La tienda Jaime J. Renobell, en BarcelonaEuropa Press

Barcelona

El Ayuntamiento de Barcelona tarda casi un año en conceder una licencia para un comercio

Chinos y paquistaníes controlan la mayoría de establecimientos de hostelería, electrónica y alimentación

Más de 11 meses. En concreto, 340 días, casi un año, es el tiempo que se toma el Ayuntamiento de Barcelona para conceder o denegar un permiso de obra para reformar o adaptar un local para abrir un comercio.

La normativa municipal señala que dicho permiso debe concederse en tres meses, pero en algunos casos se dilatan hasta dos años, según la organización que agrupa los ejes comerciales de Barcelona dicha autorización. Esto provoca que muchos negocios, ahogados por el coste de los elevados alquileres, desistan de llegar a abrir, dado que deben afrontar gastos sin generar ningún ingreso durante cerca de un año por culpa de la burocracia municipal.

El dato ha salido a la luz pública debido a una pregunta realizada por el grupo municipal del PP en el Ayuntamiento de Barcelona. En comparación con otras ciudades donde basta con una declaración responsable, la situación es grave. En palabras del jefe de filas popular en Barcelona, Daniel Sirera: «Barcelona tiene una burocracia que paraliza la inversión».

Daniel Sirera (centro), en una imagen de archivoPP

Barcelona cuenta con 21.167 comercios al por menor y con 1.382 locales por kilómetro cuadrado: es la densidad comercial más elevada de Europa. Si se suman los 33.740 locales destinados a restauración, la Ciudad Condal alcanza los 61.875 locales con actividad económica.

Actualmente, un 9,1 % de los locales comerciales de Barcelona están vacíos, a la espera de ser alquilados o vendidos. Quizás la gran actividad comercial sea el motivo por el cual este 2026 Barcelona es la capital europea del comercio de proximidad.

Locales históricos

La guía de los comercios emblemáticos de Barcelona (Ed. Efadós) reúne a 110 establecimientos históricos representativos del tejido comercial de Barcelona algunos de ellos como la Ferretería Camps en el barrio de Gracia, están abiertos desde 1934, la Pastelería Rovira en Horta con más de 70 años o Forn Santa Clara con 80 años ha bajado su persiana.

A pesar de la pérdida de estos locales históricos, en los últimos tres años Barcelona ha ganado 3.000 nuevos comercios. El dato contrasta con que en los últimos diez años bajaron la persiana 11.000 establecimientos en toda Cataluña, la mayoría de ellos en la capital de la comunidad autónoma.

Los nuevos establecimientos comerciales han llegado de la mano de la inmigración. Así, por ejemplo, actualmente, más del 40 % de bares de la Ciudad de Barcelona están en manos de extranjeros, en especial de personas procedentes de China. En cambio, los emigrantes procedentes del gigante asiático han dejado de invertir en la apertura de bazares, dado que creen que se ha llegado a la saturación.

Parece haber una especialización comercial en función del país de origen, porque si los chinos copan la restauración, los paquistaníes tienen el control de la mayoría de los establecimientos de alimentación y electrónica. Estos establecimientos no han estado exentos de polémica por causa del uso de estos como vía de entrada en España de inmigrantes irregulares.

En 2024, los Mossos desactivaron una red que traía a hombres de Paquistán a España para trabajar en condiciones de semi esclavitud en estos locales tras pagar entre 3.000 y 6.000 euros para viajar y entrar en España de forma ilegal.