Sello que conmemora los correos a caballo de MarcúsWikimedia

Historias de Barcelona

A caballo y desde una capilla: el primer imperio postal europeo nació en Barcelona

La Capilla de Marcús oculta una fascinante historia relacionada con los correos reales

En la calle dels Carders número 2 de Barcelona encontramos la Capilla de Marcús. A pesar de su nombre, no está dedicada a Sanctus Marcus, («san Marcos»), sino que este se debe a Bernat Marcús, un banquero, comerciante y filántropo sobre quien se cuenta una curiosa leyenda.

Dicen que era un hombre de baja extracción social. Cada día se le aparecía un ángel que le decía: «Si vas al puente de Narbona, harás buena fortuna». Cansado, fue al citado puente, donde un vecino le preguntó que qué hacía allí.

Marcús le confesó su sueño y el otro le contestó: «¡Qué tontería! Yo también sueño cada noche que en Barcelona, en casa de un tal Bernat Marcús, bajo la escalera, hay enterrado un tesoro de monedas de oro, ¿crees que por eso voy a ir yo hasta allí?». Volvió a su casa, cavó y halló el tesoro, pasando de ser humilde a una de las personas más ricas de Barcelona. La realidad es que heredó su fortuna de su padre, que era banquero.

Un imperio postal

La capilla empezó a construirse en el 1166. El lugar se convirtió en la sede de la Cofradía de los Correos a Caballo y a Pie. ¿Cuál fue su origen? Se organizó un sistema de mensajeros para mantener informados a los mercaderes y a la nobleza. Ese fue el primer servicio postal organizado de Europa con carácter estable. El centro de aquel servicio era la capilla, bajo la advocación de la Virgen de la Guía. Allí Marcús también levantó un hospital para pobres y un cementerio.

La Capilla de Marcús, en la actualidadWikimedia

Este primitivo sistema de correos tiene su origen en el 1148. Marcús era entonces un influyente consejero del Conde de Barcelona, Ramón Berenguer IV. La corporación se estableció formalmente como una cofradía o gremio.

Los correos, conocidos como «correus volants» por su rapidez, prestaban servicio «per ses jornades», viajando a pie o a caballo y relevándose en postas especiales con caballos frescos. Durante este periodo, la Corona de Aragón, con Cataluña como parte fundamental, tuvo un papel pionero en el establecimiento de rutas postales en el Mediterráneo.

La cofradía agrupaba dos tipos de profesionales. Estaban los troters, que iban a pie, y se encargaban de distancias cortas o terrenos difíciles donde los animales no podían o les costaba llegar. Luego estaban los que iban a caballo, destinados a grandes rutas internacionales.

Antes de partir los trabajadores cumplían un ritual sagrado. Recibían la bendición y se encomendaban a la Virgen de la Guía para protegerse de los bandidos, las inclemencias del tiempo y los accidentes en el camino. Salían de la ciudad tocando una corneta.

Aquella cofradía no solo actuaba con el reparto. Además protegían a las familias de los trabajadores fallecidos y mantenían el hospital, que servía de refugio a los viajeros que llegaban exhaustos a Barcelona, o para los ciudadanos pobres de solemnidad.

Misión oficial

En aquella capilla estaba la estafeta que, como hoy en día es el lugar donde se reciben y despachan las cartas. Los miembros de la cofradía llevaban un escudo o blasón, con la cruz de San Jorge y las cuatro barras reales. Este les servía de pasaporte y los protegía al estar en misión oficial.

Llevar ese escudo les otorgaba una serie de privilegios. Atacarlos no era un simple robo. Se consideraba un delito contra la autoridad de la ciudad o del Rey, castigado con penas mucho más severas. Tenían preferencia en los ferrys, puentes y puertas de murallas. Estaban exentos de pagar peajes de paso. Podían exigir el cambio de montura en las casas de postas si el suyo estaba exhausto, garantizando que el mensaje nunca se detuviera.

El monopolio del servicio de correos duró varios siglos después de su muerte. Su legado permaneció vivo hasta el siglo XV, cuando el rey Carlos I de España le otorgó a la familia Taxis el título de Correo Mayor. El servicio conectaba España con los Países Bajos, Italia y Alemania.

Esta dinastía, los Thurn y Taxis, fueron hasta el siglo XIX, la más poderosa en la historia del correo europeo. Su imperio empezó a fragmentarse en 1806, con la disolución del Sacro Imperio Romano Germánico. En 1867 cedieron sus derechos postales a cambio de una indemnización económica. Conservamos de esta familia dos legados: el nombre de taxi para los vehículos de transporte público y el color amarillo de los buzones en España, Alemania y Francia.

La muerte de Marcús

Bernat Marcús también está ligado a lo que hoy conocemos como Fossar de les Moreres. Marcús era propietario de un solar adyacente a la Basílica de Santa María del Mar. El párroco tenía problemas para enterrar a los fieles que morían. Recordemos que en aquella época, siglo XII, la gente era enterrada al lado de las iglesias o en el interior de estas. Por falta de espacio el párroco le pidió que le cediera ese terreno para ampliar el cementerio. Marcús le cedió el terreno al párroco con una condición. Si en 15 días no se enterraba a nadie, el terreno volvería a ser suyo.

Esta condición se volvió en contra de Marcús. Estuvo pendiente de lo que ocurría durante esos días. Pensaba que, si en ese periodo de tiempo no se enterraba a nadie la petición del párroco no era tan necesaria. Al cabo de 15 dias, y sin ningún entierro, Marcús fue a ver al párroco para recuperar su terreno. La mala suerte quiso que, al pasar por allí sufrió un fulminante ataque al corazón, muriendo en el acto. De esta manera Bernat Marcús fue el primer muerto que se enterró en el Fossar de les Moreres.