Captura de pantalla del trailer «Historias del buen valle»Captura de pantalla del trailer Youtube

Cine

El independentismo se lanza contra un «prodigioso» documental por ‘españolizar’ un barrio de Barcelona

‘Historias del Buen Valle’, del cineasta José Luis Guerin, en el punto de mira del nacionalismo

Sectores del independentismo han cargado con dureza contra el documental ‘Historias del Buen Valle’, del cineasta José Luis Guerin, estrenado recientemente en cines y ambientado en el barrio barcelonés de Vallbona, al que rebautiza como «Buen Valle». Los críticos nacionalistas acusan a la película, financiada en parte con dinero público de la Generalitat, de «eliminar la identidad catalana» de este enclave de Nou Barris al sustituir su topónimo original por una denominación ficticia y castellanizada. La obra, sin embargo, ha sido recibida en otros ámbitos como una pieza «prodigiosa», un canto a la vida y a la resistencia de un barrio periférico atravesado por las vías del tren y marcado por la mezcla cultural y la precariedad.

El origen de la controversia se centra en una decisión aparentemente simbólica: el documental prescinde del nombre real del barrio, Vallbona, y lo sustituye por «Buen Valle». Para voces del independentismo, este cambio supone un intento de borrar un referente local ligado a la historia y la lengua catalanas en favor de una versión castellanizada, inexistente en la toponimia oficial.

El guionista y escritor Enric Gomà ha llegado a afirmar que «ni Franco se atrevió a una cosa así», elevando el debate a un terreno de confrontación histórica y equiparando la decisión artística a un gesto de regresión lingüística. Este tipo de reacciones ilustra hasta qué punto el nacionalismo identitario convierte cualquier decisión cultural o estética en un campo de batalla político.

Una obra financiada por la Generalitat

La polémica se ha intensificado al conocerse que la película cuenta con financiación de la propia Generalitat de Cataluña. ‘Historias del Buen Valle’ es una coproducción de la productora madrileña Los Ilusos Films (Orfeo Iluso), la francesa Perspective Films y el ente público catalán 3CAT.

En 2024, el proyecto recibió una subvención de 58.800 euros del Institut Català de les Empreses Culturals (ICEC), organismo dependiente del Departament de Cultura, una cifra cercana al 10% del presupuesto total del filme. Para los sectores independentistas más beligerantes, resulta especialmente llamativo que un documental criticado por «eliminar la identidad catalana» haya sido impulsado precisamente con recursos públicos de la Administración autonómica.

Más allá de la disputa por el nombre, la película de Guerin propone un retrato pausado y hondamente humano de un barrio periférico, a caballo entre lo rural y lo urbano, encajonado entre vías de tren, carreteras y cambios urbanísticos. Vallbona —o el «Buen Valle» de la película— aparece como un territorio limítrofe, con casas antiguas, huertos, inmigración reciente y una comunidad que resiste en medio del ruido del progreso y la amenaza constante de la transformación.

La crítica de referencia ha descrito la cinta como una obra «prodigiosa», una película-río que difumina las fronteras entre documental y ficción y se nutre de las historias de vecinos anónimos —como Fátima, Sonia Dosantos o Antonio López, el carbonero— para construir un mapa emocional del barrio. A través de testimonios y gestos cotidianos, el director explora la memoria del lugar, la sabiduría popular y la dignidad de quienes apenas aparecen en las estadísticas o en los grandes relatos políticos.

La recepción del filme revela un fuerte contraste entre la mirada artística y la lectura ideológica. Mientras los críticos nacionalistas se concentran en la castellanización del título y la supuesta «españolización» del barrio, la obra se inscribe en la trayectoria de Guerin, atento a los márgenes urbanos y a la transformación social, ya visible en trabajos anteriores como ‘En construcción’.

Lejos de cualquier relato épico nacionalista, ‘Historias del Buen Valle’ se fija en las vidas concretas de los vecinos, su fragilidad y su capacidad de resistencia frente a un urbanismo que a menudo no cuenta con ellos. La controversia en torno al topónimo muestra hasta qué punto el debate identitario en Cataluña puede desbordar incluso el terreno cultural, desplazando a un segundo plano el valor humano y universal de las historias que el documental pretende rescatar.