Bellaterra
Otro pueblo catalán que quiere ‘independizarse’: Bellaterra se debate entre Cerdañola y Sant Cugat
La Entidad Municipal Descentralizada (EMD) de Bellaterra, un núcleo residencial de unos 3.000 habitantes en el Vallès Occidental, ha reabierto un viejo debate territorial en Cataluña al pedir la separación del municipio de Cerdañola del Vallès y su incorporación a Sant Cugat del Vallès, uno de los términos más prósperos del entorno de Barcelona. La operación, que debe decidir la Generalitat en los próximos meses, enfrenta a los dos consistorios implicados y coloca a los vecinos en el centro de una disputa que combina identidad local, intereses fiscales y equilibrios políticos en el mapa municipal catalán.
Qué es Bellaterra y qué reclama
Bellaterra es una Entidad Municipal Descentralizada, una figura prevista en la legislación catalana que otorga cierta autonomía de gestión a un núcleo de población dentro de un municipio mayor, con junta de vecinos y competencias limitadas en servicios de proximidad. Situada entre Cerdañola y Sant Cugat, junto al eje universitario y tecnológico de la UAB, el enclave combina zonas residenciales de renta alta con equipamientos educativos y buenas conexiones por carretera y ferrocarril.
La junta de la EMD aprobó a comienzos de enero un informe en el que defiende la segregación de Cerdañola y la posterior anexión a Sant Cugat, alegando continuidad urbana con este municipio, mejores conexiones de transporte y una relación cotidiana más intensa de los vecinos con los servicios y la vida económica santcugatense. Según avanzó El País, la propuesta llega después de un movimiento vecinal iniciado hace años y de una recogida de firmas en la que una mayoría de residentes pidió impulsar el cambio de municipio.
Cerdañola se resiste, Sant Cugat abre la puerta
El Ayuntamiento de Cerdañola ha rechazado frontalmente la operación y ha advertido de las consecuencias de sentar un precedente que permita que núcleos acomodados se desgajen para integrarse en términos de mayor renta. En declaraciones recogidas por Metrópoli Abierta, el alcalde Carlos Cordón acusa a Sant Cugat de haber actuado «a espaldas» de su consistorio y de poner en riesgo la cohesión municipal al «tentar» a un barrio con alta capacidad fiscal.
Sant Cugat, por su parte, ha encargado informes técnicos y jurídicos que consideran viable la integración de Bellaterra y del entorno de Can Fatjó dels Aurons, tal y como han difundido medios locales y el propio ayuntamiento. La alcaldía niega malas artes y sostiene, según recogió La Vanguardia, que se ha limitado a responder a los requerimientos oficiales del procedimiento, sin promover activamente la segregación.
El procedimiento se rige por la normativa catalana de régimen local, que exige que cualquier cambio de término municipal cumpla requisitos como la continuidad territorial, la viabilidad económica de los municipios implicados y un informe favorable de los organismos supramunicipales. La Generalitat debe analizar los informes remitidos por Cerdañola, Sant Cugat, la propia EMD de Bellaterra y otros entes, con la previsión de resolver el expediente a lo largo de 2026, según han explicado fuentes municipales a distintos medios.
Si el gobierno catalán aceptara la segregación, se redefinirían los límites municipales y Bellaterra pasaría a formar parte del término de Sant Cugat, con el consiguiente impacto en ingresos fiscales, planificación urbanística y prestación de servicios. Si la decisión fuera negativa, se mantendría el statu quo actual: Bellaterra seguiría como EMD dentro de Cerdañola, con la autonomía limitada que ya reconoce su decreto de creación de 2009.
Uno de los puntos más sensibles es el futuro de la propia Entidad Municipal Descentralizada. La EMD de Bellaterra ha dejado claro, en un comunicado difundido por su web oficial, que defiende mantener este nivel de autogobierno local incluso si el enclave pasa a Sant Cugat. El consistorio santcugatense, en cambio, recuerda que la EMD fue creada por Cerdanyola y que sería el pleno de Sant Cugat, y no Bellaterra, quien debería decidir si se mantiene o no esa estructura en un eventual escenario de anexión.
Más allá del caso concreto, el pulso por Bellaterra reabre en Cataluña el debate sobre las disfunciones territoriales, los núcleos que reclaman más autonomía o un cambio de municipio y el equilibrio entre solidaridad interna y aspiraciones locales. Estudios académicos sobre el mapa municipal catalán ya venían señalando la tensión entre municipios con recursos muy dispares y la aparición de enclaves que miran a otros términos vecinos, un fenómeno que ahora se visualiza de nuevo con un pequeño enclave residencial convertido en asunto de primer orden político.