de fueros en las Vascongadas o Cataluña.

Por último, el doctor en Historia y profesor del CUE Salus Infirmorum Francisco Glicerio ha abordado la biografía de Felipe de Sabater, una de las figuras más importantes de la tercera guerra carlista en Cataluña.