Detalle de la portada de 'Lo mejor de Gordito Relleno'
Historia del tebeo
Don Pío y Gordito Relleno, pilares del tebeo satírico de la posguerra
José Peñarroya fue uno de los pilares fundamentales de la historieta nacional
Entre los historietistas que forman parte de los llamados «Cinco Magníficos», la figura de José Peñarroya es reivindicada como uno de los pilares fundamentales de la historieta nacional. No solo fue un dibujante excepcional, sino un cronista satírico que supo retratar con maestría las aspiraciones, frustraciones y pequeñas alegrías de la sociedad española de su tiempo
Nacido en El Forcall (Castellón) en 1910, su familia se trasladó a Barcelona cuando contaba solo dos años. Luchó en el bando republicano durante la guerra civil. Hasta 1942 estuvo trabajando como contable en una empresa de licores.
Un anuncio en la prensa solicitando dibujantes hizo que se presentara en los Estudios Chamartín de Barcelona. Estuvo trabajando en el equipo que dibujaba Don Clequé y Garabatos. Allí conoció a Conti, Escobar, Cifré y a E. Giner. En 1947 todos pasaron a trabajar para la Editorial Bruguera. Se inició en la revista Pulgarcito, siendo su primer personaje Don Pío, personaje que encarnaba las miserias y las frustraciones de la clase media de la posguerra. Ese año también aparecieron El mundo se ríe y Calixto.
Don Pío
Al año siguiente Atleto, el Deportista y Gordito Relleno, inocente hasta decir basta, era víctima frecuente de timos y estafas de todo tipo por parte de desalmados. Aquel año para la revista El Campeón publicó Loquilandia junto con Escobar y Cifré; y Don Berrinche. El Tío Vivo publicó en 1957 La Familia Pi, basada en Don Pío, que no pudo seguir dibujando al marcharse de Bruguera, y en la revista Don José a Neronín. Al año siguiente, en Sissi a Floripondia Piripí, se pirra por dar el sí, una parodia de cierta visión trasnochada del amor.
Para Tío Vivo, en 1962 creó Pepe, el Hincha, arquetípico oficinista gris y padre de familia de clase media, de unos treinta y tantos años, con un pequeño bigote y una característica chaqueta roja, que vive por y para el club futbolístico del que es socio y seguidor incondicional, y que es un equipo de segunda categoría, el Pedrusco FC.
Para el suplemento infantil del semanario Tele-Radio publicó, en 1963, Boliche y Chapinete y Perucho y Cheles. En 1966 para Pulgarcito a Pitagorin, que representaba las tribulaciones cotidianas de un niño superdotado. Ese año participó en la revista El Capitán Trueno Extra con Rudesindo, el Bucanero. Un tipo de cuerpo entero. Finalmente creó Draculino para Terror Fantastic en 1971.
El estilo de Peñarroya
En 1981 el historietista Joan March escribía que «en una página de Peñarroya, un gesto, un movimiento, encierra en sí toda una emoción. Creo que los orientales entenderían mejor este tipo de humor que en este país, donde todos somos un poco bestias». También demostró su versatilidad como portadista e ilustrador de chistes gráficos.
La crítica coincide en señalar a Peñarroya como un virtuoso del movimiento y la expresión. Sus dibujos, herederos de su etapa en la animación, poseen una limpieza y una redondez características que permitían una lectura fluida y agradable. Su arte tenía una personalidad arrolladora, capaz de convertir estereotipos en criaturas profundamente humanas.
Murió de una hemorragia cerebral en Barcelona el 1 de mayo de 1975. Fue uno de los que mejor supo retratar la frustración de la clase media durante el franquismo, pero lo hacía con una amabilidad que burlaba la censura.
Su personaje Don Pío representaba el símbolo del hombre gris de aquella época. Era un oficinista oprimido por su jefe y por Doña Benita, su mujer. Lo cual representaba el estancamiento social de aquellos años. Por su parte Gordito Relleno era víctima de su bondad. En un mundo cínico y difícil, su ingenuidad era su mayor desgracia, lo que servía como una crítica sutil a una sociedad que castigaba la inocencia.
A diferencia de otros autores más centrados en la narrativa larga, Peñarroya fue el mejor portadista de su generación, por que tenía la capacidad de resumir toda una situación cómica en una sola imagen; y si estilo gráfico era limpio pero vibrante, con un uso de la línea que transmitía movimiento incluso cuando los personajes estaban quietos. Su personaje Pepe el Hincha es objeto de estudio por cómo diseccionó el fenómeno del fútbol. Los críticos señalan que Peñarroya fue capaz de mostrar el fútbol no como un deporte, sino como una válvula de escape, a veces violenta o absurda, para las frustraciones diarias del trabajador común.
Quienes trabajaron con él lo definían como un hombre de una facilidad asombrosa para el dibujo. Mientras otros sufrían con las perspectivas o la anatomía, a Peñarroya le salían los personajes de forma natural. Se decía que era el dibujante más equilibrado: sus guiones no eran los más crueles ni su dibujo el más barroco, pero tenían una armonía perfecta.
Con respecto a la censura, esta no solo vigilaba los dibujos de Peñarroya, sino que llegó a alterar profundamente la esencia de sus personajes para que encajaran en el ideal de felicidad y orden del régimen. Por ejemplo, Don Berrinche era, originalmente, un hombre con un carácter irascible que descargaba su mala humor contra todo lo que le rodeaba.
Sin embargo, la censura de los años 50 prohibió que los personajes fueran excesivamente violentos o malhumorados sin motivo, ya que daban una imagen negativa de la sociedad española. Peñarroya tuvo que reconvertir al personaje. Don Berrinche dejó de ser un cascarrabias profesional para convertirse en un periodista deportivo. Sus enfados ya no eran con la vida, sino con los resultados de los partidos, lo que hacía que su ira fuera aceptable para los censores.