Imagen de archivo de una cerveza servida en un barGetty Images/SolStock

Gastronomía

Una cervecera de Gràcia celebra 30 años con una sorprendente cerveza de ostras del delta del Ebro

La Cervesera Artesana, histórico local del barrio de Gràcia en Barcelona, conmemora tres décadas de trayectoria con una cerveza negra elaborada con ostras enteras del delta del Ebro y madurada bajo el mar, según ha explicado su maestro cervecero en declaraciones a betevé.

La Cervesera Artesana abrió en 1996 en pleno corazón de la Vila de Gràcia, cuando hablar de cerveza artesana en España era casi una rareza y la oferta se limitaba a las grandes marcas industriales, tal y como recuerda un reciente reportaje de betevé. Durante estos treinta años, el local ha ido ganando terreno poco a poco, formando a un público que apenas conocía estilos distintos a la clásica lager.

El germen del proyecto se sitúa en 1991, en la Barcelona previa a los Juegos Olímpicos, cuando el británico Steve Huxley, considerado pionero de la cerveza artesana en España, impulsó la Barcelona Brewing Company, el primer pub cervecero del país. La familia Martí tomó el testigo y, en 1996, reabrió el establecimiento bajo el nombre de La Cervesera Artesana, que aún hoy utiliza equipos de una antigua industria láctea británica reconvertidos para producir cerveza. «De hecho, la primera IPA del país se elaboró en este local. En aquel momento no había maquinaria cervecera específica y lo que se hizo fue traer equipos lácteos ingleses y adaptarlos para poder hacer cerveza», explica Olaf Martí, maestro cervecero y antiguo discípulo de Huxley, en declaraciones a betevé.

La casa ha construido su identidad a partir de cervezas estacionales que aprovechan ingredientes de temporada, siguiendo una lógica similar a la de la cocina tradicional, según detalla betevé. Entre sus recetas figuran una cerveza con setas —elaborada con trompetas de la muerte, ceps, carreretes y rossinyols—, propuestas con calabaza y boniato, variantes con miel y, más recientemente, una referencia con cereza. «Estoy orgulloso de poder sorprender periódicamente a nuestros clientes trabajando con productos de temporada; es decir, aprovechamos el calendario igual que se hace en la cocina tradicional para crear cervezas», afirma Martí en esa entrevista con betevé.

El proyecto más llamativo de esta pequeña empresa familiar, formada actualmente por siete trabajadores, es la Beer Nostrum, una imperial oyster stout elaborada con ostras enteras del delta del Ebro y sometida a una maduración submarina, según explica el reportaje de betevé. «El ‘oyster stout’ es un estilo tradicional de cerveza inglesa que se creó a principios de siglo junto al río Támesis. Los trabajadores comían ostras y tiraban la cáscara al interior de los recipientes de cocción. Nosotros le hemos dado un giro: la hemos sumergido bajo el agua», describe el maestro cervecero en declaraciones a betevé. En este caso, las ánforas donde reposa la cerveza se hunden en una batea de La Ràpita, en el mismo delta donde se han criado las ostras empleadas en la receta, y permanecen bajo el mar alrededor de ocho meses. «Este movimiento constante de las ánforas en las cuerdas de la batea genera el efecto Coriolis, un efecto de centrifugación donde la cerveza refermenta y los azúcares residuales se transforman en alcohol», añade Martí.

La Beer Nostrum ha obtenido la medalla de oro en el concurso European Beer Star como mejor cerveza en la categoría freestyle y cuenta con el reconocimiento como producto de la Reserva de la Biosfera, según recuerda betevé. Paralelamente, la Universitat Rovira i Virgili estudia cómo el carbonato cálcico que se fija en las ánforas puede favorecer la biodiversidad marina y contribuir a reducir la acidez del agua en el entorno del delta, un efecto medioambiental que se suma al carácter innovador de la propuesta.

Los responsables del local reconocen que los inicios fueron complicados y que, a finales de los años noventa, buena parte de los clientes receptivos a estos nuevos sabores eran extranjeros, de acuerdo con las declaraciones recogidas por betevé. «Al principio la gente no entendía estas cervezas y era muy difícil: negras, tostadas, con un punto de amargor… No era lo habitual», recuerda Olaf Martí. Con el paso del tiempo, y especialmente a partir de 2004, la cerveza artesana fue ganando presencia hasta que, hacia 2016, el público ya contaba con más herramientas para apreciarla. «Los primeros años fueron duros y eso nos hizo entender que teníamos que hacer mucha pedagogía; solo desde el conocimiento la gente puede apreciar este producto artesanal», concluye en sus declaraciones a betevé.