'La caza salvaje de Odín', de Peter Nicolai Arbo (1872)Wikimedia

Leyendas de Cataluña

La leyenda del caballero fantasma que vaga eternamente por los caminos del Maresme

Las historias sobre el Conde Malo tienen mucho en común con los personajes errantes de otras culturas

Las leyendas sobre personajes condenados a un vagabundeo eterno o a una existencia perpetua son comunes en muchas culturas, a menudo como castigo por algún pecado, blasfemia o desobediencia. Tenemos al Judío Errante, al Holandés Errante o a Caín, el errante bíblico.

En Cataluña encontramos las historias del Conde Arnau y del rey Artús, condenados a vagar hasta el fin de los tiempos, al mostrar más devoción por la caza que por Dios. Sin embargo, no son las únicas leyendas de este tipo: en la comarca del Maresme, en la provincia de Barcelona, nos encontramos al Conde Malo, un noble condenado a cabalgar durante toda la eternidad.

En su origen esta leyenda tiene su origen en Mallorca, asociada a la figura de Ramón Safortesa Pacs-Fuster de Villalonga i Nét, segundo conde de Santa Maria de Formiguera (1627-1694), convertido en un personaje legendario condenado a cabalgar eternamente, por la sangre en vano derramada y por el desamor no pagado. Se decía que el Comte Mal vagaba por el Puig de Galatzó, una de sus posesiones, cerca de Calvià y Puigpunyent, por la noche, montado en un caballo negro envuelto en llamas o con un fuerte olor a azufre, pagando su eterna condena por los pecados cometidos.

Este personaje, que pasó a ser leyenda, se mezcla con la del Conde Arnau y la del Rey Artús, con sus variantes. Lo mismo pasa con el Conde Malo del Maresme. Esta leyenda no deja de ser una adaptación de todas ellas y que cambia de comarca según la tradición popular y la evolución del folclore de cada zona. Esto forma parte de la riqueza del boca a boca, heredada de padres a hijos, a lo largo de los años e, incluso, siglos.

Un noble caído en desgracia

Esta leyenda se desarrolla entre los municipios de Vilassar de Dalt, Òrrius y Premià de Dalt, en las estribaciones de la Serralada Litoral. La historia sucede en las antiguas masías y caminos que entrelazaban estas tres poblaciones. El Conde Malo es un noble de la baja Edad Media, y se le asocia a los señores feudales que poseían vastas tierras y castillos en la zona. El conde habitaba en el castillo de Vilassar de Dalt. Era un ser avaro y cruel.

Ilustración realizada con IA del Conde Malo del Maresme

Se explica que exigía impuestos exorbitantes y trataba a los campesinos y siervos como meros esclavos. Hacía trabajar a sus hombres hasta la extenuación y no dudaba en castigar brutalmente cualquier signo de desobediencia o falta de respeto.

A diferencia de muchos nobles, que al menos de cara al público, mostraban devoción religiosa, el Conde Malo era un hombre que desafiaba abiertamente las normas eclesiásticas. Su obsesión por la riqueza y el poder mundano lo hacía desdeñar el temor a Dios y la caridad. Se le imputaban actos de gran injusticia, desde abusar de las jóvenes del pueblo hasta cometer asesinatos para silenciar a sus críticos o apoderarse de tierras.

La vida del Conde Malo fue una cadena de excesos y faltas de piedad, construyendo su fortuna sobre la miseria y el miedo de sus súbditos. La gente del Maresme vivía bajo su yugo, esperando en vano un castigo divino. Su impunidad no podía durar eternamente. Su muerte fue un evento dramático que selló su destino.

La condena del conde

La condena del Conde Malo viene determinada por no arrepentirse de sus pecados en su lecho de muerte. Al final de su vida, según se cuenta, su alma estaba tan corrompida y su mente tan fijada en sus bienes materiales, que rechazó la confesión, la absolución y cualquier acto de piedad. Al morir su alma fue rechazada tanto en el cielo como en el purgatorio, quedando condenada a errar eternamente en sus dominios que tanto ansió tener en vida.

La leyenda explica que el Conde Malo aparece cabalgando noche tras noche. No cabalga por placer, sino para inspeccionar eternamente las propiedades que ya no puede disfrutar. Va vestido con una armadura de hierro. Se le suele ver en la más absoluta oscuridad, sólo interrumpida por el resplandor de sus ojos o del fuego que despide el galope de su montura. El caballo es un elemento crucial.

Es un caballo negro azabache o un corcel de hierro forjado, que no toca el suelo y cuyo paso no hace ruido. En versiones más dramáticas se dice que levanta un viento helado y despide llamas por la nariz y los cascos. Saben que va a aparecer por un sonido distintivo, en las noches de tormenta o luna nueva. Y este es el ruido metálico de las cadenas que arrastra consigo, símbolo de las ataduras terrenales y los pecados de los que no quiso arrepentirse.

Dentro de la comunidad del bajo Maresme, esta leyenda tiene una función moral y social. Es una advertencia contra la codicia,el despotismo y la falta de caridad. Recuerda que el poder terrenal es efímero y que el juicio final es ineludible. También eran una advertencia para no pasear por ciertos caminos por la noche, para protegerse de cualquier mal, terrenal o no.

Y como es normal, esta historia se explicaba a los niños, no solo para asustarlos, sino para moralizarlos y asegurarse que regresarían a casa antes del anochecer, para que el Conde Malo no se los llevara y se convirtieran en sus esclavos. En definitiva, muchas leyendas han servido no solo para educar, sino para conseguir ciertos propósitos a través del miedo y el respeto por esas figuras venidas del mal allá.