El 'Cristo en la cruz' de El Greco domina la nueva museografía del Hospital de Sant Saver
Cultura
Un «excepcional» Cristo crucificado del Greco aterriza en Barcelona
El cuadro es el gran protagonista de la nueva apuesta museográfica de la Colección Casacuberta Marsans en el Hospital de Sant Saver
El Hospital de Sant Saver se encuentra en el epicentro de la Barcelona turística, pero es un oasis. Tras las puertas de este edificio centenario –fundado en 1412 para atender a los sacerdotes pobres y enfermos de la diócesis– se encuentra una de las colecciones de arte más singulares de la ciudad: la Colección Casacuberta Marsans. Una que acaba de dar la bienvenida a una obra muy especial: un «excepcional» Cristo en la cruz que Doménikos Theotokópoulos, el Greco, pintó durante su etapa española.
La cita es de Juan Antonio García Castro, exdirector del Museo del Greco de Toledo, que este martes ha participado en la presentación de la obra. Según García Castro, este lienzo monumental –mide casi dos metros de alto– es «uno de los ejemplos de mayor calidad de todo lo producido en Toledo». Es, además, una obra autógrafa: la realizó el propio Greco, y no su taller.
El 'Cristo en la cruz' de El Greco, en el Hospital de Sant Saver, en Barcelona
El cuadro muestra a Jesucristo en la cruz, abandonado por todos, pero todavía vivo. Mira al cielo, entre nubes ominosas, y clama: «Elí, Elí, ¿lamá sabactani?», o «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado»?. Al pie del madero no queda nadie, solo dos calaveras –son los de Adán y Eva, siguiendo la tradición pictórica de la época–, y las mujeres y los soldados marchan hacia Jerusalén, aquí representada con el perfil del monasterio del Escorial.
«Hay grecos de mar y grecos de río… Este es de mar, y de los mejores», ha insistido García Castro. También ha intervenido Ignasi Domènech, jefe de Colecciones de los Museos de Sitges, que ha celebrado la incorporación del cuadro al selecto grupo de grecos catalanes. «Ahora hay diez cuadros del Greco en Cataluña», ha señalado: cuatro en el MNAC, tres en colecciones privadas, uno en la basílica de Sant Esteve de Olot (Gerona) y dos en el Museo del Cau Ferrat, en Sitges (Barcelona).
Estos dos últimos son, de hecho, los primeros que llegaron, a partir de 1894, gracias a la fascinación que el Greco despertó en Santiago Rusiñol e Ignacio Zuloaga. «Los modernistas lo miraban con visión de futuro, veían en él un modelo a seguir», ha destacado Domènech, recordando que Sitges –entonces un pequeño pueblo de pescadores– se convirtió en el primer municipio de España en dedicar un monumento al Greco, fruto de la pasión de Rusiñol.
Visitas selectas
La incorporación de Cristo en la cruz ha servido también como excusa para modificar la museografía de la Colección Casacuberta Marsans en el Hospital de Sant Saver, que se había mantenido intacta desde su apertura al público, en noviembre de 2024. Según ha precisado su responsable, Celia Querol, la colección consta de unas 400 obras, de las cuales hay 46 expuestas, siguiendo una lógica «conceptual y temática», en la que las piezas, repartidas en dos plantas, dialogan entre ellas y con el espacio.
Muestra de ello son los compañeros del Crucificado: si Cristo estuvo acompañado en la cruz por dos ladrones, el Cristo estilizado y serpentinado del Greco está acompañado aquí por dos obras que retratan la llamada «España negra»: El juez de Zamarramala, del citado Zuloaga, y La Dolorosa, de José Gutiérrez Solana. En otros espacios, el arte gótico conversa con naturalidad con Ramon Casas o con el cubismo de Daniel Vázquez Díaz.
'La Dolorosa', de Solana, junto a la entrada de la sala dedicada a París
La Colección Casacuberta Marsans está abierta al público, pero apuestan por un modelo que preserva la peculiar atmósfera del oasis que han creado. Todos los lunes y los miércoles, a las 11h y a las 17h, ofrecen visitas «mediadas» para grupos reducidos, de unas 15 personas.
Las visitas han de reservarse con antelación en la página web, cuestan 15 euros y están dirigidas por la propia Querol o por una de sus compañeras, también historiadora del arte. «Por la ubicación que tenemos –señalan– podríamos abrir las puertas y llenar, pero entonces tendríamos que poner barreras, perderíamos la cercanía, lo que se genera».